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Title: La fuerza ética de la psicología individual
Description: Breve exposición publicada en el boletín científico alemán Forschungen und Fortschritte (1927): los tres tipos de niños difíciles (con órganos inferiores, mimados y odiados), la falta de sentimiento de comunidad en neuróticos y niños difíciles, y la tarea del educador y del médico, que han de suplir las dos funciones maternas de despertar el amor y transferirlo a los demás.
Author: Alfred Adler
URL: https://adler.school/archivo/adler/1927-10-20%20Die%20ethische%20Kraft%20der%20Individualpsychologie
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<!-- S. 233 -->

# La fuerza ética de la psicología individual.

Por el Dr. Alfred Adler, Viena.

No somos administradores de la moral y de la virtud, pero nos importa llevar a un camino mejor a las personas que se han apartado del recto camino <!-- S. 234 --> y sostenerlas cuando sufren y cuando por su causa sufre también su entorno. Sabemos que *el estilo de vida de toda persona está firmemente formado después del cuarto o quinto año de vida, y que un cambio solo es posible* si el individuo se corrige *a sí mismo* y si reconoce qué es útil y qué es inútil en su vida.

Hemos aprendido a *distinguir* entre los *niños* que se nos confían para su tratamiento *tres tipos: niños con órganos inferiores, niños mimados y niños odiados.*

Los *niños con órganos inferiores* tienen que luchar en su vida con las mayores dificultades. Buscan protección en alguna parte para superar las dificultades que se les oponen. Sienten poco interés por los demás, porque en general solo a duras penas consiguen orientarse en este mundo y, con el sentimiento de su sufrimiento y de su inseguridad, se ocupan demasiado de su propia persona. De ahí nace *el afán de superioridad de la propia persona,* y la meta de la educación debe consistir en estos niños en que no crezcan con ese afán de superioridad propia.

Ya en la *pregunta a los niños sobre lo que quieren ser* se muestra a menudo este afán de superioridad. Así, con niños de dos familias en las que acababa de producirse una muerte, pude obtener a esta pregunta dos respuestas distintas. Uno de los niños quería ser médico para combatir la muerte y dominar la enfermedad; el otro quería ser sepulturero para no tener que dejarse enterrar por otros. Es característico que el segundo fuera un niño enclenque, con diversas inferioridades orgánicas, que solo quería protegerse con la elección de profesión de las influencias ajenas.

Los *niños mimados,* que crecen en la más estrecha convivencia con su madre, se sienten *siempre en peligro.* Pese a los cuidados que la madre les dedica, crecen como en país enemigo; nace en ellos un sentimiento de inferioridad que dura toda la vida. En estos niños *falta el sentimiento de comunidad;* no tienen sensibilidad para la amistad y el compañerismo ni interés por la nación, la patria y la humanidad. Cuando se les presentan las cuestiones sociales de la ocupación, de la profesión, del amor y del matrimonio, no se sienten preparados para las nuevas situaciones; sus movimientos se vuelven vacilantes, sus resoluciones se hacen más lentas, se quedan de pronto atascados en el camino de su vida, se sienten en una psicosis, por ejemplo, héroes o dioses[^t1] y caen en el delirio de grandeza. Cuando recibimos a tales niños para educarlos, tenemos que despertar en ellos el *sentimiento de comunidad* y procurar que tengan amigos y compañeros; con los adultos a quienes queremos ayudar como médicos, lo intentamos enseñándoles que no tienen ellos mismos la culpa de su manera de ser, sino que el desarrollo deficiente del sentimiento de comunidad en sus primeros años de infancia ha producido su soledad actual.

Por último, los *niños odiados,* a los que se zarandea por todas partes porque son feos o porque vinieron al mundo sin ser deseados, crecen igualmente con un *sentimiento de inferioridad* acrecentado, y solo pueden ser educados si primero se los rodea de amor.

La neurosis, por ejemplo, se presenta como el movimiento «vacilante» de tales personas. Todas ellas son tartamudos de la vida y no se sienten a la altura de la situación en que se encuentran, como un actor o un examinando que no puede hablar por el miedo escénico. La educación consiste entonces en mostrarles cómo pueden prepararse y armarse para esa situación. Otro ejemplo de cómo un afán de notoriedad llevado al lado inútil conduce a peculiaridades que una educación razonable ha de devolver a la norma se da en una persona que se lava con mucha frecuencia y limpia continuamente su ropa, porque mediante una cierta forma de sobrecompensación quiere hacer patente su afán de notoriedad: pasar por el más limpio. Quien quiera educar a tales niños debe saber que toda acentuación excesiva tiene un influjo perturbador.

Quien se ocupa durante mucho tiempo de la psicología individual llega a la convicción de que todos los niños y adultos nerviosos y difíciles de educar muestran una pronunciada *falta de sentimiento de comunidad.* Tenemos que llevar a los niños hasta el punto de que se sientan parte de un todo y se encuentren en la comunidad como en su casa. Tenemos que elevar su valor y su confianza en sí mismos. Si estamos en condiciones de darles la conciencia de la independencia respecto de los demás y de infundirles una actividad optimista, les habremos mostrado el camino recto.

Ciertamente, el educador o el médico solo alcanzará su meta si logra ganarse a su educando o a su enfermo y despertar en cierto modo el sentimiento de comunidad hacia su propia persona. Luego ha de procurar transferir también a los demás ese sentimiento de comunidad despertado.

Estas dos funciones, *despertar el amor y transferir el amor a los demás,* son en el fondo las funciones que constituyen la esencia materna. Si estas funciones maternas han fallado en los primeros cuatro o cinco años de vida, la educación y el tratamiento individualpsicológicos tienen que intervenir para suplir lo que falta. Somos conscientes de que estos nuevos caminos de la educación no pueden recorrerlos solo nosotros; todo médico y todo educador es capaz de ello si su método cumple estas dos funciones de la madre.

[^t1]: Así en el original («fühlen sich in eine Psychose etwa als Helden oder als Götter»), frase defectuosa; el sentido parece ser que, refugiados en una psicosis, se sienten héroes o dioses. (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del ejemplar digitalizado por Google (archive.org): Alfred Adler, «Die ethische Kraft der Individualpsychologie», *Forschungen und Fortschritte* (Berlín) 3, n.º 30, 20 de octubre de 1927, págs. 233-234. Los comentarios `S. n` del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.

*Traducción:* traducción íntegra al español, hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Se conservan la división en párrafos, las cursivas (que reproducen el espaciado del original) y la paginación original. *Gemeinschaftsgefühl* se traduce «sentimiento de comunidad»; *Geltungsstreben*, «afán de notoriedad»; *verzärtelt*, «mimado»; *Überkompensation*, «sobrecompensación», según el glosario del archivo. Las adiciones del traductor van entre corchetes.
