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Title: Consideraciones críticas sobre el sentido de la vida
Description: Ensayo (1924, reimpreso en 1925) en el que Adler busca el sentido de la vida no en causas sino en una meta: el ser humano, atado a tres vínculos (la Tierra, la bisexualidad de la especie y la vida en comunidad), avanza de error en error menor hacia una «tarea infinita» que encierra una verdad absoluta; critica el laissez faire y el afán de poder de la cultura de su tiempo.
Author: Alfred Adler
URL: https://adler.school/archivo/adler/1924%20Kritische%20Erw%C3%A4gungen%20%C3%BCber%20den%20Sinn%20des%20Lebens
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# Consideraciones críticas sobre el sentido de la vida[^1]

Por el Dr. Alfred Adler (Viena)

Si comprendiéramos el sentido de la vida, ya nada podría detener el ascenso consciente del género humano hacia su meta. Tendríamos una meta común, y todos pondrían todas sus fuerzas al servicio de la tarea de cumplir ese sentido. Conoceríamos también el camino, aunque no con una seguridad irrefutable. Pero incluso los muchos errores que cometiéramos en él estarían sostenidos por el afán de acercarnos a una verdad absoluta, una verdad de la que sabemos que es una «tarea infinita», eternamente inalcanzable, pero eternamente tentadora. Nuestro sentido del error en nuestra vida se acrecentaría y se afinaría, y de nuestra contemplación de una conexión reinante entre el universo, la Tierra, el yo y el tú resultaría con más facilidad y antes la posibilidad de una corrección. El sentido de nuestra vida sería la brújula de nuestro afán. La teleología de corto aliento, que todavía hoy nos señala las metas más inmediatas, cedería ante una luz que alumbra desde lejos y orienta nuestra travesía, y los falsos valores de nuestros días, de breve y rápida floración, se derrumbarían ante el juicio, que sopesa con seguridad, de nuestra conciencia de nosotros mismos acrecentada.

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Mientras no estemos en posesión de este sentido, los múltiples sentidos de nuestros días nos parecen, no tanto al entendimiento como al sentimiento, vacilantes y fácilmente intercambiables. Cambiamos de traje, de convicciones, de profesión, de maridos y de mujeres, de amigos, y buscamos en ellos valores que en otro momento nosotros mismos rechazamos. ¿Ha comprendido alguna vez la humanidad este sentido de la vida? ¿Lo perdió más tarde? ¿Podremos adivinarlo algún día, siquiera aproximadamente?

El animal, y más aún la planta, tienen su «fórmula». Cuando decimos «liebre», conocemos la mayoría de las leyes de movimiento anímicas y corporales de este ser. Pero también al animal le está dada ya cierta libertad de elección en sus movimientos, y yo conocí una vez una liebre valiente que era el terror de su entorno. Podría suponerse que la «selección natural» en el reino animal apunta a una contradicción interna entre los seres vivos y sus condiciones de existencia, que el origen de las especies desenmascara un fracaso, un error que no puede resistir al tiempo y a los cambios de la Tierra. Quizá el progreso en cualquier dirección venga dado por este error y conduzca, más allá del presente, a un género humano mejor adaptado que el actual al sistema de referencia hombre-Tierra.

Quizá con esto hayamos dado cabida a algo más que a una fantasía. Quizá las dificultades de nuestros días se alcen tan gigantescas porque erramos en exceso la «verdad absoluta». Quizá el individuo y masas enteras estén mucho más amenazados de exterminio de lo que queremos saber, y ello porque no conocen el sentido de la vida y andan extraviados.

¿No aparece aquí de nuevo la perspectiva tantas veces vista, que unas veces se llama Némesis y otras causalidad, retribución, Dios, y que nos pone delante sus advertencias, sus amenazas y sus anuncios de castigo como indicadores indestructibles? Indicadores en la infinitud del espacio y del tiempo, en el caos de la vida, como si supieran algo del orden del universo, del sentido de la vida, que para nosotros sigue cerrado.

En la maraña de nuestro presente, el *laissez faire* se impone con tal fervor como si, en el sentimiento de nuestra debilidad e inferioridad, tuviéramos que renunciar definitivamente a una dirección consciente de la vida. Nuestra conciencia actual no se cree capaz, nos tiene por demasiado débiles para comprender y dominar el sistema de referencia hombre-naturaleza. Hace de la necesidad virtud y deja a Dios, al azar o a la lucha de todos contra todos la dirección de la historia de la humanidad. Con mayores sacrificios y estragos, mediante el exterminio de individuos y de comunidades enteras, se llegará probablemente a lo que exige la lógica de la convivencia humana. El sentido de la vida se impone y arroja al Orco a los hombres y a las instituciones en cuanto lo contradicen. Antiquísimos presentimientos de la humanidad nos acompañan en este camino de martirio, pero nuestro entendimiento se atiene a los compases sucesivos uno por uno y no comprende todavía la melodía entera.

Nuestra época no ha sido capaz, como las épocas primitivas pasadas, de ver el acontecer del mundo en su conexión. Por eso, desde Kant y fuera de Marx, no hubo posibilidad alguna de líneas directrices unitarias. Nuestras fórmulas éticas y estéticas proceden de tiempos muy lejanos y están casi exclusivamente al servicio del afán de poder personal. El desarrollo de la ciencia y de la técnica sigue casi siempre su curso en la dirección del interés egoísta de individuos y de la codicia de grupos influyentes, y a menudo perturba la armonía de la convivencia más de lo que la favorece. Casi siempre faltan los grandes puntos de vista; el éxito del momento y el aprovechamiento unilateral, no la elevación del nivel de vida, son los resultados corrientes. A todo ello corresponde un ridículo pregón, hecho con mucho griterío y poca justificación, de concepciones del acontecer terrenal raras veces <!-- S. 95 --> de largo alcance, que se suceden rápidamente unas a otras y son aclamadas con entusiasmo por camarillas y cenáculos.

Pero la inquietud con que hoy, más que nunca, la sociedad humana pugna por una visión de conjunto que le aclare el sentido de la vida, el afán de agarrarse a cualquier tabla de salvación y el entusiasmo que se enciende en cuanto se pronuncia una palabra nueva cualquiera muestran más claramente que nada que sigue faltando toda solución satisfactoria. Sería temerario querer decir algo definitivo. Solo caben aquí indicaciones y modestas sugerencias, tal como se desprenden de una rica experiencia en psicología individual.

Por buenas razones, la psicología individual evita estudiar al hombre aislado. Lo ve siempre únicamente en su contexto cósmico y social. Duramente acosado por la naturaleza y sometido a considerables debilidades corporales, su cerebro pensante lo orienta hacia la asociación. Este proceso de unión, que a su vez es una consecuencia de la debilidad y la inseguridad personales, apunta a un presupuesto cuyo cumplimiento debe estar asegurado en toda consideración, del mismo modo que hay que dar tácitamente por supuesta la voluntad de vivir, e incluso la vida misma: el hombre como ser social. Dicho de otro modo: el hombre y todas sus capacidades y formas de expresión están inseparablemente ligados a la existencia de otros hombres, así como está ligado a los hechos cósmicos y a las condiciones de la Tierra.

Mientras valgan los presupuestos anteriores, resultan de ellos líneas de orientación para la forma de existencia del hombre. Este cuida, de manera más o menos adecuada, de mantener en buen estado su constitución corporal. Así, por ejemplo, la alternancia del día y la noche, la gravedad y las condiciones atmosféricas lo obligan a determinadas actividades vitales, cuyo acierto o cuya deficiencia están predeterminados por el sistema de referencia hombre-Tierra. Predeterminada está también la modificación del desarrollo corporal y anímico del hombre por este esfuerzo, y todo progreso que aparece así como forzoso, porque significa una adaptación a este sistema de referencia y porque impedirlo conduce a hacer más difícil la vida, a mayores cargas y fatigas, al exterminio, no es más que una corrección, que se ha hecho necesaria, de errores existentes. También el origen de las especies, la *natural selection*,[^t1] se lleva a cabo bajo la presión que reina en el sistema de referencia ser vivo-Tierra.

A partir de este vínculo, que plantea una solución absolutamente correcta como «tarea infinita», habrá de construirse una de las líneas de orientación que conducen al sentido de la vida. Un segundo vínculo reside en la división de la especie en dos sexos.

La conexión entre ambos sistemas de referencia es fácil de entender. Si se consideran periodos de tiempo más largos, la última variación de los seres vivos es el error más pequeño. Y también aquí vale de nuevo lo siguiente: la existencia de dos sexos se presenta ante el hombre como una tarea, cuya solución ha de lograrse en armonía con los demás factores fundamentales de la vida humana. Ambos vínculos, el sistema de referencia terrestre-humano y la dualidad de los sexos, delimitan las muchas posibilidades de conducción de la vida y dan a la vida sentido y dirección. El sentido de la vida ya no puede derivarse, por tanto, de causalidades, y aún menos de ocurrencias privadas fantásticas, sino, como en un problema de aritmética, de la persecución de una meta, de la búsqueda de una solución que, en virtud de sus condiciones, está contenida en la cuenta. Así, el fin del devenir humano se convierte en causa impulsora.

Un tercer vínculo, profundamente determinante, reside en la vida de grupo y de comunidad de los hombres. Y de nuevo observamos la íntima compenetración del sistema de referencia así creado con los resultados de las tensiones derivadas antes. Solo esta Tierra pudo producir el *homo sapiens*; solo la dualidad de los sexos <!-- S. 96 --> que ella le exigía podía prometerle, gracias a la constante mezcla de sangre, favorecida además por el horror al incesto, igualdad de naturaleza e igualdad de valor. Su concordancia social está amenazada mientras se ponga en duda la igualdad de valor del individuo, mientras se imponga dogmáticamente una infravaloración de lo «inferior», una inferioridad de la mujer. Pero el hombre, en su peculiaridad corporal y anímica, está eternamente preso de su vínculo social, y en la solución del problema de una organización suficiente de la comunidad culmina la cuestión del destino del género humano.

Así sujeto al menos por tres vínculos, el género humano avanza viajando de error en error cada vez menor hacia la solución de una tarea que nos ha sido dada, eternamente incomprendida pero que eternamente llama y apremia. En esta tarea se oculta una verdad absoluta. Lo que se aparta de ella con más fuerza está amenazado de exterminio. La búsqueda del individuo está atravesada por la voluntad incomprendida del conjunto, es una fracción ínfima de la fuerza impulsora de la humanidad. No tiene peso lo que él crea comprender de esta corriente de la vida, que también él impulsa o frena. Solo cuenta lo que realiza.

La vida del individuo y del conjunto es siempre un apuntar hacia el futuro. Nuestro presente, un punto de intersección en la evolución eterna, carga con los pesos y las fatigas de un intento de adaptación inacabado y todavía demasiado erróneo. El hombre como centro del acontecer terrenal no tiene salvación. Somos los que responden, y el sentido de nuestra vida reside dentro de nuestros vínculos y de las consecuencias que estos traen y que exigen respuesta.

[^1]: Publicado primero en el *Leuchter*, editorial Reichl, Darmstadt.

[^t1]: En inglés en el original («selección natural»). (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir de la reimpresión en la *Internationale Zeitschrift für Individualpsychologie*, año 3, n.º 2 (Viena, febrero de 1925), págs. 93-96, digitalizada en Internet Archive. Según la nota del autor, el texto apareció primero en *Der Leuchter. Weltanschauung und Lebensgestaltung* (Darmstadt, Otto Reichl), el anuario de la «Escuela de la Sabiduría» de Hermann Keyserling, t. 5 (1924); esa edición no se ha visto. Los comentarios `S. n` del código marcan el comienzo de cada página impresa de la reimpresión.

*Traducción:* traducción íntegra al español, hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Se conservan la división en párrafos y la paginación de la reimpresión. *Gebundenheit* se traduce por «vínculo» y *Bezugssystem* por «sistema de referencia»; *Zweigeschlechtlichkeit* (existencia de dos sexos en la especie) por «división de la especie en dos sexos» o «dualidad de los sexos». Las equivalencias fijas de los términos de la psicología individual se recogen en el glosario del archivo; las adiciones del traductor van entre corchetes.
