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Title: Una contribución al problema de la distancia
Description: Breve artículo clínico de 1926: la neurosis medida por la distancia que guarda el individuo respecto de las tres cuestiones de la vida (comunidad, trabajo, amor), ilustrada con el caso de un hombre que se sentía el hijo no querido, se mordía las uñas y «interrumpía siempre el contacto», incluso en sus sueños.
Author: Alfred Adler
URL: https://adler.school/archivo/adler/1926%20Ein%20Beitrag%20zum%20Distanzproblem
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# Una contribución al problema de la distancia

Por el Dr. Alfred Adler (Viena)

Como es sabido, la investigación individualpsicológica tropezó bastante pronto con un problema al que llamó el *problema de la distancia*. Esto tuvo una importancia fundamental, pues nos dio una base desde la que pudimos seguir investigando. Esa base dice, en efecto, que nos es posible medir el extravío, la aberración neurótica de una persona, por la distancia a que se encuentra de la solución de las tres grandes cuestiones de la vida. Se trata, como es sabido, de la solución de las cuestiones de la relación social, de la relación del yo con el tú: de si ha establecido de un modo aproximadamente correcto el contacto entre ella y los demás seres humanos o si lo impide. Por la magnitud del desacierto, por la distancia a que se halla de la solución de estas cuestiones de la vida, podíamos sacar conclusiones sobre su personalidad, sobre su individualidad, y estábamos en condiciones de obtener de ello algo para nuestro conocimiento del hombre. Lo mismo vale también respecto de la segunda cuestión de la vida, la cuestión de la profesión. Si se halla más lejos de la solución de esta cuestión, si muestra aquí dificultades, podíamos comprobar que esa persona elude la solución de esta segunda cuestión. La tercera cuestión atañe al erotismo, a la cuestión del amor y del matrimonio. Podíamos juzgar a una persona por lo lejos que se encuentra de la solución de esta cuestión y por los extravíos en que eventualmente anda.

Así habíamos encontrado un punto de vista desde el cual podíamos juzgar con firmeza inquebrantable la actitud de una persona. Y ahora quisiera mostrar con un ejemplo cómo se expresa en la neurosis esta tendencia a la distancia. Todos conocemos a esas personas a las que les cuesta mucho unirse a los demás, que no tienen amigos, que no van a reuniones, que sienten siempre cierto reparo cuando se encuentran frente a otra persona. Conocemos también los fenómenos que aparecen entonces: que uno se ponga rojo o pálido, que tienda la mano solo con vacilación, que sea desconfiado, que tartamudee, y cosas semejantes. Todo esto son signos de una *falta de inclinación al contacto.*

Hace poco tuve de nuevo ocasión de observar a una persona así. La vida está llena de personas así. Sienten aversión a cualquier contacto y no quieren reconocerse parte del todo del que son una parte. Toda su vida muestra esta tendencia, que naturalmente va unida también a una serie de defensas, entre las cuales los síntomas nerviosos desempeñan un gran papel. A uno le da dolor de cabeza en cuanto ha de acercarse; a otro le sobreviene alguna desgracia en cuanto ha de aproximarse a otra persona. Toda su actitud <!-- S. 142 --> muestra una configuración nerviosa que impide el encuentro con los demás.

Y así lo encontramos muy pronto llevando una vida de excéntrico; todo el mundo lo conoce y lo esquiva. Tiene unos modos secos, nunca se abre, corta siempre en seguida, vive, por así decir, «en staccato». Toda relación que inicia queda interrumpida en el acto. Tal es su línea de vida.

En mi paciente pude establecer muy pronto la conexión. De varios hijos, era aquel que podía afirmar, con más o menos razón, que había sido el no querido. Nunca creyó que alguien pudiera sentir afecto por él. Su sentimiento de inferioridad se manifestaba sobre todo en la creencia de que le faltaba algo de aquella fuerza que se necesita para hacerse querer. Y así procuraba sustraerse por completo a los demás. Se vio, con todo, que al menos en la cuestión de la profesión había progresado bastante bien[^1]. La razón era que en ella podía sumergirse *solo* en un trabajo. Es comprensible, y al mismo tiempo característico, que tales personas busquen una profesión en la que estén aisladas, o se inclinen por ella. Es comprensible también que solo puedan resolver la cuestión de la profesión de un modo condicionado. Si este hombre, por ejemplo, hubiera tenido la desgracia de que lo pusieran en una profesión en la que hubiera tenido que rendir algo en *colaboración* con otros, habría fracasado. Su ideal directriz lo llevó allí donde, a pesar de todo, encontraba cierta satisfacción para su inclinación. También su distancia respecto del otro sexo era enorme, e hizo todos los esfuerzos posibles por librarse de una muchacha a la que había conocido y llegado a amar, sobre todo desde que una vez oyó a una muchacha llamarlo, en una reunión, un tipo aburrido.

Pues bien, tenía un síntoma nervioso que ya había sido tratado sin éxito por todo el mundo. Consistía en *morderse las uñas.* Se mordía sin cesar las uñas hasta el borde. Sobre esta inclinación, de la que no podía desprenderse, declaró: «En realidad, la cosa me resulta muy agradable, y esa debe de ser la razón de que no la deje». Pero nosotros vemos en ello aún otra razón, que él admitió también en seguida. Escondía siempre las manos cuando hablaba conmigo, lo que venía a significar que no quería enseñármelas, porque temía que yo dijera: «Con todo, usted podría ir a reuniones a pesar de sus manos». No necesito subrayar para los psicólogos individuales que este síntoma era una de sus defensas contra la unión social, de la cual, tras las tristes experiencias de su infancia, temía una confirmación de su sentimiento de inferioridad.

A este propósito quisiera comunicar también un sueño de este hombre. Los neuróticos hablan a menudo, curiosamente, con nuestras expresiones. Hablan —sin entenderlo ellos mismos, eso sí— como si hubieran leído nuestros escritos: hablan de sentimientos de inferioridad, de distancia, de contacto, etc.; pero no solo hablan de ello, sino que también sueñan con nuestras imágenes y expresiones. Este hombre soñó, por ejemplo, lo siguiente: «Vuelvo a la casa paterna tras una ausencia bastante larga. Me abre una antigua niñera, con la que tampoco encontré nunca cariño, y me dice: "Sabía que era usted; lo reconozco ya por el timbrazo"».[^t1] Cuando se lo pregunté, dijo: «Sí, siempre llamo de manera que *interrumpo una y otra vez el contacto*». No advirtió que eso es lo mismo que me había oído decir tantas veces.

No se puede explicar esto por una falta de inteligencia. El paciente es una persona sumamente inteligente. Pero ha desviado su atención con tanta fuerza <!-- S. 143 --> de los hechos, se ha preocupado tanto de razones contra la unión con los demás, que no consigue encontrar la conexión entre su síntoma y su forma de vida. Todo su ser consiste en interrumpir una y otra vez el contacto. En su sueño está contenido todo lo que esperamos encontrar en él, y no podemos concluir otra cosa sino que esta persona aparta deliberadamente su atención de la conexión y de la consideración conjunta de todas sus manifestaciones. Pero precisamente ahí está el punto de partida esencial del tratamiento: mostrarle una y otra vez esa conexión.

Con este caso quería mostrar sobre todo cómo la interrupción del contacto y la tendencia a no dejar que surja o persista contacto alguno penetran en todas las relaciones de una persona y a veces llegan incluso a mecanizarse. A veces podemos reconocer el núcleo más íntimo de una persona ya por un solo movimiento, pero naturalmente solo si encontramos que la totalidad de su personalidad concuerda con él.

[^1]: No es raro. Por lo general se encuentra una solución peculiar, a menudo forzada o artística. El fracaso completo en la cuestión de la profesión sería con frecuencia peligroso para la vida. Hasta ahí solo llega el neurótico de vez en cuando.

[^t1]: En el original, «den ich erkenne Sie schon am Läuten», probable errata por *denn* («pues»); el contacto que se interrumpe alude al de la campanilla eléctrica (*Kontakt*), que el paciente pulsa de forma entrecortada. (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del ejemplar digitalizado en archive.org: Alfred Adler, «Ein Beitrag zum Distanzproblem», *Internationale Zeitschrift für Individualpsychologie* 4 (1926), fascículo 3, págs. 141-143. Los comentarios `S. n` del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.

*Traducción:* traducción íntegra al español, hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Se conservan la división en párrafos, las cursivas (que reproducen el espaciado del original), la nota del autor y la paginación original. *Sicherungen* se traduce «defensas», *Leitideal* «ideal directriz» y *Lebensfragen* «cuestiones de la vida», según el glosario del archivo. Las adiciones del traductor van entre corchetes.
