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Title: Sobre el suicidio, en especial el suicidio de escolares (prólogo e intervención en la discusión)
Description: Prólogo que Adler firma en nombre de la Asociación Psicoanalítica de Viena para su primer cuaderno de discusiones (1910) y su intervención en el debate sobre el suicidio de escolares: el suicidio solo puede comprenderse individualmente; nace, como la neurosis, de un sentimiento de inferioridad infantil exacerbado y de la protesta masculina, como acto de venganza y salvaguardia frente a las derrotas de la vida.
Author: Alfred Adler
URL: https://adler.school/archivo/adler/1910%20%C3%9Cber%20den%20Selbstmord%2C%20insbesondere%20den%20Sch%C3%BCler-Selbstmord%20%28Vorwort%20und%20Diskussionsbeitrag%29
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<!-- Del cuaderno colectivo se traducen solo los dos textos de Adler: el prólogo que firma en nombre de la Asociación y su intervención (n.º VII) en la discusión. -->

## Prólogo

<!-- S. 3 -->

La publicación de las «Discusiones psicoanalíticas de Viena» persigue en primer lugar el fin de abordar ante un círculo más amplio de médicos, psicólogos y pedagogos problemas psicológicos que interesan al bien público, desde el punto de vista que resulta de seguir el *método psicoanalítico*. La Asociación, como editora, es plenamente consciente de los defectos de una publicación de este tipo frente a una exposición cerrada. Consisten sobre todo en que, unas veces, resultados divergentes aparecen en armonía uno junto a otro y se ofrecen a la vez al lector, y otras, ciertas cuestiones particulares del tema no parecen subrayadas en su pleno valor. Pero si lo primero puede caracterizar el diverso estado de la experiencia psicoanalítica y lo segundo residir en la naturaleza de la discusión, difícil de remediar incluso con una elaboración posterior de la palabra hablada, las ventajas de esta clase de publicaciones son tan evidentes que pueden justificar la decisión de la Asociación. Ante todo, se conserva la conexión inmediata con los resultados del psicoanálisis, pues cada autor se ve obligado a recurrir a sus experiencias personales. Por otra parte, la expectativa de una crítica inmediata obra, de otro modo que cuando se escriben libros, en favor de una estricta disciplina del pensamiento. Hasta qué punto lo han logrado los colaboradores, y si la inmediatez del efecto oratorio puede reflejarse al menos en parte en un escrito, es algo que debe decidir el lector.

Desde hace unos siete años, un círculo de médicos y psicólogos de Viena que se ha impuesto la tarea de cultivar el psicoanálisis intercambia sus experiencias en veladas semanales de discusión. Este círculo partió de los trabajos de *Breuer* y de *Freud*, y a él se debe en primer lugar el desarrollo del método y de las experiencias del psicoanálisis. Desde entonces el psicoanálisis ha encontrado viveros en todas las regiones del mundo. El número de colaboradores es ya hoy considerable y crece con rapidez. Y tenemos buenas razones para esperar que, <!-- S. 4 --> a pesar de los esfuerzos convulsos de algunos inquisidores aislados, veremos en poco tiempo en nuestro campo a las cabezas críticas. En cuestiones de ciencia no queremos ser considerados ni examinados en virtud de la fe y la autoridad, sino que exigimos una crítica y una comprobación honradas.

La novedad de nuestra ciencia permite las siguientes observaciones sobre la naturaleza del «método psicoanalítico». Aplicado primero por *Breuer* para el tratamiento de las enfermedades nerviosas, fue desarrollado después por *Freud* y su escuela, y ofrece hoy un instrumento para esclarecer en dos direcciones los fenómenos psíquicos de los sanos y de los enfermos y hacer consciente su mecanismo inconsciente: 1. *en dirección genética, es decir, descubrir las fuentes de un acontecer psíquico final y seguir sus fases de desarrollo;* 2. *en dirección dinámica, es decir, establecer la correlación en la vida instintiva, ya sea de los instintos entre sí, ya sea de los instintos con las tensiones del mundo exterior, así como la configuración compensatoria de la vida instintiva y su perturbación en la superestructura psíquica. El efecto terapéutico consiste, pues, en que se llevan a la conciencia actitudes psíquicas inconscientes del individuo, donde en parte se revelan superadas por el desarrollo, o bien exageradas y corregibles.*

El método psicoanalítico se sirve de las ocurrencias y comunicaciones del paciente para construir, mediante la descomposición y reducción sistemáticas de los fenómenos psíquicos finales, la situación patógena más simple, común a todos los síntomas. La exactitud de este resultado puede demostrarse cada vez, pues a la situación patógena de la infancia que se presupone corresponde la real, que poco a poco se recuerda por entero. Los requisitos para el manejo de este método son: un conocimiento exacto de la psique infantil y de su desarrollo, incluido el del instinto sexual, y el arte de negar a las propias líneas de pensamiento toda influencia sobre la investigación y dejarse guiar, en cambio, por la vida mental y afectiva del paciente. Lo demás, desde luego, han de ponerlo la formación y la sensibilidad psicológica.

Si esto se encuentra en esta primera discusión, y en qué medida, es algo que decidirá el benévolo lector.

*Viena,* 26 de junio de 1910.

Por la Asociación:
**Dr. Alfred Adler.**

## VII.

<!-- S. 44 -->

Dr. med. *Alfred Adler:*

No se trata en modo alguno de negar el valor de las encuestas estadísticas, mientras se dirijan a trazar un cuadro de la acumulación de los casos de suicidio y de las circunstancias que los acompañan. Pero extraer conclusiones, ya sea sobre la individualidad psíquica, ya sobre los motivos del suicidio, es imposible sobre la sola base de la estadística. Fácilmente se llegará así a acusaciones precipitadas contra instituciones o personas mientras los motivos impulsores sigan siendo desconocidos en toda su extensión. La miseria social, las deficiencias de las instituciones escolares, los errores de la pedagogía y muchos otros puntos débiles de nuestra cultura pueden quedar así al descubierto.

Pero ¿se nos aclara con ello acaso la *situación psicológica* del suicida, *se nos aclara la dinámica* que lo arroja de la vida? — Si sabemos que las regiones más densamente pobladas presentan el número relativamente mayor de suicidas, que ciertos meses muestran las cifras más altas de suicidios, ¿conocemos por ello un solo motivo suficiente, qué digo, un solo *motivo explicativo*? No. Solo nos enteramos de que el suicidio, como cualquier otro fenómeno, sigue la ley de los grandes números, y de que presenta conexiones con otros fenómenos sociales.

*El suicidio solo puede comprenderse individualmente, aunque tenga presupuestos sociales y también consecuencias sociales.*[^t1]

Esto recuerda el desarrollo de la doctrina de las neurosis.

Y también que, mientras no reine plena claridad sobre la constelación psicológica del suicidio y sobre la naturaleza de sus motivos, no puede pensarse en una comprensión, y menos aún en una curación de fondo.

Y aun cuando se hallara por la vía social un medio de evitar suicidios aislados, como lo intenta la acción del Ejército de Salvación en <!-- S. 45 --> Londres, que hace llamamientos e invita a los candidatos al suicidio para darles consuelo y ayuda; aun cuando se lograra reducir en la práctica el número de suicidios, ya sea profundizando la religiosidad, mejorando la pedagogía, mediante reformas sociales y ayudas, seguiría siendo una obra meritoria haber esclarecido el mecanismo psíquico, la dinámica mental del problema del suicidio. Por una parte, por la posibilidad de una profilaxis individual y, más adelante, mediante la pedagogía y la reforma social, general. Por otra, porque evidentemente la estructura psíquica del suicida está en conexión con formas de estado y actitudes psíquicas de otra índole, sobre todo con las de las enfermedades nerviosas y psíquicas. De modo que, si se lograra una consideración de conjunto de este tipo, los resultados de un problema podrían aprovecharse en beneficio del otro.

Este intento de consideración de conjunto se ve apoyado esencialmente por la opinión popular, siempre inclinada a conceder al suicida la atenuante de la irresponsabilidad. Pero también por los resultados de la psiquiatría acerca de la conexión entre enfermedad mental y suicidio.

¿De qué material puede reunir conocimientos un neurólogo que se sirve del método psicoanalítico para resolver la cuestión del suicidio?

El suicidio consumado impide, en efecto, una visión directa, por ejemplo mediante interrogatorio o prueba de reacciones. En ese caso solo quedan apuntes e informaciones del entorno, que han de acogerse con cautela y que a lo sumo pueden cobrar importancia si concuerdan con resultados psicológicos fundamentales. En especial, en lo que toca a las opiniones del entorno, hay que retener el hecho de que la *naturaleza increíblemente sensible* del suicida siempre se disfraza y se envuelve en misterio.

Solo quedan, pues, los casos de suicidio frustrado y los impulsos suicidas no ejecutados, extraordinariamente frecuentes, que son accesibles a la investigación por el método psicoanalítico. Es cierto que el problema se complica con ello, porque estos casos suelen tener carácter de compromiso, de modo que se quedan atascados en la duda o eligen medios inadecuados y, mientras buscan la muerte, procuran al mismo tiempo salvarse.

*Con todo, este es el único camino* para obtener certeza sobre *qué clase de personas son las que buscan la muerte y qué motivos las mueven en ello.* Y aquí puedo decir con seguridad que la decisión de suicidarse sobreviene en las mismas condiciones en que se produce el estallido de una <!-- S. 46 --> enfermedad nerviosa (neurastenia, neurosis de angustia y obsesiva, histeria, paranoia) o un ataque nervioso aislado. He descrito esta «*dinámica neurótica*» en algunos trabajos, «Sobre la disposición neurótica»[^1] y «El hermafroditismo psíquico en la vida y en la neurosis»,[^2] que han de considerarse continuaciones de mi «*Estudio sobre la inferioridad de los órganos*» (*Urban* y *Schwarzenberg,* Viena, 1907). Las ideas directrices de estos trabajos son las siguientes:

*Todo niño crece en condiciones que lo obligan a un doble papel,* sin que capte este estado de cosas con su conciencia. Pero sí con su sentimiento. Por una parte, pequeño, débil, dependiente, desarrolla deseos de apoyo, ternura, ayuda y sostén. Y pronto se somete a la coacción que obliga al débil a la obediencia, a la sumisión, si quiere obtener satisfacciones instintivas y el amor de quienes lo cuidan. Todos los rasgos del hombre adulto de sumisión, humildad, religiosidad, fe en la autoridad (sugestionabilidad, hipnotizabilidad y masoquismo en el nervioso) proceden de este sentimiento originario de debilidad y representan cuadros de estado psíquicos a los que evidentemente ya se adhieren ligeras huellas de agresión: intentos de ganar para sí algo de amor y de satisfacciones instintivas del mundo circundante.

Al mismo tiempo, pero sobre todo de modo claro en el curso del desarrollo, emergen *rasgos de voluntad propia; una inclinación a la independencia, la manía de grandeza, la obstinación* se hacen valer cada vez más y *entran en contraste con los otros rasgos, los de la obediencia.* Más aún, pronto se advierte que esta posición de contraste, evidentemente bajo la presión del mundo exterior, se intensifica de continuo al desplegarse la ambición infantil de hacerse grande y de dar satisfacción a sus instintos (instinto de comer, instinto de mirar, por ejemplo). *La fuente de esta posición de contraste de los rasgos de carácter reside en la contradicción interna entre la sumisión y la tendencia a la satisfacción instintiva.* El niño advierte muy pronto que en su pequeño mundo vale preferentemente la fuerza, y encuentra para ello abundante confirmación en el mundo grande. Y así conserva de los rasgos de la obediencia solo aquellos que le reportan provecho, sea una ganancia de amor, de elogio, de mimo o de recompensa. Por desgracia, precisamente esta clase de relación del niño con la vida conduce fácilmente a *extravíos,* y puede crear desde lo inconsciente, <!-- S. 47 --> *de manera tendenciosa,* situaciones en las que el que más tarde será adulto depende literalmente *de la ayuda de los demás.* Tales niños, con toda clase de achaques, torpezas, temores y debilidades, dispondrán sus relaciones en la vida, en la escuela, en la sociedad, de modo que se ocupen de ellos, les muestren compasión, los ayuden, no los dejen solos, etc. — Si no logran este propósito, se sienten ofendidos, postergados, perseguidos. *Una enorme hipersensibilidad vela por que no quede desenmascarada la propia debilidad.* Siempre es un destino, la mala suerte, la mala educación, los padres, el mundo, los culpables de su desgracia, y con este propósito intensifican su quejumbre hasta la hipocondría, el dolor del mundo y la neurosis. ¡Y aún más! Su anhelo de compasión, de preferencia, puede hacerse tan intenso que aprenden a apreciar la enfermedad como medio, por una parte para atraer sobre sí el interés del entorno, por otra como pretexto *para eludir toda decisión. Este miedo a toda decisión (la angustia de examen del nervioso), que no le deja llevar nada a término, pero al mismo tiempo lo llena de la mayor impaciencia y prisa, que le convierte la espera* (de la decisión, del éxito) *en el mayor de los tormentos, solo se hace explicable cuando se conocen las enormes ideas de grandeza de lo inconsciente y el sentimiento de su irrealizabilidad en las personas marcadamente nerviosas.*

Esta tensión intrapsíquica, el vuelco dialéctico del sentimiento de debilidad del niño en manía de grandeza, va acompañada, pero también protegida, por estados afectivos permanentes de temor, de inseguridad, de duda sobre las propias capacidades. Y ello tanto más cuanto mayor es el efecto dinámico del contraste, cuanto más hipertróficos se configuran los rasgos de la ambición y la vanidad.

El método psicoanalítico permite, reduciendo esta sobretensión psíquica a sus comienzos en la infancia, indicar las causas de su importancia, de su fuerza y persistencia extraordinarias. He podido demostrar en todos los casos, *en los nerviosos, en personas extraordinariamente dotadas y en los suicidas accesibles a una exploración, que en los comienzos de la infancia poseían un sentimiento de inferioridad especialmente profundo.* Como punto de partida de este sentimiento he señalado ya hace años una *inferioridad congénita de órganos y sistemas de órganos,* a consecuencia de la cual el niño, al entrar en la vida, queda rezagado por enfermedad, debilidad, torpeza, fealdad y deformidad, <!-- S. 48 --> así como por defectos infantiles (enuresis, dificultades de evacuación, defectos del habla, tartamudeo, anomalías de la vista y del oído).[^3]

El *impetuoso intento de sobrecompensación* que parte de este sentimiento de inferioridad, equivalente a la superación de lo defectuoso mediante un esforzado entrenamiento del cerebro, tiene éxito con mucha frecuencia, pero no sin dejar en la psique huellas permanentes de esta conexión y del rendimiento adicional. El antiguo enurético se convierte en maniático de la limpieza y atleta de la vejiga; el niño con evacuaciones involuntarias, en hiperesteta; la debilidad y sensibilidad originarias de los ojos predestinan a veces al pintor y al poeta, y el tartamudo Demóstenes se convierte en el mayor orador de Grecia.[^4] Al mismo tiempo, a todos ellos los acompaña en el camino de su vida una avidez indomable de éxito, y su hipersensibilidad permanente procura asegurarles la altura cultural. La sed de venganza, la pedantería, la avaricia y la envidia acompañan este desarrollo, y también rasgos de una virilidad rebuscada, incluso crueldad y sadismo.

Solo una relación más puede reforzar esta tensión, y es precisamente ella la que da su consagración suprema a las configuraciones patológicas de esta dinámica que se vuelca en lo contrario. Procede del *hermafroditismo psíquico,* que se encuentra con frecuencia. El doble papel induce a muchos niños a establecer una analogía obvia *mediante una valoración falsa, pero extraída de los hechos,* una analogía a la que desde antiguo ha sucumbido gran parte de la humanidad y que todo un número de las mentes más finas —cito solo a *Schopenhauer, Nietzsche, Moebius, Weininger*— han tratado de sostener con ingeniosos sofismas: me refiero a *la equiparación de los rasgos de sumisión con la feminidad, y de los de dominio con la masculinidad.* Esta valoración se le impone al niño con mucha frecuencia desde las relaciones familiares y desde el entorno. Se llega pronto a que toda forma de agresión y de actividad se siente como masculina, y la pasividad como femenina. Entonces el afán del niño tiende a pasar de la obediencia a la obstinación, de la docilidad a la maldad, en suma, de los cauces normales de la docilidad y la blandura infantiles a aspiraciones exacerbadas de manía de grandeza, de terquedad, de odio, de sed de venganza. En suma, en los casos adecuados (con un fuerte sentimiento <!-- S. 49 --> de inferioridad) se desencadena una protesta masculina desenfrenada, tanto en los niños como en las niñas. Ni siquiera se desdeñan entonces las debilidades y defectos corporales del niño, si pueden servir de armas para asegurarse, por ejemplo mediante enfermedad, dolores de cabeza, enuresis, etc., el interés permanente y un cierto dominio sobre el entorno. *Así se crea desde lo inconsciente una situación en la que se desea la enfermedad, e incluso la propia muerte, en parte para causar dolor a los allegados, en parte para arrancarles el reconocimiento de lo que han perdido en aquel a quien siempre postergaron.* Según mi experiencia, esta constelación representa la base psíquica regular que da lugar al suicidio y a los intentos de suicidio. Solo que *en años posteriores, por lo general, ya no son los padres, sino un maestro, una persona amada, la sociedad, el mundo, lo que se elige como objeto de este acto de venganza.*

Debo mencionar aún brevemente que uno de los resortes más importantes de esta protesta masculina es la inseguridad, que se encuentra con frecuencia, del niño acerca de su papel sexual presente o futuro. Desde esta inseguridad, que prepara la *double vie*, la escisión de la conciencia, la duda y la indecisión de los nerviosos, niñas y niños se ven empujados con enorme ímpetu a la protesta masculina en todas sus formas. *De este afán vehemente proceden todas las formas de sexualidad precoz y de autoerotismo; la masturbación se convierte en fenómeno compulsivo, y un afán incesante de una actividad sexual que parezca «masculina» (entre otras, Don Juan, Mesalina,* perversiones, *incesto, violación,* etc.) se ancla como símbolo pregnante de la protesta masculina. El amor mismo degenera en una avidez insaciable de triunfo; la satisfacción del instinto sexual encuentra un empleo secundario con el fin de demostrar la masculinidad o, en una línea psíquica secundaria *—como en el caso de la masturbación—, con el fin de dañarse a sí mismo en el sentido de un acto de venganza. Pero con ello se crea un nuevo modelo para una eventual constelación suicida posterior:* la voluptuosidad del suicidio ocupa el lugar del placer masturbatorio.[^5]

<!-- S. 50 -->

La idea del suicidio surge en las mismas constelaciones que la neurosis, el ataque neurótico o la psicosis. El suicidio y la psicosis, como la neurosis, son resultados de la misma constelación psíquica, que se inicia en los predispuestos con una decepción o una humillación y que vuelve a avivar el viejo sentimiento de inferioridad de la infancia. *El suicidio, como la neurosis, son intentos de una psique sobreexcitada de sustraerse al reconocimiento de este sentimiento de inferioridad, y por eso aparecen a veces asociados.* En otros casos actúa como orientador un factor constitucional (la fuerza del instinto de agresión) o los ejemplos. La «herencia» puede prevenirse del mismo modo que las manifestaciones mismas, a saber, por el método psicoanalítico. Este descubre el sentimiento infantil de inferioridad, lo devuelve de su sobrestimación a su verdadera medida corrigiendo valoraciones falsas, y pone la revuelta de la protesta masculina bajo la dirección de la conciencia ampliada. *El suicidio, como la neurosis, son formas infantiles de reacción ante una sobrestimación infantil de motivos, humillaciones y decepciones. Y así el suicidio —exactamente como la neurosis y la psicosis— representa una salvaguardia para escapar de modo contrario a la cultura a la lucha de la vida con sus menoscabos.*

[^1]: Véase *Jahrb. f. psychoanalytische und psychopathologische Fortsetzungen* [así, por *Forschungen*], 1909, *Deuticke,* Berlín, Viena.

[^2]: Véase *Fortschritte der Medizin*, 1910, cuaderno 16, *Thieme,* Leipzig.

[^3]: Recientemente *Bartel* (Viena) ha relacionado con el suicidio un caso especial de esta inferioridad orgánica, la *constitución linfática*. En la amplia formulación que le ha dado este autor, resultará ser también, igual que la inferioridad orgánica que yo he destacado, base de neurosis. La clave para comprender la conexión reside en ambos casos en el sentimiento infantil de inferioridad.

[^4]: Véase también J. *Reich*, «Kunst und Auge» [Arte y ojo], *Österreichische Wochenschrift*, 1908.

[^5]: Con llamativa frecuencia se encuentra el suicidio juvenil como desenlace de una lucha vana contra la masturbación compulsiva, que demuestra al paciente de modo aparentemente convincente el sentimiento de su impotencia. De manera semejante, en el sexo femenino las molestias del período refuerzan el «sentimiento humillante de la feminidad». Como es sabido, en esa época aumentan tanto las molestias nerviosas como los casos de suicidio, clara confirmación de lo expuesto.

[^t1]: Literalmente, «aunque tenga presupuestos sociales y consecuencias tales». (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del ejemplar de la Bayerische Staatsbibliothek digitalizado por el MDZ (bsb00067643): *Über den Selbstmord insbesondere den Schüler-Selbstmord*, Wiesbaden, J. F. Bergmann, 1910 (Diskussionen des Wiener psychoanalytischen Vereins, cuaderno 1), págs. 3-4 y 44-50, cotejado con las imágenes de las páginas. La intervención se reimprimió en *Heilen und Bilden* (1914), págs. 356-362. Los comentarios `S. n` del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Se conservan la paginación original, las notas del autor y las cursivas, que reproducen el espaciado del original; las adiciones del traductor van entre corchetes. Las equivalencias fijas se recogen en el glosario del archivo.
