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Title: Sobre el papel del inconsciente en la neurosis
Description: Artículo de 1913 en el que Adler sostiene que el nervioso se sirve del inconsciente como de un artificio: la meta ficticia de superioridad y sus derivados se sustraen a la conciencia para poder seguir actuando sin poner en peligro el sentimiento de la personalidad; lo apoya en Vaihinger y lo ilustra con tres casos (agorafobia, el sueño de una joven que quería convertirse en hombre y el de un paciente en lucha encubierta con su hermano).
Author: Alfred Adler
URL: https://adler.school/archivo/adler/1913-01%20Zur%20Rolle%20des%20Unbewussten%20in%20der%20Neurose
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# Sobre el papel del inconsciente en la neurosis.

Por el Dr. Alfred Adler, Viena.

Nuestra comprensión de las cuestiones particulares de la psicología de las neurosis está tan ligada al modo individual de consideración, que puede afirmarse: *la hipótesis de trabajo, aunque surgida de conocimientos particulares, da una imagen de la amplitud de miras y de los límites del conocimiento del investigador.* Y ello hasta tal punto que así se explica cómo se llega a concepciones, valoraciones y supuestos diferentes, cómo una escuela realza o atenúa este punto de sus exposiciones y otra aquel, cómo a uno se le escapa la importancia de un material de observación allí donde otro confiere especial dignidad a lo inesencial. Quien defiende una doctrina formulada difícilmente puede ser hecho vacilar[^1], a no ser que llegue a ser consciente de sus contradicciones internas. En general se comporta como un paciente nervioso que no admite un cambio de su plan de vida mientras no ha reconocido su ideal inconsciente de grandeza y lo ha rechazado por irrealizable.

A diferencia de algunos otros autores, quisiera animar al lector a examinar las páginas que siguen aplicándoles también esta consideración. La psicoterapia es una profesión artística. El autoanálisis —más valioso es captar la propia línea de vida—, comparable acaso al autorretrato, no ofrece garantía alguna de una investigación «sin supuestos», ya solo porque se lleva a cabo a su vez con los medios, por desgracia limitados, de la personalidad (o de dos personalidades) y porque la perspectiva individual no permite considerarse a sí mismo ni a los demás de otro modo que individualmente. Emplear argumentos personales, es decir, distintos de los usuales en la ciencia, para juzgar las concepciones psicoterapéuticas es, por tanto, un abuso que solo se explica por la juventud de nuestra disciplina y que tampoco debería encontrar eco a la larga.

En la práctica psicoterapéutica, estos límites de la individualidad no estorban ni mucho menos tanto. Si el nervioso fracasa bajo la presión de la realidad, el médico le enseña a confrontarse con la realidad.

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El choque entre paciente y médico impide una y otra vez que el neurótico se mueva en la ficción. Y mientras el paciente cree luchar por su superioridad, el médico le remite a la unilateralidad y rigidez de su actitud[^2].

La mayor dificultad de la cura resulta ser que el paciente, aunque comprende el mecanismo neurótico, mantiene sin embargo en parte sus síntomas. Hasta que se descubre un nuevo artificio neurótico, quizá el de más peso: *el paciente se sirve del inconsciente* para poder seguir, con sus viejas disposiciones y síntomas y a pesar del esclarecimiento, la vieja meta de la superioridad. Y con esta constatación volvemos a estar en la línea de los esclarecimientos con los que, en mi obra «Über den nervösen Charakter» [Sobre el carácter nervioso][^3], he expuesto descriptivamente el plan de vida neurótico. La psique nerviosa, para poder siquiera aspirar a su meta exagerada, se ve obligada a recurrir a artificios y fintas. *Uno de estos artificios es el desplazamiento de la meta, o de una meta sustitutiva, al inconsciente.* Si esta meta está contenida como «moraleja» en una vivencia o en una fantasía, también estas pueden caer en la amnesia por entero o hasta el punto de que la meta final ficticia quede velada en ellas.

No es más que otra forma de expresarlo, y por lo demás se sigue lógicamente de estas constataciones, si subrayo que esa misma meta, o fragmentos de vivencias y fantasías ligados a ella, son accesibles a la conciencia en la medida y en la forma en que favorecen el logro del ideal de la personalidad y no lo estorban. La significación biológica de la conciencia, como la de la parte descrita del inconsciente, reside, pues, en hacer posible la acción según un plan de vida orientado unitariamente. Esta concepción coincide en parte con las importantes doctrinas de *Steinthal*, *Vaihinger* y *Bergson*[^4], y apunta a la cualidad de la conciencia, surgida del instinto y adaptada a los fines de la agresión.

También la representación consciente que obedece al ideal neurótico exagerado es, pues, *en la cualidad de su conciencia, un artificio de la psique*, como se desprende claramente del análisis de las ideas sobrevaloradas, del delirio, de la alucinación[^5] y, sobre todo, de las psicosis. Toda manifestación consciente de la psique nos remite, por tanto, a la meta final ficticia inconsciente del mismo modo que el impulso inconsciente, siempre que se la entienda correctamente. La manida expresión de «conciencia superficial» solo puede engañar a quien aún no conoce esta conexión. La frecuente oposición entre impulsos conscientes e inconscientes es solo una oposición de medios, irrelevante en cambio para el fin último de la elevación de la personalidad, para la meta ficticia de la semejanza con Dios.

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Pero este fin último, y toda transformación exagerada de su forma, tiene que permanecer en el inconsciente si, por su abierta oposición a la realidad, hiciera imposible la acción según la línea directriz neurótica. Allí donde la cualidad de consciente se hace necesaria como medio de la vida, como aseguramiento de la unidad de la personalidad y como aseguramiento del ideal de la personalidad, aparece también en la forma y extensión adecuadas. Incluso la meta ficticia, el plan de vida neurótico, puede aparecer en parte en la conciencia cuando este proceso es apto para producir una elevación del sentimiento de la personalidad. Así sucede sobre todo en la psicosis. Pero en cuanto la meta neurótica pudiera anularse a sí misma al hacerse consciente, forma el plan de vida desde el inconsciente.

Estos hallazgos, obtenidos de los hechos de los fenómenos neuróticos, encuentran su confirmación teórica en una conclusión que —aunque no se formule expresamente— se desprende de las doctrinas fundamentales de *Vaihinger* sobre la esencia de la ficción[^6]. En una síntesis grandiosa, este genial investigador concibe la esencia del pensamiento como un medio para dominar la vida, que trata de alcanzar su fin con el artificio de la ficción, una idea teóricamente sin valor pero prácticamente necesaria. Si hizo falta esta profunda concepción de la esencia de la ficción para familiarizarnos del todo con los artificios de nuestro pensamiento —una comprensión que transformará en consecuencia nuestra concepción del mundo—, en el hecho mismo de un «descubrimiento» queda ya indicado que también la ficción directriz pertenece al inconsciente y que su emergencia a la conciencia puede ser para su fin en parte superflua, pero en parte también un estorbo.

En este hecho puede apoyarse la psicoterapia, trayendo a la conciencia la idea directriz de grandeza y haciendo así imposible su eficacia para la acción. En consecuencia, se mostrará a continuación que solo la idea directriz *inconsciente* de la personalidad hace enteramente posible el sistema neurótico[^7].

I. Una sobrina de una paciente deja su empleo en el negocio. La paciente teme que esta sea —aunque antes la tenía en muy poco— insustituible. Se lamenta de que nunca termina, duda si debe contratar a tal o cual persona. El marido no sirve para nada. La señorita es un loro. Se le oye entre líneas: «¡Solo yo, yo, yo!» y: «¡si no fuera por mí!»...

La mujer padece agorafobia. Es decir: no puede salir. Pero ¿cómo iba a poder salir, si siempre «tiene que ponerse en el escaparate»? Se asegura mediante la agorafobia para quedarse en casa y demostrar que es insustituible. Padece dolores en las piernas. Toma 3-4-5 gramos de aspirina al día. Por la noche se despierta a menudo de dolor, toma polvos, piensa en asuntos del negocio, y eso varias veces en una noche. Tiene dolores para poder pensar en el negocio incluso de noche. El ideal de grandeza exagerado de esta paciente —ser hombre, reina, la primera en todas partes— solo puede ser eficaz mientras siga siendo inconsciente. Recuerdos de la infancia, de lo mejor que lo tenían los chicos, <!-- S. 172 --> coinciden con su opinión actual de que las mujeres son inferiores.

II. Sueño de una muchacha de 26 años que vino a tratarse por accesos de ira, ideas de suicidio y fugas.

«Me parecía como si estuviera casada. Mi marido era un señor moreno, de estatura mediana. Yo dije: Si no me ayudas a alcanzar mi meta, probaré todos los medios, incluso contra tu voluntad.»

La meta de la infancia, que había sido inconsciente para la paciente, era: convertirse en hombre. (Véase *Kainos*, *Ovidio*)[^8] [^t1].

Esta meta no era inconsciente en la infancia, aunque para la niña no significaba todo lo que nosotros vemos en esta formulación. Mejor dicho: la niña no podía captar con plena claridad su significado psicológico y social. Pero se manifestaba en una fiereza particular, exagerada, en un impulso casi compulsivo de ponerse ropa de chico, de trepar a los árboles, de elegir en los juegos infantiles el papel del hombre y de asignar a los chicos —para mantener el principio de la metamorfosis— papeles femeninos.

Nuestra paciente era una niña lista y pronto reconoció que su ficción directriz era insostenible. Entonces ocurrieron dos cosas: 1. Llegó a una transformación de la forma de la ficción, que ahora decía: *¡Todos tienen que mimarme!* Reducida a la línea de fuerza: tengo que dominar a todos, atraer sobre mí el interés de todos. 2. Olvidó, reprimió su idea directriz original, *para poder seguir conservándola.* Este artificio de la psique es sumamente importante. Apenas necesito mencionar que nunca se trata en ello de la represión de impulsos sexuales o de «complejos» al inconsciente, sino siempre solo de que se vuelvan inconscientes aspiraciones de poder que proceden del ideal directriz de la personalidad, ficciones que en interés de este tienen que mantenerse de tal modo que queden sustraídas a una aplicación consciente y, con ello, a una puesta a prueba y a un menoscabo. Así se asegura el ideal de la personalidad para no disolverse, para que no se pierda la unidad de la personalidad, buscada por encima de todo y necesaria para vivir: *velando sus ficciones, sustrayéndolas a la conciencia.*

III. Sueño de un paciente que vino a tratarse conmigo por un intento de suicidio, por ineptitud y torpeza, por fantasías sádicas y perversiones, por masturbación compulsiva y por ideas de persecución:

«Le comuniqué a mi tía que con la señora P. ya había terminado. Conozco todos sus rasgos de carácter, buenos y malos, y los enumeré. La tía respondió: te has olvidado de un rasgo: del afán de dominio.»

La tía es una mujer de réplica rápida, algo sarcástica. La señora P. había jugado con el paciente un juego con el que lo puso fuera de sí. Le mostraba con su actitud que lo menospreciaba y lo rechazaba, para atraerlo de nuevo hacia sí al cabo de un tiempo. Para el paciente, naturalmente, pesaban más las humillaciones. Estas eran, <!-- S. 173 --> como para la mayoría de los nerviosos las derrotas, solo motivos para aferrarse a ese asunto, a fin de provocar al fin un vuelco y llegar a dominar la situación. El sentimiento de inferioridad irritado, exacerbado, busca una sobrecompensación, y es un rasgo típicamente nervioso que tales pacientes nunca se desprendan de las personas que les han infligido una derrota. La comprensión de este carácter nos resuelve todo el secreto de la neurosis.

En la literatura se valoran rasgos semejantes como masoquistas. En el trabajo «Die psychische Behandlung der Trigeminusneuralgie» [El tratamiento psíquico de la neuralgia del trigémino] (Zeitschr. f. Psychoanalyse, 1910) ya aclaré este error desconcertante. Solo puede hablarse de rasgos seudomasoquistas. Pues sirven, igual que el sadismo, al afán de superioridad, *y solo parecen opuestos, ambivalentes, mientras no se sabe que ambas formas de vida aspiran con igual valor a la misma meta.* Son opuestos solo para el observador, no para el enfermo, ni en la consideración desde el punto de vista de un plan de vida neurótico correctamente entendido.

El paciente tenía desde siempre una inclinación extraordinariamente fuerte a una consideración analítica del mundo y de los hombres. Como tantas veces, este rasgo procedía de una fuerte tendencia a la desvalorización. El neurótico analizador actúa literalmente según la consigna: *divide et impera*. Disuelve las conexiones a menudo más atractivas y obtiene luego una mezcla sin valor de clichés. *Ecce homo!* Pero ¿es esto realmente el hombre? ¿Una psique real, viva?

Sarcástico como la tía quisiera ser el propio paciente. Pero solo tiene ingenio de escalera y nunca encuentra una réplica rápida. Esta «actitud vacilante» se la debe, desde luego, a su plan de vida, que le obliga a dar toda respuesta de tal modo que el «adversario» —y todos son en el fondo adversarios suyos— quede aniquilado, o a no responder en absoluto o tan deficientemente que él y sus allegados saquen la impresión de que hay que tratarlo con delicadeza y ayudarle en todo.

El día antes del sueño, el paciente estaba bajo la impresión de una conversación con su hermano mayor, con quien nunca se había sentido a la altura. El hermano le prometió que se esforzaría una vez más por él y le conseguiría por última vez un empleo. Pero hacer fracasar tales empresas del hermano más fuerte había sido precisamente la especialidad de nuestro paciente. Y su tratamiento se hizo necesario porque había hecho un intento de suicidio poco después de haber dado las gracias al hermano por haberle conseguido un empleo. Cuando un día el hermano le reprochó lo mal vestido que iba, soñó que llevaba un traje nuevo sobre el que había derramado tinta. Si se conoce la situación psíquica de un paciente, también sus sueños resultan fáciles de entender sin mucho trabajo de interpretación. Vemos que pensamientos y acciones anticipadas apuntan a privar al hermano de su valía, a anular por la espalda y en secreto su influencia y sus logros. Y con todo, nuestro paciente es un tremendo ético y moralista.

La *tendencia a la desvalorización* dirigida contra el hermano trabaja, pues, encubierta, en el inconsciente, por así decirlo. *No obstante,* <!-- S. 174 --> *consigue más de lo que podría lograr en la conciencia.*

De dónde procedía es fácil de decir: es un derivado de la idea exagerada de grandeza del paciente. ¿Por qué trabaja en el inconsciente? *¡Para* poder trabajar siquiera! Pues el ideal de la personalidad de nuestro paciente sufriría un menoscabo con un querer de esa clase, *conscientemente* denigrante e injurioso; *el paciente se sentiría inferior.* ¡De ahí el rodeo, de ahí los rasgos de carácter de la torpeza y la ineptitud, las finezas y refinamientos de una inferioridad ejercida en la profesión y en la vida! ¡De ahí también el intento de suicidio en el caso extremo y la amenaza secreta de repetirlo, para reforzar la presión contra el hermano! ¡Para aumentar su tensión, para privarle de los frutos esperados de sus esfuerzos!

De ahí derivamos la proposición, de suma importancia práctica: podemos considerar la acción neurótica como si obedeciera, igual que en lo consciente, *a una meta*. Y, para concluir provisionalmente, podemos afirmar: *el carácter inconsciente de una ficción*, de una vivencia moralizante o de un recuerdo, se produce como un artificio de la psique cuando el sentimiento de la personalidad y la unidad de la personalidad se verían amenazados si aquellos se hicieran conscientes.

«¡No olvidarse del afán de dominio!», reza *mi* advertencia al paciente. En el sueño se me pone en la misma línea que la tía, así como al hermano con la señora P., que siempre fue superior. Esta feminización de dos hombres ocurre bajo el mismo impulso de desvalorización del que se habló antes. Pero en el sueño el paciente ya se amonesta a sí mismo, con las palabras de la tía, es decir, con mis palabras, lo cual hasta ahora era tarea mía y es, en general, la tarea más importante del psicoterapeuta. Se ve el estadio actual de la neurosis: responde a la humillación sufrida por parte del hermano con la desvalorización del hermano. Entonces se llama al orden, como yo lo hacía antes.

Al día siguiente escribió a su hermana una carta que había dudado en escribir. Por primera vez se queja abiertamente de la arrogancia del hermano. Al final añadió, eso sí, que guardara la carta en secreto. La lucha abierta le parece todavía demasiado difícil, porque pondría al descubierto el secreto afán de dominio del paciente.

[^1]: Véase *Furtmüller*, Psychoanalyse und Ethik [Psicoanálisis y ética], E. Reinhardt, Múnich 1912.

[^2]: Véase también este Zentralblatt, año I, cuaderno 5: *Adler*, «Zur Lehre vom Widerstand» [Sobre la doctrina de la resistencia].

[^3]: Editorial J. F. Bergmann, Wiesbaden 1912.

[^4]: *Paul Schrecker*, Bergson's Philosophie der Persönlichkeit [La filosofía de la personalidad de Bergson]. E. Reinhardt, Múnich, 1912.

[^5]: *Adler*, Neurologische Betrachtung über *Berger's* «Hofrat Eysenhardt» [Consideración neurológica sobre «El consejero áulico Eysenhardt», de Berger]. Zeitschr. f. mediz. Psychologie und Psychotherapie, 1913. (Aparecerá próximamente.)

[^6]: *Vaihinger*, Die Philosophie des Als-Ob [La filosofía del como si], Reuter u. Reichardt, Berlín 1911.

[^7]: La oposición a la concepción de *Freud* salta a la vista. La relación de mi hallazgo con el síntoma de *Ganser* requiere todavía discusión.

[^8]: Esta valiosa indicación se la debo al señor profesor *Oppenheim*, de Viena.

[^t1]: Adler escribe «Kainos»: se refiere a Ceneo (Kaineus), la joven Cénide de las *Metamorfosis* de Ovidio (XII, 189-209), a la que Neptuno convirtió en hombre a petición suya. El profesor Oppenheim de la nota 8 es probablemente el filólogo clásico vienés David Ernst Oppenheim. (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del *Zentralblatt für Psychoanalyse. Medizinische Monatsschrift für Seelenkunde* 3 (1912/13), cuad. 4/5 (enero de 1913), págs. 169-174 (Internet Archive). Los comentarios `S. n` del código marcan el comienzo de cada página impresa del original. Adler lo reimprimió en *Praxis und Theorie der Individualpsychologie* [Práctica y teoría de la psicología individual], Múnich/Wiesbaden, J. F. Bergmann, 1920, cap. XIX, págs. 158-163; allí lleva la indicación (1913.) (reimpresión no cotejada); véase la página del [libro](https://adler.school/archivo/adler/1920%20Praxis%20und%20Theorie%20der%20Individualpsychologie).

*Traducción:* traducción íntegra al español, hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Se conservan la numeración de los casos, las cursivas (que reproducen el espaciado del original), las notas del autor y la paginación original. Las equivalencias de los términos de la psicología individual siguen el glosario del archivo (*Lebensplan*, plan de vida; *Leitlinie*, línea directriz; *leitende Fiktion*, ficción directriz; *Persönlichkeitsideal*, ideal de la personalidad; *Sicherung*, aseguramiento; *zögernde Attitude*, actitud vacilante; *Entwertungstendenz*, tendencia a la desvalorización). Las notas del traductor van marcadas «(N. del T.)».
