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Title: Cambio de neurosis y entrenamiento en el sueño
Description: Caso clínico publicado por Adler en su Internationale Zeitschrift für Individualpsychologie (mayo de 1924): un joven mimado pasa de una neurosis cardiaca a la agorafobia y a las ideas y actos obsesivos, siempre para quedarse junto a su madre y no trabajar; un sueño suyo sirve para mostrar que el sueño es un ensayo, un «entrenamiento» de la actitud del soñador ante sus problemas, y para ilustrar la «unidad de la neurosis».
Author: Alfred Adler
URL: https://adler.school/archivo/adler/1924-05%20Neurosenwandel%20und%20Training%20im%20Traum
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# Cambio de neurosis y entrenamiento en el sueño

Por el Dr. Alfred Adler

El padecimiento del paciente empezó con una neurosis cardiaca. Estaba en la escuela cívica (*Bürgerschule*)[^t1] y, como marcado niño de mamá que era, tenía siempre la impresión de que la escuela estaba demasiado lejos de su casa. Ya aquí se muestra un indicio de la posibilidad de una agorafobia. Pues si este muchacho mimado, que al mismo tiempo tenía un padre severo, dominante y a veces también borracho, se arrima siempre a su madre y encuentra propiamente en ella el mundo entero y espera volver a encontrarlo siempre en ella, ya podemos esperar que todas las situaciones distintas de la que vive junto a su madre le parecerán difíciles. En la escuela primaria aún le fue medianamente bien, pero en la escuela cívica las cosas empezaron ya a empeorar. Faltaba a menudo, y como su madre padecía molestias cardiacas de índole nerviosa y con ellas conseguía a menudo quedar dispensada de su trabajo, no nos extraña que también él muy pronto, en la alucinación de un suceso espantoso entre él y su padre, pudiera producir de vez en cuando palpitaciones, para poder quedarse junto a su madre.

Así habían nacido en él las palpitaciones, y a menudo conseguía quedarse en casa por ellas. El tratamiento fue el habitual: le pusieron bolsas de hielo, le dieron bromuro y otros remedios para el corazón. La estancia prolongada junto a su madre bastaba siempre para tranquilizarlo de nuevo, y cuando se sentía bien durante un tiempo lo volvían a mandar a la escuela. Allí, entretanto, su situación en los estudios había empeorado; se había vuelto un alumno todavía peor, y entonces se vio de pronto que las palpitaciones y el miedo continuo que lo dominaba, de que pudiera darle un ataque al corazón, ya no le bastaban, que ya no podía apreciar este modo de impedir que se alejara de casa. Si se le hubiera comprendido entonces, habría habido que decirle: la neurosis cardiaca fue una mala elección.

Ahora hizo una mejor. De pronto ya no podía salir solo. El padre o la madre tenían que hacer de acompañantes, lo cual no era fácil. Así alcanzaba la misma meta: quedarse en casa en lo posible, no estar sometido a tarea alguna, puesto que para ir a la escuela necesitaba una compañía que no era fácil de conseguir.

Así, su formación transcurrió con muchas dificultades. De vez en cuando se le mezclaba la idea de que tenía que morir. Pero esta idea le resultaba a su vez muy desagradable. Se imponía con fuerza compulsiva y volvía ante todas las exigencias que se le planteaban. Un día acabó con ella y se dijo más o menos lo siguiente: «Algo malo me va a pasar, pero ¿tiene que ser precisamente morir? También podría volverme loco.» Y <!-- S. 6 --> así empezó a arraigar en él una nueva idea obsesiva. Pero esta sola no tenía, naturalmente, la fuerza de sus anteriores manifestaciones nerviosas. Con ella podía, sin duda, irritar a sus padres y provocar también miedo en sí mismo. Pero la escuela no podía apartarla del todo.

Entonces apareció de pronto en él un acto obsesivo, que consistía en que, siempre que tenía que ir a alguna parte, daba media vuelta a mitad de camino y regresaba: un acto obsesivo que vemos a menudo. Pero como había conservado cierta posibilidad de contacto, se comprende que tampoco esta neurosis pudiera ser tan fuerte como para prohibirle toda posibilidad de actividad. Pero *estorbarle* sí podía; podía formar, por así decir, una reserva que se activaba cuando, por lo demás, parecía que le iban a apretar las clavijas.

Más tarde entró en una oficina donde encontró superiores, donde todos los demás eran más que él. Y aunque se le trataba con relativa amabilidad, sentía pesar sobre sí con mucha fuerza la presión de la pirámide jerárquica de rangos. Entonces se instaló la neurosis obsesiva. Apenas había salido de casa, algo lo empujaba de vuelta con una fuerza siniestra. Al poco tiempo había logrado, mediante este acto obsesivo, eliminar de nuevo su oficina, sus tareas. Cuando luego, por consejo de un médico, fue dispensado durante un año de toda ocupación, la fuerza de esta manifestación, el acto obsesivo de dar media vuelta, pareció haberse moderado. No nos asombra, pues la neurosis ya no tenía valor una vez que estaba libre de sus tareas. Pasado algún tiempo, volvió a presentarse la idea obsesiva de volverse loco. En cambio, podía hacer *voluntariamente* un montón de cosas: bailar, ir al teatro, etc. Pero en cuanto se le hablaba de una ocupación, la idea mencionada se presentaba con gran fuerza y le impedía rendir nada. Incluso aparecía en esta forma: «Si haces eso ahora, te volverás loco.» Cuando se le hizo reparar en estas conexiones, que no había entendido, admitió por completo que realmente quería quedarse en casa.

Hace unos días se presentó en mi consulta con su padre, pidiéndome que lo tomara en tratamiento. Algunas veces la cosa marchó bien. Solo estaba algo reservado. Su espíritu emprendedor se amplió; empezó incluso a pensar en volver próximamente a su oficina, «porque ya se encontraba notablemente mejor». Y es que había llegado a darse mejor cuenta de las conexiones.

Pues bien, hoy ha venido a verme y me ha contado el siguiente *sueño*: «Estaba frente a una escuela de niñas que se encontraba *cerca de la escuela primaria*, junto con una bailarina de alquiler[^t2] y con un maestro de la escuela cívica con el que yo había ido a la escuela. Luego seguí andando con los dos, pero en la esquina siguiente me despedí y me fui a casa.»

En la realidad, la escuela de niñas está muy cerca de su casa, mientras que la escuela primaria queda lejos de ella. Recuerda que, cuando iba a la escuela primaria, siempre le daba rabia que la escuela de niñas estuviera tan cerca, mientras que él tenía que caminar siempre lejos hasta la suya. El traslado de la escuela primaria a la cercanía de la escuela de niñas, que efectuó en el sueño, no nos mostraba otra cosa que esto: «¡Ya de niño quería tenerlo siempre todo cerca!» Ahora entendemos también por qué no va lejos con los dos, sino que da media vuelta en la esquina siguiente. Pero si pensamos con qué regularidad sucede que un paciente concibe la cura con nosotros como si estuviera en una escuela, es plausible pensar que en el sueño no se trata aquí de la escuela primaria, sino de la cura, y que el médico, yo mismo, representa al maestro de la escuela cívica. El tratamiento es la única situación que constituye para él una empresa de cierta envergadura, y como vive lejos de mí, también el «largo camino» adquiere una relación conmigo. Esta suposición mía se confirmó enseguida; pues cuando llegué hasta aquí en mis explicaciones, dijo: «Recuerdo que el maestro había dicho que volviera mañana a las dos; a esa hora vengo yo a verle a usted.»

*Yo* soy, pues, aquel a quien acompaña un breve trecho y del que luego se despide para volver a casa. Es un momento sumamente llamativo, y <!-- S. 7 --> nos deja mirar entre bastidores. Pues quiere decir: un breve trecho iré con los dos, pero luego me despido de ellos. Le dije que de ello podían sacarse dos conclusiones: que había estado pensando si la cura le sería realmente provechosa. Él lo negó, pero contó que había vuelto a tener accesos de sus antiguas ideas obsesivas. — Está, pues, en este punto de vista: «*Esto va demasiado lejos*; si esto sigue así, ¡al final voy a tener que trabajar!»

Entonces pude decirle: «Si esta idea le ha surgido esta noche, *es que ayer tuvo que irle muy bien*.» Confirmó que ayer, con ocasión de una velada en sociedad, había estado muy alegre y había bailado mucho (bailarina de alquiler), de modo que todos le habían dicho que ya no le faltaba nada, puesto que estaba tan alegre.

Hoy su encadenamiento a la madre *ya no es auténtico*; eso fue así en otro tiempo. Hoy la vinculación con la madre ya no es para él más que una buena excusa, una ficción que saca su solidez de su utilidad, no un factor real, libidinoso. Todo podría hacerlo; solo cuando tiene que trabajar oye de pronto en su interior la llamada de la madre. Este es también el sentido del sueño. A mi explicación me respondió: «Se entiende que al paciente no le guste venir a la cura, *porque aquí se descubre todo*.» Pero lo que él *no* sabe es que podría descubrirse en él *que no vale nada*, que no puede rendir nada, que es un hombre incapaz. Tiene dentro de sí el sentimiento de ser un débil consumado, y *esto* es lo que teme que pueda salir a la luz, que pueda delatarse.

El motivo más importante de la formación del sueño es que el soñador, en el sentido de su personalidad, hace un ensayo de tanteo, un intento de ver cómo debe comportarse ante un determinado problema que tiene delante. En ello reside, sin embargo, todo su ser: un ensayo así solo puede hacerlo alguien que sea como este soñador. Se trata aquí de la superación victoriosa de un problema, es decir, de pasar de abajo arriba. El sueño se presenta siempre cuando el durmiente se encuentra en una situación en la que se siente de algún modo amenazado, oprimido.

Podemos afirmar, pues, que el sueño mismo no es seguramente el ensayo, pero que, mediante la comprensión del sueño, se llega a no considerar aislado este ensayo de tanteo, sino a encontrar también en la dinámica del sueño un empuje incesante, el modo en que el soñador se *prepara* para tomar posición. Ahora bien, esta preparación no significa otra cosa que el arreglo neurótico, un *entrenamiento*. *En el sueño podemos seguir la pista del entrenamiento del paciente.* Si podemos observar este entrenamiento tendencioso, dirigido según un error, podemos hacer constar: aquí el paciente tiene ante sí una meta a la que aspira siempre, para imponer a su manera una solución del problema de su vida. Y en el sueño encontraremos siempre intentos de solución adaptados a la personalidad del paciente.

En el sueño anterior vemos cómo el paciente se induce a sí mismo a poner pies en polvorosa. Se trae de nuevo a la memoria las preocupaciones que lo asaltaban ya de niño. Se nos ocurre al respecto que en su contraposición de escuela de niñas y escuela de niños hay todavía algo más: que las niñas lo tienen mucho más fácil. Llegado a esta idea, le planteé la pregunta de si alguna vez se había ocupado de calcular quién lo tenía en realidad mejor en el mundo. Reflexionó un rato y luego dijo: «Siempre he pensado que las niñas lo tenían mucho más fácil, y ahora recuerdo incluso que mi madre me decía siempre que por qué no había nacido más bien niña: así podría quedarme siempre con ella en casa.»

El muchacho, pues, ha vacilado al menos sobre si no habría preferido ser niña, y en todo el despliegue de su personalidad se ve claramente cómo ha intentado eliminar lo masculino. Se comporta propiamente como, en mal sentido, se llama afeminado a un hombre. Tiene miedo, no tiene valor, no quiere emprender nada, el trabajo le resulta algo desagradable, necesita siempre compañía, y cosas por el estilo.

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Entendemos ahora por qué se entrena para salir del ámbito del trabajo, para encontrar una situación en la que todo se le regale. Este rasgo, esta dinámica, puede reconocerse, pues, también en el sueño. El joven quería organizar toda su vida de modo que pudiera quedarse siempre junto a la madre. *Por eso tiene que entrenar sin cesar la inclinación hacia la madre.* Es un muchacho desalentado, al que el calor de la madre ha mimado e inutilizado para la vida. Solo encuentra *un* lugar en la vida donde se siente seguro, que corresponde a sus preparativos y a su desarrollo, y es: *junto a la madre*.

Encontramos el ardid neurótico del muchacho desarrollado en la misma dirección que lo hemos descrito en las perversiones. Su sentimiento de inferioridad, alimentado por el padre colérico, por su situación de hijo único, por la madre blanda, condescendiente en todo, lo induce a eliminar todas las relaciones «en las que podría descubrirse» que no vale nada. El trabajo, la independencia, el andar, el cortejar: todo esto lo siente, en este estado de ánimo, como demasiado peligroso. Por la eliminación progresiva le queda un solo camino: hacia la madre. Este camino le es especialmente familiar desde la infancia. Su permanente falta de valor no le ha dejado encontrar otros caminos. Así, todo su afán de aseguramiento se agota en el entrenamiento para mantener libre el camino hacia la madre y cerrar todos los demás. En esta maraña de extravíos, también la inclinación hacia la madre no es más que una función de su desaliento. Original y auténtico solo hay una cosa: su sentimiento de inferioridad.

Su curación depende, pues, de que se elimine este falso error.

También en lo que respecta a la «unidad de la neurosis» que postula la psicología individual, este caso es instructivo. «Neurosis cardiaca, agorafobia, ideas obsesivas y actos obsesivos» se alternan, dirigidos y exigidos única y exclusivamente por el paciente que busca, y perseguidos y entrenados por su errado miedo a que se desvele su supuesta «incapacidad». Quien quisiera aplicar una medida a esta maraña de extravíos, sea que calcule con cantidades fisiológicas o, lo que vendría a ser lo mismo, libidinosas, se verá arrastrado él mismo a esta comedia de las equivocaciones.

[^t1]: La *Bürgerschule* austriaca era la escuela de enseñanza media elemental (de los 11 a los 14 años) que seguía a los cinco años de la escuela primaria (*Volksschule*) para quienes no pasaban a la escuela media; aquí, «escuela cívica». (N. del T.)

[^t2]: *Eintänzerin*: mujer empleada en los locales de baile para bailar con los clientes. (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original): Alfred Adler, «Neurosenwandel und Training im Traum», *Internationale Zeitschrift für Individualpsychologie* 2 (1924), n.º 5, mayo de 1924, págs. 5-8 (ejemplar digitalizado en archive.org). Se omite el resumen en inglés que sigue al artículo en la revista. Los comentarios `S. n` del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.

*Traducción:* traducción íntegra al español, hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Se conservan la división en párrafos, las cursivas (que reproducen el espaciado del original) y la paginación original. *Training* se traduce «entrenamiento»; *Arrangement*, «arreglo», según el glosario del archivo. Las notas del traductor van señaladas como «N. del T.».
