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Title: El problema de la «distancia». Sobre un carácter fundamental de la neurosis y la psicosis
Description: Artículo de Adler en el primer número de la Zeitschrift für Individualpsychologie (abril de 1914): describe cómo el nervioso, ante las decisiones que le exige la vida, interpone una «distancia» entre sí y la acción, y la clasifica en cuatro modos (retroceso, detención, duda y vaivén, construcción de obstáculos), con una coda sobre el héroe trágico.
Author: Alfred Adler
URL: https://adler.school/archivo/adler/1914-04%20Das%20Problem%20der%20Distanz
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# El problema de la «distancia».

(Sobre un carácter fundamental de la neurosis y la psicosis.)

Por el Dr. *Alfred Adler*.

La importancia práctica de nuestra *psicología individual* reside sobre todo en la seguridad con que, a partir de la actitud de una persona ante la vida, ante la sociedad y *ante los problemas medios y socialmente necesarios*, pueden reconocerse su plan <!-- S. 9 -->de vida y sus líneas de vida. Dando por supuestas muchas de nuestras concepciones[^1], señalamos el hecho fundamental del «*sentimiento de inferioridad*» como factor impulsor de la vida psíquica de las personas sanas y nerviosas. Asimismo, la «*compulsión a fijarse una meta* y a elevar el sentimiento de la personalidad», un *acto* «*compensatorio*», así como el «plan de vida» que se impone y que ha de garantizar al individuo la consecución de su meta en medio de múltiples «agresiones» y «evasivas», en la línea de la «protesta masculina» o del «miedo a la decisión». También puedo dar por conocida la comprensión de la vida psíquica neurótica y psicótica como el aferrarse a la «ficción directriz», en contraste con el sano, que ha captado su «imagen directriz ideal» solo como algo que «orienta aproximadamente» y como medio. Igualmente, el aspecto de conjunto de la neurosis y la psicosis como un «*aseguramiento*» del sentimiento de la personalidad.

Cómo la incesante aspiración del hombre hacia «*arriba*» impone el progreso de la cultura y crea al mismo tiempo un método de vida en el que todas las posibilidades existentes, junto con las realidades orgánicas, encuentran su aprovechamiento, aunque no su empleo correcto, debería estar lo bastante aclarado para hacer evidente la importancia de lo «*final*» en la vida psíquica frente a los intentos de explicación causal. En particular, la insostenibilidad de la llamada psicología sexual salió a la luz de manera palpable como una de las concepciones fundamentales de nuestra psicología individual: *la conducta sexual del neurótico* entendida *como «símil»* de su plan de vida—, fue recogida tácitamente en los círculos más amplios.[^t1]

En estas investigaciones hemos llegado a conocer, además, la tendencia a la «obtención de placer» como un factor *variable*, en modo alguno directriz, que se inserta por completo en la dirección del plan de vida. Los *rasgos de carácter y los afectos* resultaron ser, en contra de las opiniones casi generales, disposiciones probadas y por ello firmemente arraigadas, destinadas a alcanzar la meta ficticia de la superioridad. Junto con este descubrimiento tenía que caer la doctrina de los «componentes sexuales innatos, las perversiones y la predisposición criminal». El campo común de las psiconeurosis pudimos comprenderlo como el dominio de todos aquellos individuos que, desde <!-- S. 10 --> la infancia —sea a consecuencia de inferioridades orgánicas, sea en el curso de una educación equivocada o de una tradición familiar perniciosa—, han traído a la vida un *sentimiento de debilidad*, junto con los artificios, prejuicios, trucos y exaltaciones, siempre iguales y semejantes, que surgen con el fin de establecer un equilibrio imaginario y subjetivo. Cada rasgo singular y cada movimiento expresivo se muestran así orientados en la dirección de la meta que promete reposo y victoria, de modo que se justifica la afirmación: *Todos los fenómenos neuróticos dejan ver, como presupuestos de su existencia, una ambición que lo sobrepasa todo y, al mismo tiempo, la falta de fe en la fuerza de la propia personalidad,[^t2] — y solo son comprensibles desde estos puntos de vista.*

Los mismos esfuerzos psíquicos excesivos los ha descubierto nuestra escuela en las *fantasías, sueños y alucinaciones* de los pacientes. Siempre resultó como su motivo impulsor: abrir un camino a la tendencia expansiva, o asegurarla frente a peligros, *de manera preparatoria y tanteadora*, al modo de un «como si». Había que tener siempre en cuenta que la segunda intención era la más próxima; la consecuencia de la acción no se sigue necesariamente del acto de la resolución, y al afán de notoriedad le bastan a menudo las consecuencias sociales de la prueba de enfermedad, o la propia imaginación. Hasta qué punto, sin embargo, para el nervioso *toda vivencia no es más que un medio* o un material para obtener, mediante su perspectiva, nuevos impulsos en la dirección de sus líneas neuróticas, lo demostraron el empleo, a menudo simultáneo, de actitudes aparentemente opuestas[^2] —en la *double vie*, en la disociación, en la polaridad, en la ambivalencia—, la falsificación del mundo exterior, que puede llegar hasta el aislamiento, la configuración arbitraria, siempre tendenciosa, de la vida afectiva y sensitiva, junto con las reacciones hacia fuera que de ella se derivan, y el juego concertado, conforme a un plan, de recuerdo y amnesia, de impulsos conscientes e inconscientes, de saber y superstición.

Una vez que se ha obtenido y asegurado la impresión, que nunca falta, de que todo movimiento expresivo psíquico del nervioso lleva en sí dos presupuestos: un sentimiento de no estar a la altura, de *inferioridad*, y una aspiración hipnotizadora, compulsiva, <!-- S. 11 --> hacia una *meta de semejanza con Dios*, entonces ya no engaña la «ambigüedad» del síntoma, señalada ya por v. *Krafft-Ebing*. Esta ambigüedad no fue un obstáculo pequeño en el desarrollo de la psicología de las neurosis; ella ha hecho que sistemas fantásticos y una autolimitación estrecha pudieran dominar la neurología, sistemas de los que los primeros han de medirse por sus contradicciones insolubles, y la segunda por su esterilidad. La escuela de psicología individual está obligada por principio a investigar el sistema de una enfermedad psíquica por los caminos que el propio enfermo ha recorrido. Nuestros trabajos han mostrado cuán grande es la importancia que corresponde al material individual de que dispone el paciente, y más aún a la estimación que hace de él. Por eso la comprensión del individuo y una consideración individualizadora fueron para nosotros una exigencia capital. En cambio, la elaboración de su plan de vida y su rígida exigencia de una superioridad en todos los aspectos ponen de manifiesto la contradicción con las exigencias de la realidad, sacan al enfermo de la naturalidad del obrar y del vivir y lo obligan a responder a las decisiones socialmente medias con la *revuelta de la enfermedad*. Así entra un claro componente de psicología social en la consideración de la neurosis: el plan de vida del nervioso cuenta siempre también con su concepción individual de la sociedad, de la familia y de las relaciones entre los sexos, y deja ver en esta perspectiva suya el presupuesto de su insuficiencia en la vida y de una actitud hostil del prójimo. Que aquí reaparezcan rasgos humanos generales, aunque sin compensación interior y en grado reforzado, nos enseña de nuevo que la neurosis y la psicosis no están lejos de la índole propia de la vida psíquica humana, que han de considerarse como *variantes*. Si alguien quisiera negar este hecho, tendría que rechazar al mismo tiempo, para ahora y para siempre, la posibilidad de comprender los fenómenos psicopatológicos, puesto que para investigarlos solo disponemos de los medios de la vida psíquica normal.

Si uno se atiene a la línea del nervioso que nuestra escuela ha establecido como determinante, la cual, partiendo de un sentimiento de inferioridad, apunta hacia «arriba», resulta como criatura nerviosa híbrida de ambos estados afectivos un perpetuo «ir y venir», un «a medias», la actitud de una *exaltación impotente*, de la que la mayoría de las veces <!-- S. 12 --> se manifiestan con más claridad los rasgos de la impotencia o los de la exaltación. Como en la duda nerviosa, o en la neurosis obsesiva, o en la fobia, el efecto final es una «nada» o casi una nada; en el mejor de los casos, la preparación de una situación que parece difícil y de una legitimación por la enfermedad, a cuyo arreglo parece ligada a veces —en los casos más favorables— la acción del paciente. Veremos por qué razones.

Este singular proceso, que parece demostrable siempre en todas las neurosis y, entre las psicosis, en la melancolía, la paranoia y la demencia precoz, lo he descrito detalladamente como la «*actitud vacilante*». Circunstancias favorables me permiten profundizar todavía un poco esta concepción.

En efecto, si se sigue la línea de vida de un paciente en la dirección que hemos indicado y se comprende cómo, a su manera individual (lo que simplemente quiere decir: valiéndose de experiencias individuales y de una perspectiva personal), ahonda su sentimiento de inferioridad, *pero se exime de la responsabilidad* atribuyéndolo a la herencia o a la culpa de los padres o de otros factores—; si se reconoce además, por su actitud y sus artificios, la exigencia de una superior ausencia de faltas, entonces uno se ve sorprendido regularmente al ver que el nervioso, *en un punto determinado de su agresión*, se aparta de la dirección que cabía esperar de su acción. Para mayor claridad describiré un modo cuádruple, que llama la atención cada vez porque el paciente se pone con seguridad a interponer en ese punto una «*distancia*» entre sí y la acción o decisión esperada. Allí transcurre casi siempre todo el trastorno que se nos presenta exteriormente como síntoma o como enfermedad neurótica. A la vez que esta distancia tendenciosa, que muy a menudo se manifiesta *también en un movimiento expresivo corporal*, el enfermo configura en grado diverso su aislamiento del mundo y de la realidad. Todo neurólogo podrá insertar fácilmente este cuadro en sus experiencias, sobre todo si tiene presentes sus múltiples gradaciones.

I. *Movimiento de retroceso*. — Suicidio, intento de suicidio; casos graves de agorafobia con gran distancia; desmayo, ataques psicoepilépticos; eritrofobia obsesiva y neurosis obsesivas graves; asma nerviosa; migraña y dolores histéricos graves; parálisis histéricas; abulia; mutismo; fuertes ataques de angustia de todo tipo; <!-- S. 13 --> rechazo de alimentos; amnesia; alucinaciones; psicosis; alcoholismo, morfinismo, etc.; vagabundeo e inclinación al delito. Los sueños de angustia y de caída, y también los criminales, son frecuentes y muestran en acción la previsión desmesurada: ¡lo que *podría* llegar a ocurrir! El concepto de coacción exterior se amplía de modo gigantesco, y toda exigencia social, e incluso humana, se rechaza con una susceptibilidad desmesurada. En los casos graves de este grupo, toda actividad útil queda impedida. La legitimación por la enfermedad sirve, naturalmente, también de modo positivo para imponer la propia voluntad, que, también de manera negativista, sale victoriosa frente a las exigencias socialmente medias. Esto vale también para las tres categorías siguientes.

II. *Detención*. — Es como si se hubiera trazado un *círculo mágico* alrededor del enfermo que le impide acercarse más a los hechos de la vida, mirar la verdad a la cara, admitir una prueba o una decisión sobre su valor. Las tareas profesionales, los exámenes, la sociedad y las relaciones amorosas y matrimoniales dan, en cuanto surgen como cuestiones de la vida, la ocasión actual. La angustia, la debilidad de memoria, los dolores, el insomnio con la consiguiente incapacidad para el trabajo, los fenómenos obsesivos, la impotencia, la *ejaculatio praecox*, la masturbación y las perversiones absolutamente perturbadoras, el asma, las psicosis histéricas, etc., son los arreglos de seguridad para evitar el paso de la frontera. Lo mismo los casos menos graves de la primera categoría. Los sueños de estar inhibido y de no poder alcanzar algo, así como los sueños de examen, son frecuentes y representan a menudo de manera plástica la línea de vida del paciente, y cómo se interrumpe en un punto determinado y construye la «distancia».

III. *La duda y un «ir y venir» mental o activo* aseguran la distancia y terminan con la invocación de las enfermedades antes citadas, de la duda, que a menudo va unida a ellas, o de un «demasiado tarde». Claros esfuerzos por *perder el tiempo*. — Campo fecundo para las neurosis obsesivas. Las más de las veces se encuentra el siguiente mecanismo: primero se crea una dificultad y se la *santifica*; luego se intenta superarla. La compulsión de lavarse, la pedantería enfermiza, el miedo al contacto (también como expresión espacial del arreglo de la distancia), el llegar tarde, el volver sobre caminos ya recorridos, el destruir trabajos empezados (¡Penélope!) o el dejar siempre un *resto*, etc., se encuentran con mucha frecuencia. Igual de a menudo se ve un aplazamiento del trabajo o de la decisión bajo <!-- S. 14 --> la compulsión «irresistible» a ocuparse en cosas sin importancia, a divertirse, hasta que es demasiado tarde. O bien, poco antes de la decisión, sobreviene una dificultad, construida casi siempre (por ejemplo, el miedo escénico). Esta conducta muestra un claro parentesco con la última categoría, con la sola diferencia de que en los casos anteriores la decisión aún se impide. Tipo frecuente de sueño: de algún modo, un ir y venir o un llegar tarde, como tentativa tanteadora del plan de vida. La superioridad y el aseguramiento del paciente resultan de una ficción que a menudo se expresa o queda sin expresar, pero que nunca se comprende. ¡El paciente «lo dice, pero no lo sabe»! Empieza con una «oración condicional»: «Si yo no tuviera… (este padecimiento), sería el primero». Es comprensible que no se separe de esta mentira vital mientras mantenga su plan de vida. Por regla general, la oración condicional contiene una condición imposible de cumplir o el arreglo del paciente, sobre cuya modificación solo él dispone.

IV. *Construcción de obstáculos, junto con su superación, como indicio de la distancia.* Casos más leves, que siempre actúan de algún modo también en la vida y a veces brillan. A veces se desarrollan a partir de los más graves, espontáneamente o con la ayuda de alguna cura médica. En tal caso, las más de las veces el médico y el paciente comparten la creencia de que todavía ha quedado un «resto» de la enfermedad. Ese «resto» no es otra cosa que la antigua «distancia». Solo que ahora el paciente la emplea de otro modo, con un sentido de comunidad más fuerte. Si antes se creaba la distancia para interrumpir, ahora lo hace para superarla. El «sentido», la meta de esta actitud, es ahora fácil de adivinar: el paciente está *a cubierto* ante su propio juicio y, casi siempre, también en la estimación de otras personas por lo que respecta a su amor propio y a su prestigio. Si la decisión le es adversa, puede invocar sus dificultades y la prueba de enfermedad (construida por él). Si sale victorioso, ¡qué no habría conseguido estando sano, cuando tanto rinde como enfermo, por así decirlo con una sola mano! — Los arreglos de esta categoría son: estados leves de angustia u obsesivos, cansancio (¡neurastenia!), insomnio, estreñimiento y molestias gástricas e intestinales que quitan fuerza y tiempo y exigen además un régimen pedante y que consume mucho tiempo, dolores de cabeza, debilidad de memoria, irritabilidad, cambios de humor, exigencias pedantes de sometimiento del entorno y una continua preparación de <!-- S. 15 --> conflictos con él, masturbación y poluciones con conclusiones supersticiosas, etc. — El paciente se pone siempre a prueba para ver si es apto, pero llega, consciente o sin decírselo, al resultado de una insuficiencia morbosa. A menudo este resultado está implícito, pero es fácil de comprender, precisamente en aquel arreglo neurótico que el plan de vida del paciente protege. Una vez que la distancia está lista, el paciente puede permitirse también invocar su «otra voluntad» o luchar contra su propia actitud. Su línea se compone entonces precisamente de: arreglo inconsciente de la distancia + lucha más o menos infructuosa contra él. No hay que desconocer que la lucha del paciente contra su síntoma, y además su queja, su desesperación y sus eventuales sentimientos de culpa, en el estadio de la neurosis desarrollada, *son ante todo adecuados para hacer resaltar con fuerza la importancia del síntoma a los ojos del enfermo y de su entorno.*

Para terminar, subrayemos todavía que en estos métodos neuróticos de vida toda *responsabilidad* respecto del éxito de la personalidad *parece* suprimida. En qué medida mucho mayor interviene este factor en las psicosis es algo que intentaré exponer próximamente.

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Concuerda plenamente con las concepciones de nuestra escuela de psicología individual que la analogía con la conducta de las personas sanas resalte con fuerza. En cada uno de estos tipos, su conducta psíquica ha de entenderse, en última instancia, como una respuesta conforme a un plan, dada a las cuestiones de la vida social. Como presupuestos y aseguramientos inmanentes encontramos entonces regularmente: un plan de vida que tiende a la unidad y que cuenta con una autoestimación tendenciosa, con una meta de superioridad y con artificios psíquicos que —a su vez en una trabazón unitaria— han surgido de una perspectiva infantil.

No menos convincente es la semejanza de nuestros tipos con las figuras de los mitos y de la poesía. No hay en ello nada sorprendente. Todos ellos son creaciones de la vida psíquica humana y han sido engendrados con las mismas formas y medios de intuición. Y se han influido mutuamente. En la línea de vida de todas estas figuras artísticas vuelve a encontrarse el rasgo de la «distancia», con la mayor claridad <!-- S. 16 --> en la figura del héroe trágico, en la que interviene como peripecia, a la que se une la «actitud vacilante». Esta «técnica» está visiblemente tomada de la vida, y la idea de la «culpa trágica» apunta con intuición clarividente a la vez a la actividad y a la pasividad, al «arreglo» y a la subyugación por el plan de vida. No solo un destino, sino sobre todo un vivir conforme a un plan, se nos ofrece en la aparición del héroe, cuya responsabilidad se ha extinguido *solo en apariencia*, pero en realidad subsiste, *porque desoyó la pregunta, eternamente apremiante, sobre su inserción en las exigencias sociales.*

Así, a todo el que busca caminos nuevos, ajenos a la comunidad, le amenaza el peligro acrecentado de perder el contacto con la realidad. El juego contrapuesto de ambición e inseguridad, común a todos estos tipos, hace aflorar en su vida la peripecia y los inmoviliza en su distancia individual respecto de la decisión.

[^1]: Véase, por ejemplo, Adler, *Über den nervösen Charakter* [El carácter nervioso], Bergmann, Wiesbaden, 1912, y *Adler-Furtmüller*, *Heilen und Bilden* [Curar y educar], E. Reinhardt, Múnich, 1914.

[^2]: ¿Es realmente tan difícil comprender la «apariencia» en la llamada introversión y en su contrario, y entender ambas como medios?

[^t1]: La frase es defectuosa en el original («trat dabei sinnfällig zutage als eine der Grundanschauungen unserer Individualpsychologie: das sexuelle Verhalten des Neurotikers als „Gleichnis“ seines Lebensplanes verstanden —, im weitesten Umkreis stillschweigend aufgegriffen wurde»): parece fundir dos redacciones. El sentido es que, al quedar patente la insostenibilidad de la psicología sexual, una de las concepciones fundamentales de la psicología individual —entender la conducta sexual del neurótico como símil de su plan de vida— fue adoptada tácitamente por muchos. Se traduce respetando su forma. (N. del T.)

[^t2]: El original dice «der eignenden Persönlichkeit», errata evidente por *eigenen* («propia»). (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del ejemplar digitalizado publicado en Internet Archive: Alfred Adler, «Das Problem der „Distanz“. (Über einen Grundcharakter der Neurose und Psychose.)», *Zeitschrift für Individualpsychologie*, vol. I, cuaderno 1, abril de 1914, págs. 8-16. Reimpreso en *Praxis und Theorie der Individualpsychologie* (1920), cap. VIII. Los comentarios `S. n` del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.

*Traducción:* traducción íntegra al español, hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Se conservan las divisiones, las cursivas (que reproducen el espaciado del original) y la paginación original. *Distanz* se traduce por «distancia», *zögernde Attitüde* por «actitud vacilante», *Arrangement* por «arreglo», *Gemeinsinn* por «sentido de comunidad» (distinto de *Gemeinschaftsgefühl*, «sentimiento de comunidad»), *Krankheitslegitimation* por «legitimación por la enfermedad», *gesellschaftlich durchschnittlich* por «socialmente medio» y *Hexenkreis* por «círculo mágico». Las demás equivalencias siguen el glosario del archivo; las notas del traductor van señaladas como «N. del T.».
