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Title: Breves observaciones sobre la razón, la inteligencia y la debilidad mental
Description: Artículo teórico de Adler (1928) que distingue la razón, de validez general y ligada al sentimiento de comunidad (el common sense), de la «inteligencia privada» con que neuróticos, delincuentes, suicidas, alcohólicos y perversos persiguen con lógica una meta de superioridad personal en el lado inútil de la vida; la identificación y la empatía como aspectos del sentimiento de comunidad, y la debilidad mental como otra forma de pensar, sin estilo de vida.
Author: Alfred Adler
URL: https://adler.school/archivo/adler/1928-07%20Kurze%20Bemerkungen%20%C3%BCber%20Vernunft%2C%20Intelligenz%20und%20Schwachsinn
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# Breves observaciones sobre la razón, la inteligencia y la debilidad mental

Por el Dr. ALFRED ADLER

Ciertamente se puede discutir sobre la nomenclatura, ciertamente se pueden introducir otros nombres, pero lo que quisiera subrayar es una diferencia fundamental entre ambas facultades, que me ha llamado la atención cada vez más: entre la razón y la inteligencia. La cuestión ya ha sido tocada, naturalmente, desde distintos lados; pero desde nuestro punto de vista quizá pueda obtenerse una comprensión más profunda.

Por razón hemos de entender una categoría *de validez general,* que está estrechamente relacionada con el *sentimiento de comunidad.* Parece necesario que aclaremos cada vez más este concepto de razón y lo definamos con mayor precisión. También entendemos por sentimiento de comunidad algo distinto de lo que entienden otros autores. Cuando decimos que es un sentimiento, sin duda estamos autorizados a ello. Pero es más que eso: es una forma de vida, una forma de vida completamente distinta de la de una persona a la que llamamos antisocial. Esta forma de vida no ha de entenderse solo exteriormente, no ha de entenderse como si en ella se manifestara solo un modo de vida aprendido. Es mucho más. No estoy en condiciones de definirlo de manera del todo unívoca, pero he encontrado en un autor inglés un giro que expresa con claridad lo que podríamos aportar a nuestra explicación: «ver con los ojos de otro, oír con los oídos de otro, sentir con el corazón de otro».[^t1] Esto me parece una definición provisionalmente admisible de lo que llamamos sentimiento de comunidad, y vemos a primera vista que este don coincide en parte con otro que llamamos identificación, empatía (*Einfühlung*, *Lipps*).[^t2] Esta identificación se produce siempre según el grado de nuestro sentimiento de comunidad.

La capacidad de identificarse tiene que estar entrenada, y solo puede entrenarse si uno crece en relación con los demás y se siente parte del todo; si no solo siente como cosa propia las comodidades de esta vida, sino también las incomodidades; si se siente en casa en esta tierra, con todas sus ventajas e inconvenientes. Este sentirse en casa forma parte directamente del sentimiento de comunidad. Su vida en esta pobre corteza terrestre transcurre de modo que está «como en casa». Así se le forma una forma de vida muy determinada, en la que tampoco considera las adversidades de esta vida como una injusticia que se le hace. Ahí vemos cómo al sentimiento de comunidad se añade <!-- S. 268 --> el hecho de la sociedad. En esta forma de vida encontraremos también todas las demás líneas de fuerza que sirven para superar las adversidades de la vida. Así pues, parte del todo es aquel que se muestra conforme a la comunidad y útil para ella, y todo ello en conjunto es un obrar y un comportarse que llamamos «*razonable*». Razonable es lo que se entiende por *common sense* [sentido común]. Dicho sea de paso, tampoco el *common sense* es inmutable, pero es el sentido de todas las formas de expresión, el contenido de toda conducta que encontramos favorable a la comunidad, y con esta concepción nos acercamos también a la comprensión de lo que llamamos razón.

Llegamos así a la conclusión de *Kant*: la razón tiene validez general. Pero esto significaría al mismo tiempo que por razón entendemos todas las acciones, toda conducta, todas las formas de expresión que dependen de una meta de superioridad en la que se expresa la utilidad para la colectividad. Esta meta tendría que estar presente. En la psicoterapia nos ocupamos principalmente de personas que tienen una meta de superioridad *personal* y que por ese camino traspasan los límites que, en el curso del desarrollo cultural de la humanidad, representa el *common sense*. En el *common sense* encontraremos también continuamente giros nuevos. No sé si *Sócrates* fue el primero en considerar un manto agujereado ya no como signo de humildad, sino de vanidad. Pero supongamos que fue el primero: entonces enriqueció el *common sense*. Mostró que una cosa puede ser su propio contrario y que solo podemos captar el sentido de un movimiento expresivo a partir del contexto. Con ello quería mostrar que el *common sense* puede cambiar. Tampoco es algo fijo: es la suma de todos los movimientos anímicos reconocidos como conformes a la razón y de modo general, ligados a la subsistencia de la vida cultural.

Pasemos ahora a considerar el intelecto tal como lo vemos en los neuróticos. El neurótico obra de manera completamente correcta. Obra tan correctamente que él mismo, como en la neurosis obsesiva, nota y constata la diferencia entre su inteligencia personal y el *common sense*. Todo lo que hace es «inteligente». Este hecho de la «inteligencia personal» debe explicarse con más detalle. Un delincuente dijo: «Lo maté a golpes porque era judío». Ese hombre tenía la idea de que, como cristiano, posee cierta superioridad y puede, por tanto, disponer libremente de los de otra fe, por ejemplo de un judío despreciado. Su meta es apoderarse de los bienes de ese judío. Obra de acuerdo con esa meta. La «inteligencia» le facilitará ese camino, le acercará a su meta, como lo vemos claramente en los niños difíciles de educar. Puesto que su meta de robar está decidida, emplea argumentos que le permiten alcanzarla más fácilmente. Y esa facilidad se produce efectivamente. Lo mismo otro asesino y ladrón: «El joven tenía ropa bonita y yo no tenía. Por eso lo maté». Eso está pensado y hecho de manera perfectamente inteligente. Puesto que no se cree capaz de conseguir ropa de la *manera habitual en general,* <!-- S. 269 --> en el lado de lo útil para todos, no le queda en efecto otro remedio, para conseguir ropa bonita, que robarla. Para ello tiene que matar al otro. Así encontramos en todos los delincuentes cómo tratan de acercarse a su meta mediante argumentos «inteligentes» de cualquier tipo. También en los suicidas podemos constatar algo parecido: cómo, tras un largo entrenamiento, se desprenden de todo interés por la vida, cómo están penetrados de la idea de despertar con su suicidio la atención general y de tener así, como los asesinos, un sentimiento exaltado de superioridad («He hecho lo que no todos podrían hacer. Antes nadie se fijaba en mí, pero ahora...»); ser señor de la vida y de la muerte los acerca a Dios, como al asesino que dispone de la vida de los demás. Siempre encontrará argumentos perfectamente «inteligentes»; puesto que quiere matarse, nada tiene interés para él. Siempre encontrarán argumentos mediante los cuales alcanzan su meta, mediante los cuales se engañan a sí mismos, se envenenan a sí mismos. Estos argumentos son «inteligentes» en relación con su meta de superioridad personal en el lado de lo inútil.

Por este camino podría obtenerse una distinción significativa entre la debilidad mental y las personas de pensamiento normal. En los primeros parecen faltar los argumentos «inteligentes» antedichos, dirigidos a la meta de superioridad, de modo que la voluntad de pensar muestra cierta falta de respeto por la lógica. Esta inteligencia privada ha de distinguirse netamente de lo que hay que llamar razón, *common sense*. «Inteligencia» la encontramos en ambos casos, pero solo a la inteligencia ligada al sentimiento de comunidad la llamamos razón. Si consideramos al alcohólico, encontramos también en él, si no hay debilidad mental, que argumenta inteligentemente. La vida trae preocupaciones. Hay medios con los que uno puede pasar por encima de las dificultades de la vida. Esta acción es, pues, inteligente respecto de la meta de pasar con facilidad por encima de las dificultades, de no resolverlas en el sentido de la comunidad, sino de manera personal. Si uno estuviera de acuerdo con la meta, todos obrarían como él.

Con las perversiones ocurre lo mismo. Si un homosexual masculino —por razones que conocemos por la psicología individual— excluye a una parte de la humanidad, tratará de perseguir con lógica e inteligencia la meta que se ha fijado. Juzgará siempre con inteligencia, aducirá siempre consideraciones con las que se justifique. Tiene en la cuestión del amor una meta en el lado inútil, pero, de acuerdo con esa meta, juzgará y obrará de manera completamente correcta. La idea fundamental es que tenemos que distinguir netamente entre la razón, que tiene validez general y que, *por tanto,* corresponde a la utilidad de la colectividad, y la inteligencia aislada del neurótico («todo o nada», «querer tener el éxito desde el principio», etc.), en suma, la inteligencia en los fracasos de que nos ocupamos siempre.

El concepto de «identificación» se usa de diversas maneras: en *Freud* <!-- S. 270 --> de otro modo que en la psicología individual. Cuando un niño trata de llegar a ser igual que su padre, cuando quiere ver con los ojos del padre, etc., cuando lo «*comprende*» y tiene ante los ojos una meta útil, a eso lo llamamos identificación. *Freud* entiende insensiblemente este concepto como apoderarse del papel de otro para obtener una ventaja «personal».

La identificación es imprescindible para llegar a una vida en comunidad. La compasión es una expresión parcial de la identificación, y esta, un aspecto del sentimiento de comunidad. Solo podemos comprender si nos identificamos, de modo que la razón aparece como una facultad social. Nos identificamos con un cuadro al contemplarlo, con todos los demás objetos inanimados, por ejemplo en el billar o en los bolos, donde el jugador sigue con la mirada la bola y hace el movimiento que espera que haga también la bola. En el teatro, cada espectador siente y actúa con los actores. Esto es identificación en nuestro sentido. No, por ejemplo, usurpar el papel del padre, etc. La empatía desempeña un papel enorme en los sueños. Lo mismo en la psique de las masas.

La inteligencia es el concepto más amplio. Es razón aquella inteligencia en la que está contenido el sentimiento de comunidad, la que, por tanto, se limita al lado de lo útil para todos.

También la cuestión de la debilidad mental puede ahora plantearse con más precisión. La debilidad mental no es una forma inferior de la inteligencia, sino otra forma de pensar. La forma pura de la debilidad mental se sitúa fríamente ante las exigencias de la razón y, a lo sumo, las cumple por obligación. Le falta lo que nunca se echa de menos en el razonable y en el inteligente: la configuración de un estilo de vida. El débil mental no tiene estilo de vida; sus formas de vida están completamente alejadas de la comprensión de una conexión. Echamos de menos también el respeto por el *common sense*, que en la inteligencia privada sigue desempeñando un papel en disculpas, justificaciones, comparaciones, etc. No llega a elaborar un plan de vida. Así, si ponemos a un débil mental en una situación nueva, no podemos adivinar qué hará, aparte de movimientos mecanizados, porque le falta el proceder conforme a un plan. Para separar la debilidad mental aparente habrá que exigir que se encuentre una meta ideal con la que uno pueda identificarse. Con un débil mental verdadero no es posible identificarse. El débil mental se caracteriza por su frialdad y su falta de respeto por la razón. No está sujeto a las leyes del *common sense* y tampoco tiene la inteligencia que se expresa en una meta de superioridad personal. En la parálisis progresiva, por ejemplo, no se encontrará un estilo de vida inteligente. Pero pueden estar siempre presentes huellas del sentimiento de comunidad. Lo conforme al estilo, la unidad de un estilo de vida en el lado útil, se encuentra por ejemplo en la paranoia.[^t3] Una cadena de pensamientos marcadamente inteligente, pero no razonable, se encuentra en la melancolía. El paciente vive en una ficción la exaltación de su <!-- S. 271 --> sentimiento de la personalidad. En los catatónicos he podido comprobar que desempeñan el *papel* de un muñeco, de un muerto, de un héroe, etc. En la sucesión de pensamientos de un débil mental no es posible ponerse en su lugar; a lo sumo puede adivinarse desde fuera.

*Herder, Novalis* y *Jean Paul* conocieron, describieron y consideraron importante el proceso de la empatía. Más tarde *Wundt, Volkelt* y sobre todo *Lipps* destacaron el hecho fundamental de la empatía para nuestra vivencia. Este último, *Dilthey, Müller-Freienfels* y otros describieron la relación entre empatía y comprensión. La psicología individual puede reivindicar como hallazgo suyo haber destacado la empatía y la comprensión como hechos del sentimiento de comunidad, del ser uno con el Todo. Solo llamamos virtuoso, sensato, razonable, valioso a lo que transcurre en el lado de la utilidad general. Nuestro juicio se rige también por ello, y toda persona en su sano juicio distingue aproximadamente según el mismo principio de clasificación. También quien se mueve en el lado inútil de la vida, como niño difícil de educar, neurótico, delincuente, suicida, bebedor, perverso, etc., será consciente de la diferencia, sabrá distinguir entre el bien y el mal y tratará de defender su propia obra contra la razón y contra la virtud. Pero seguirá su camino inútil mientras no se haya separado de su meta ideal de una superioridad personal, inútil para la colectividad. Solo se separará de ella cuando con su inteligencia privada haya comprendido el principio de la razón. Es decir, cuando haya reconocido el prototipo erróneo de su infancia, su sentimiento de inferioridad acrecentado, su afán de superioridad personal y la importancia del sentimiento de comunidad para el despliegue del valor, de la razón y del sentimiento de la propia valía.

Encontraremos, por tanto, en todas las «personas problemáticas», en la medida en que podamos excluir la debilidad mental, que su meta del afán de poder personal es errada, pero que todos sus movimientos parciales son «inteligentes». Nos llamarán la atención como «anormales» porque contradicen a la «razón», «que nos vincula a todos», al *common sense*. Pero siempre estarán correctamente ordenados en un sistema de referencia en el lado inútil de la vida. Por eso les faltará también el grado de un sentimiento de comunidad desarrollado y el valor que se requiere para resolver las cuestiones útiles de la vida.

Ejemplos:

1. Un niño que se siente desplazado de su situación de mimo por un hermano menor perseguirá casi siempre la meta de volver a ser el centro de la atención y perturbará con actitud combativa el orden de la casa. Obra de manera inteligente según su meta, y de manera irrazonable frente a la exigencia de la comunidad.

2. Un neurótico de angustia que desde la infancia ha usado su angustia como medio para poner a otro a su servicio, para «prescribirle <!-- S. 272 --> las leyes de su obrar», obra inteligentemente, pero no conforme al *common sense*.

3. Un asesino que mata a alguien para quedarse con sus bienes, al que por tanto le falta el valor para conseguir dinero de un modo útil para todos, obra inteligentemente según su meta de enriquecerse con facilidad, pero de manera cobarde e irrazonable, puesto que nunca puede excluirse el camino mejor.

4. Un suicida que se siente demasiado débil para superar sus dificultades personales y por eso (por sed de venganza) lo rechaza todo, solo para escapar de golpe al sentimiento de su inferioridad, obra inteligentemente según su meta de acabar con las dificultades de la vida mediante un artificio, pero de manera dañina para la comunidad, cobarde e irrazonable.

5. Un pervertido que, tras excluir la forma favorable a la comunidad, rinde culto entusiasta al mezquino resto, ha escapado con este truco a las complicaciones de la vida amorosa normal, se ha asegurado contra ellas de manera inteligente, pero no muestra en ello ni *common sense*, ni valor, ni sentimiento de comunidad.

6. Los alcohólicos, morfinómanos, etc., han convertido su reacción ante las dificultades de la vida[^t4] en un sistema inteligente, pero excluyendo el valor y la razón, que anulan mediante el aturdimiento.

7. En todas las formas de las psicosis puras (esquizofrenia, melancolía, locura maníaco-depresiva, paranoia) se encuentra, mirando más a fondo, un sistema inteligente, pero con exclusión de la razón.

La psicología individual está también en condiciones de entender la debilidad mental en el sentido de que en su estructura no se encuentran en medida digna de mención ni inteligencia ni razón.

Véase también el artículo «Witz und Neurose» [Chiste y neurosis] en el volumen V de esta revista.

[^t1]: La fórmula, que Adler repetirá en obras posteriores, procede según él de «un autor inglés» al que no nombra. (N. del T.)

[^t2]: Theodor Lipps (1851-1914), filósofo y psicólogo alemán, teórico de la *Einfühlung* («empatía», literalmente «sentirse dentro»). (N. del T.)

[^t3]: Así en el original: «auf der nützlichen Seite» («en el lado útil»), aunque el contexto haría esperar «inútil». (N. del T.)

[^t4]: El original dice *Auswirkung vor Schwierigkeiten des Lebens*, expresión poco clara («efecto ante las dificultades»), quizá errata por *Ausweichung* («evitación»); se traduce por el sentido. (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir de la *Internationale Zeitschrift für Individualpsychologie* 6 (1928), n.º 4, págs. 267-272 (Internet Archive), cotejada con las imágenes de página.

*Traducción:* traducción íntegra al español, hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Según el glosario del archivo, *Gemeinschaftsgefühl* se traduce «sentimiento de comunidad», *Lebensstil* «estilo de vida», *Lebensplan* «plan de vida», *Mut* «valor» y *Persönlichkeitsgefühl* «sentimiento de la personalidad»; *Schwachsinn* se traduce «debilidad mental» y *Einfühlung* «empatía». *Common sense* va en inglés en el original. Las cursivas reproducen las del original; las adiciones del traductor van entre corchetes.
