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Title: Las tres cuestiones de la vida
Description: Artículo divulgativo de Adler, distribuido por la agencia McClure durante su estancia en Estados Unidos y publicado en el Elmira Star-Gazette (13 de marzo de 1929) y, días después, en el Sacramento Union. Expone las tres grandes cuestiones de la vida (la sociedad, la ocupación, el amor y el matrimonio) a propósito de la adolescencia: el adolescente tímido y el fanfarrón como dos variantes de un mismo prototipo, el niño mimado que huye de la ocupación y la falta de preparación para el amor y el matrimonio.
Author: Alfred Adler
URL: https://adler.school/archivo/adler/1929-03-13%20Life%27s%20Three%20Questions
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<!-- p. 6 -->

# Las tres cuestiones de la vida

Por Alfred Adler

Psicólogo de fama mundial

*(Uno de los psicólogos más destacados del mundo trata aquí brevemente los principales problemas de la vida. El Dr. Adler está ahora de visita en Estados Unidos.)*

Las tres grandes cuestiones de la vida, de las que nadie puede escapar, son la cuestión de la sociedad, la de la ocupación y la del amor y el matrimonio.

La cuestión de la sociedad podría resumirse así: cómo me comporto con otra persona, qué actitud mantengo hacia ella y en qué grado tengo hacia ella sentimiento de comunidad. Aquí entran la amistad, el compañerismo, la veracidad, la confianza, la responsabilidad por los demás. Aquí encontramos el interés por la nación o por toda la humanidad.

Un niño en la adolescencia que no tiene amigos espera muchísimo. Muchos de estos niños son tímidos. Otros tartamudean y se ruborizan. No tienen amigos. Solo pueden unirse a otros con condiciones, solo pueden unirse a personas muy conocidas y a gente pequeña, a niños más pequeños, a gente de condición inferior. Siempre andan buscando alivio. Así, la respuesta de este prototipo es un sentimiento de inferioridad mayor. No pueden unirse, no pueden acercarse. Eso no es la adolescencia. Es el prototipo el que ha respondido a la cuestión.

Otros adolescentes de este prototipo fanfarronean, exageran, se lucen. Al principio siempre son amigos. Pero ya verán cómo cambian muy a menudo. Tienen intereses variados, pero nunca un interés profundo por la sociedad. Son vanidosos, siempre pendientes de su propia persona, quieren ser los jefes, son incapaces de perseverar o de acabar algo. Están dispuestos a recibir antes que a dar.

Todo el mundo aspira a ser apreciado, pero en nuestra cultura es necesario discernir y ser capaz de esperar el aprecio y trabajar para merecerlo. Díganles a estos niños que tienen que ser apreciados al final, no al principio. Estos dos tipos, extremos en realidad, pero salidos del mismo prototipo, dependen demasiado de la opinión de los demás. Están pendientes de las caras, de oír lo que dice otra persona.

De un niño en la adolescencia se espera que sea más que un niño, y como depende tanto de la opinión de los demás, le gusta fanfarronear, aparentar más de lo que es. Y parece como si la causa fuera la adolescencia. Pero lo único que ocurre es que la adolescencia plantea una situación más intensa. Quizá todo niño en la adolescencia tenga cierta inclinación a hacer movimientos más grandes, a exagerar un poco, para que no se espere de él que sea solo un niño.

La cuestión de la ocupación es importante; todo el mundo le da respuesta. Siempre dependemos de nuestro entorno. Se nos exige trabajo. No se puede ser un semejante (*fellow-man*) si no se está ocupado de manera útil. Si un niño en la adolescencia no sabe en realidad qué hará más adelante en la vida, ese niño corre un gran peligro. No sabe cómo ordenar sus próximos pasos. No espera nada del futuro. Por otra parte, podemos prever que estos niños que no quieren seguir adelante, que están sumidos en una gran duda, no se unirán a los demás, no serán útiles. No reciben estímulo para ser útiles.

Entre los delincuentes se ven muchos que no sabían qué iban a hacer más adelante en la vida. Por ejemplo, un muchacho de diecisiete años cometió un asesinato. Nadie sabía por qué se había convertido en asesino. Era brillante y de buena conducta. Cuando se le preguntó qué había querido ser de mayor, dijo que no lo sabía. Siempre quería ser el primero. Estaba sumido en la duda. Así que quiso ser el primero en el delito, el delincuente más astuto. Aquel niño había sido un niño mimado. Muy a menudo se encuentra a niños mimados que huyen, sobre todo que huyen de la ocupación.

A estos niños se les podría decir que pueden llegar a ser cualquier cosa que quieran, pero que antes tienen que cumplir con la ocupación de este momento. Díganles: «Cuando seas mayor no querrás mirar atrás y pensar que no fuiste capaz de llevar a cabo este trabajo». A veces estos niños llegarán a ver su cobardía, cómo quieren escapar solo para justificarla.

No estamos bien preparados para comprender el amor y el matrimonio. Solo nos preparamos viendo otros matrimonios, leyendo libros y oyendo conversaciones ociosas. Lo que leemos en los libros suele ser desdichado. Y esa influencia que nos llega de la literatura nos irrita y nos hace desesperar. Solo vemos matrimonios desdichados.

Para la ocupación se nos adiestra casi desde el primer año. Pero del amor y el matrimonio nadie se ocupa ni da explicaciones. Quizá el setenta por ciento de las preguntas que me hacen se refieren al amor y al matrimonio. La gente pregunta por las cuestiones para las que no se siente preparada y que necesita comprender. Sería bueno idear instituciones que explicaran, enseñaran y prepararan mejor para el amor y el matrimonio. Habría que prestar especial atención a los errores cometidos en la infancia.

(Copyright, 1929)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha sobre la imagen de la página en Old Fulton NY Post Cards (fultonhistory.com): Alfred Adler, «Life's Three Questions», *Elmira Star-Gazette* (Elmira, Nueva York), 13 de marzo de 1929, p. 6 (serie sindicada por The McClure Newspaper Syndicate). El mismo artículo se reimprimió en el *Sacramento Union*, 21 de marzo de 1929, p. 14 (CDNC, SDU19290321.1.14), con el que se ha cotejado.

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). El inglés del artículo, poco idiomático, refleja probablemente el dictado de Adler; se traduce con naturalidad sin borrar sus giros. *Social feeling* se traduce «sentimiento de comunidad»; *prototype*, «prototipo» (el término de Adler para la forma de vida fijada en la infancia); *petted child*, «niño mimado»; *to be the head*, «ser el primero».
