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Title: Estados Unidos y la psicología individual. La lucha contra el complejo de inferioridad
Description: Artículo firmado por Adler y redactado a partir de una conversación, publicado en la Neue Freie Presse de Viena (13 de junio de 1929) a su regreso de su tercer viaje a Estados Unidos. Hace balance de la acogida de la psicología individual allí, anuncia sus cursos y su clínica en la Universidad de Columbia y en Detroit para formar directores de consultorios de orientación educativa según el modelo vienés, e ilustra el método con el caso, tratado por carta, de un hombre angustiado que había hecho toda su vida «el papel de un mendigo».
Author: Alfred Adler
URL: https://adler.school/archivo/adler/1929-06-13%20Amerika%20und%20die%20Individualpsychologie
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<!-- S. 12 -->

# Estados Unidos y la psicología individual.

## La lucha contra el complejo de inferioridad.

Por el Dr. Alfred Adler.

(De una conversación.)

*La psicología individual avanza.* Con esta alegre conciencia he vuelto también de Estados Unidos a Viena. Hoy estoy convencido de que los psicólogos, psiquiatras y pedagogos norteamericanos se toman muy en serio las concepciones fundamentales de la psicología individual y de que, incluso allí donde discrepan en detalles teóricos, emplean ampliamente el método individualpsicológico en la práctica, es decir, en el tratamiento de nerviosos y delincuentes y de niños difíciles de educar.

En particular, lo que yo he descrito como *sentimiento de inferioridad* lo conoce como *inferiority complex* todo norteamericano que se ocupe de los conceptos fundamentales de la investigación del alma.

Mi actividad consistió sobre todo en exponer el alcance de las concepciones individualpsicológicas en la teoría y en la práctica. Para ello, en mis tres visitas a Estados Unidos, se me ha ofrecido por fortuna la más amplia ocasión. Casi nunca he encontrado una oposición seria y, en cambio, casi siempre una viva aprobación, y ya estaba decidido a considerar este tercer viaje como mi último viaje a América, porque los éxitos de la psicología individual en Estados Unidos superaban mis más audaces expectativas y creía poder dejar tranquilamente la labor posterior allí en manos de mis amigos y discípulos.

Pero este propósito se vio frustrado del modo más amable. Porque un día se me invitó a ocuparme durante seis o tres meses, junto con psiquiatras y psicólogos de la *Universidad de Columbia*, en *Nueva York*, de problemas sumamente importantes. Me decidí por tres meses, y durante ese tiempo, el próximo invierno, *instruiré teórica y prácticamente a estudiantes, médicos, psicólogos y maestros en las concepciones de la psicología individual.* Dirigiré una *clínica* en la que se presentarán ante el auditorio y se tratarán niños difíciles de educar, delincuentes y nerviosos.

### Consultorios según el modelo vienés.

Antes instruiré a los maestros en el Pädagogium de *Detroit* sobre el modo de tratar a los niños difíciles de educar y fundaré también allí una clínica. El objetivo principal de mis trabajos consistirá en formar psiquiatras y pedagogos para la dirección de *consultorios de orientación educativa* como los que en Viena, en estrechísimo contacto con las escuelas, desarrollan ya una actividad sumamente benéfica. Probablemente se llegue también a fundar en la Universidad de Columbia un instituto en el que se imparta de forma permanente esta formación para maestros y psiquiatras. De la realización de este plan cabe esperar que la escuela reciba impulsos vigorosos para la educación de los futuros ciudadanos.

Es cierto que en los Estados Unidos no he ejercido la práctica clínica, pero allí he tenido sobradas ocasiones, en consultas con médicos sobre casos de nerviosos, enfermos mentales o niños difíciles de educar, de poner en su justa luz el método individualpsicológico.

### El tormento de la angustia.

Para ilustrar los métodos de la psicología individual querría relatar brevemente, por ejemplo, el caso siguiente: recibí la carta de un desconocido que me contaba sus penas y relataba algunos recuerdos de infancia. Su comunicación empezaba así: «Sufro horriblemente de una *angustia que me oprime la garganta* cuando me atrevo con una tarea nueva». Leí entre líneas: mal preparado para las dificultades de la vida, fuerte sentimiento de inferioridad, dependencia excesiva de la opinión de los demás.

«Anímicamente sufro de depresión, y al mismo tiempo me siento corporalmente débil y abatido. Con la cabeza embotada, solo tengo un deseo: irme a la cama y *meterme debajo de las mantas*». — Fácil de poner en fuga, cae en una tensión desproporcionada que le confunde, como si planeara grandes obras, y se comporta como un niño miedoso que quisiera esconderse del mundo.

«Tengo mucha inclinación a *mentir* a quienes me rodean, pero en el último momento me contengo». — Aquí compruebo de nuevo la tendencia a influir favorablemente en la opinión de los demás mediante un artificio, pero también el miedo a perder su favor si lo descubren.

### El juego con el suicidio.

«Cuántas veces he estado a punto de *suicidarme*, pero siempre he desistido por miedo al sufrimiento, al desprecio de los demás, a la posibilidad de tener que seguir viviendo con un grave daño que me hubiera infligido yo mismo». — Vemos que, con tan gran número de razones de peso en contra, su vida está completamente asegurada, de modo que puede señalar con orgullo: «No tengo el menor miedo a la muerte, que, a falta de mejores posibilidades, me parece la solución más sencilla de los problemas de mi vida». — ¡La pulsión de muerte como la solución más sencilla! ¡Sin esfuerzo! La psicología individual ha usado siempre las mismas palabras. No una pulsión, sino una forma de expresión del desaliento.

### El cantante callejero mendigo.

De sus recuerdos de infancia me parecieron notables los siguientes: «Mi familia se componía de mi padre, mi madre, un hermanastro del primer matrimonio de mi madre, una hermana cuatro años mayor y yo». — La psicología individual ha descrito ampliamente la *ambición del menor*. «Mi recuerdo más antiguo es que una noche me habían dejado solo y me asusté muchísimo cuando un *cantante callejero que pedía limosna* iba y venía por nuestra calle. Un segundo recuerdo: mi hermana y yo jugábamos con mi muñeca, ella la rompió y yo lloré sin parar. Otro recuerdo: una vez que mi madre quería salir de casa para ir a su trabajo, lloré tan amargamente que mi madre dejó su empleo para poder quedarse conmigo». — En estos y, por lo visto, en otros cien casos se le reveló lo fuerte que es una persona en su depresión.

«De niño me gustaba también coleccionar cajas vacías, naipes, estampitas y peniques, de los que tenía una gran cantidad». — Aquí se manifiesta con más claridad la *actitud de mendigo*.

«Tres veces sufrí en mi infancia una *caída grave*». — Aquí se expresa la impresión de los *peligros de la vida*, no tanto en los hechos, que el paciente tiene en común con la mayoría de los niños, como en el aferrarse precisamente a estos recuerdos.

### La curación.

Mi entrevista con el hombre fue breve. Rechacé tratarle porque me faltaba tiempo. Comprobé que el paciente se había criado en la miseria más amarga y que su madre lo había mimado extraordinariamente. Vecinos en mejor posición se apiadaban a menudo de él cuando lo veían pálido y con la mirada suplicante.

Recibí una segunda carta, con el siguiente contenido, que me mostró que el hombre había comprendido lo suficiente: «En efecto, yo era *la persona dominante en mi familia*, y, como José en la Biblia, crecí muy por encima de ella. También le he proporcionado una existencia holgada. Veo con toda claridad que mi tristeza y mi llanto en la infancia, y más tarde, se mantuvieron con vistas a obtener facilidades y ventajas en mi familia, frente a mi mujer y frente a todas las personas con que tenía trato. En efecto, *en mis círculos siempre he sido la persona dominante*, quizá también porque solo permanecía en aquellos círculos en los que mi manera surtía efecto. Por lo visto me quedé con mi método porque me resultaba también más fácil que la acción directa. Mis propósitos de suicidio me parecen ahora también un medio de sumirme en un estado de ánimo triste y de imponer mi voluntad a los demás. *Siempre buscaba apoyo en otras personas y procuraba hacerlas trabajar para mí.*

»Comprendo que también otros niños se han caído sin hacer de ello un drama durante toda su vida. Por lo visto saqué de ahí la conclusión de cuánto me debe el mundo, puesto que he sufrido tanto.

»Comprendo también que en realidad *he hecho durante toda mi vida el papel de un mendigo* que con su sufrimiento apunta a la debilidad de los demás.

»Ahora creo que también habría podido llevar mi vida de una manera más valerosa, y quiero intentarlo. Estoy convencido, como usted, de que mis éxitos reales no se los debo en absoluto a mi técnica de mendigo, sino a mis capacidades ejercitadas. *Así que quiero ir por la vida con más valor que hasta ahora.* Actuaba como un comerciante convencido de que debe sus éxitos a su anticuado método comercial y no a su propia competencia, y que por eso ni piensa en cambiarlo. Le envío adjunto un artículo periodístico que escribí durante los años de la guerra. Su título es: "*Una organización de los mendigos*"».

El hombre ha perdido todos sus síntomas neuróticos sin adquirir otros.

<!-- Fin del artículo (filete de cierre). En la misma página: final de una pieza de otro autor sobre «Etzel», la novela por entregas «Die Tochter des Hauses» de Clara Katharina Pollaczek y el recuadro de precios de suscripción; no se traducen. -->

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha sobre la imagen de la página en ANNO (Österreichische Nationalbibliothek, ANNO_nfp19290613, Bild 12): «Amerika und die Individualpsychologie. Die Bekämpfung des Minderwertigkeitskomplexes. Von Dr. Alfred Adler. (Aus einem Gespräch.)», *Neue Freie Presse*, Viena, n.º 23256, 13 de junio de 1929, pág. 12.

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026), con el titular, el subtítulo y los ladillos del original. Las cursivas reproducen el espaciado (*Sperrdruck*) del original. *Schwer erziehbare Kinder* se traduce «niños difíciles de educar»; *Beratungsstellen*, «consultorios de orientación educativa»; *verzärtelt*, «mimado»; *Todestrieb*, «pulsión de muerte» (término freudiano con el que Adler polemiza); *Entmutigung*, «desaliento».
