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Title: Sobre la prevención de las enfermedades contagiosas
Description: Artículo anónimo de la Arbeiter-Zeitung de Viena firmado «De un médico», de atribución dudosa a Adler: hay indicios a favor (la misma fórmula en un artículo suyo de 1902, la mención del distrito II, donde tenía su consulta, la reivindicación de médicos escolares y de distrito), pero ninguna prueba documental. Ante el contagio de escarlatina, difteria, sarampión y tos ferina en escuelas, parques infantiles, tranvías y salas de espera, pide médicos escolares, una vigilancia médica diaria por circunscripciones y controles en las consultas públicas, y llama a la población a exigírselos a las autoridades.
Author: Alfred Adler (atribución dudosa)
URL: https://adler.school/archivo/adler/1900-08-11%20Zur%20Verh%C3%BCtung%20ansteckender%20Erkrankungen
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*[Nota editorial: artículo anónimo, firmado solo «Von einem Arzte» («De un médico»); su atribución a Alfred Adler es dudosa. Hablan a favor la misma fórmula, que lleva la segunda parte de «Wie ernähren wir unsere Kinder?» [¿Cómo alimentamos a nuestros hijos?] (Arbeiter-Zeitung, 30.12.1902, cuya primera parte firma «Aladin», seudónimo atribuido a Adler); que el autor cuente haber visto hacía pocos días a un niño con escarlatina que había ido en tranvía de caballos del distrito II (la Leopoldstadt, donde Adler tenía su consulta) al IX; la reivindicación de médicos escolares y de médicos de distrito, y la de sacar las cuestiones de higiene de la «penumbra de las revistas especializadas» y llevarlas al pueblo, que coinciden con sus escritos de medicina social de 1898-1904; y el medio, la Arbeiter-Zeitung, donde publicó en esos años. No hay, sin embargo, ninguna prueba documental de su autoría.]*

<!-- S. 7 -->

# Sobre la prevención de las enfermedades contagiosas.

De un médico.

Cuando hace más de un año, a consecuencia de una cadena de omisiones funestas, tres personas enfermaron de peste y murieron,[^t1] un súbito espanto sacudió nuestra ciudad, y junto a los reproches justificados se oyeron también algunas propuestas bienintencionadas que debían hacer imposibles en adelante desgracias semejantes. Como es habitual por estos pagos, desde entonces todo ha vuelto a quedar muy tranquilo; el viejo hospital[^t2] sigue burlándose de todos los principios de la higiene, y no se ha pasado aún de debatir y polemizar. Los frívolos tendrán, con todo, un consuelo barato a mano: al fin y al cabo se trató entonces de una desgracia extraordinaria, que difícilmente volverá a repetirse. En efecto, aquel espanto paralizante de la población se debió sobre todo a lo insólito del peligro; al menos vemos que permanece indiferente ante los daños para su salud arraigados desde hace mucho, apenas mucho menores y del todo semejantes. Puede ser que apenas tenga conciencia de estos enemigos al acecho; en tal caso, que las líneas siguientes ayuden a despertar esa conciencia, para que la mejora se exija desde fuera con tanta más urgencia cuanto menos contribuyan a ella los «factores competentes».[^t3]

Apenas exageramos si decimos que el médico concienzudo pasa unas cien veces al año por aquel espanto descrito más arriba ante el peligro para el bien común. Gran parte de los niños en quienes reconoce la escarlatina, la difteria, el sarampión o la tos ferina —estas enfermedades son las que aquí importan sobre todo, tanto por su frecuencia como por su peligrosidad— ha ido a la escuela hasta el día del reconocimiento. ¡Cuántos niños sanos y lozanos pueden, contagiados por ese solo niño, caer enfermos y morir, después de haber arrastrado a su vez a la perdición, convertidos en un nuevo foco de infección, a otros compañeros de escuela y de juego! Así, a menudo se ve a un único niño convertirse en el origen demostrable de una epidemia devastadora. Nuestra población debe, pues, insistir cada vez con más decisión en el nombramiento de *médicos escolares*, a quienes, entre otras cosas, debería incumbir el evitar tales desgracias. Determinar que una de esas enfermedades amenaza o está presente le resulta a un especialista experimentado, por lo general, más fácil y rápido de lo que el profano cree. — Salta a la vista que los parques infantiles públicos encierran peligros muy semejantes a los de las escuelas; claro que, mientras nuestra administración municipal prefiera dejar que los niños jueguen en la calle y abandonarlos a los peligros del tráfico rodado, serán más necesarios —cirujanos de confianza que médicos de control concienzudos. Pero también esta cuestión llegará sin duda, con el tiempo, a debatirse.

Ahora bien, antes de que el niño llegue a la escuela, al parque o, si la familia ya tiene alguna aprensión, al médico, a la consulta pública o al hospital, pasa por la calle, utiliza quizá incluso medios de transporte públicos, y en todo ello la semilla perniciosa de la enfermedad contagiosa encuentra una y otra vez nuevo terreno. Hace pocos días, quien escribe estas líneas vio a un *niño enfermo de escarlatina* que había ido en *tranvía de caballos* del distrito II al IX.[^t4] ¿No debe estremecerse el médico concienzudo al pensar cuántas familias habrán visto amenazado por ese solo niño lo que más quieren, y quizá alcanzado? Con el tiempo habrá que pensar, pues, quizá en dividir toda la ciudad en pequeñas circunscripciones, cada una bajo la vigilancia de un médico. Este tendría que hacer cada mañana su ronda y examinar, en busca de los síntomas de las enfermedades contagiosas, a todo niño que a su familia le parezca enfermo y no se quede en casa. Estamos firmemente convencidos de que por este camino podría evitarse mucha desgracia.

La tercera fuente importante de peligro son las consultas públicas y las horas de consulta de los médicos muy solicitados. <!-- S. 8 --> En una triste mezcolanza se ve aquí a enfermos de toda clase; no es raro que el escarlatinoso venga a sentarse al lado de un niño pequeño al que solo atormenta una muela picada. Las autoridades deberían exigir con rigor que todo establecimiento público ejerza, ya a la entrada de los enfermos, el mismo control cuidadoso que el pediatra concienzudo observa personalmente en su casa: habría que evitar que aquel niño pequeño y vivaracho, por ejemplo, quede libre de su dolor de muelas, pero caiga víctima de una enfermedad mucho más peligrosa. Las autoridades, a quienes estos peligros son bien conocidos, no hacen nada por remediarlos. Que la población misma alce, pues, imperiosamente su voz y les recuerde sus deberes, tan gravemente descuidados.

Somos de la opinión de que estas cuestiones son de un interés general tan especial que su discusión no puede limitarse a la penumbra de las revistas especializadas. Queremos proclamar a los cuatro vientos cuánto queda aún por hacer para proteger de los peligros cotidianos nuestro bien más sagrado, nuestra juventud, la esperanza del futuro.

[^t1]: Alusión a los casos de peste de Viena de octubre de 1898: el mozo de laboratorio Franz Barisch, el médico Hermann Franz Müller y la enfermera Albine Pecha murieron contagiados a partir de los cultivos de la comisión austriaca que había estudiado la peste en Bombay, que se manipulaban en el Hospital General. El original dice «vor Jahr und Tag», «hace un año y un día», fórmula que indica un plazo indeterminado de algo más de un año (en realidad habían pasado casi dos). (N. del T.)

[^t2]: *das alte Krankenhaus*: el Hospital General (*Allgemeines Krankenhaus*) de Viena, en el distrito IX, cuyos viejos edificios del siglo XVIII se discutía entonces renovar. (N. del T.)

[^t3]: *die „maßgebenden Faktoren“*: expresión corriente en la prensa austriaca de la época para designar a las autoridades e instancias que deciden; el autor la entrecomilla con ironía. (N. del T.)

[^t4]: El distrito II es la Leopoldstadt; en el IX (Alsergrund) estaban el Hospital General y el hospital infantil de Santa Ana. Los distritos (*Bezirke*) son las divisiones administrativas de Viena; para los *Distrikte* que propone el autor se usa «circunscripciones». (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir de las imágenes de página de ANNO (Österreichische Nationalbibliothek, aze/19000811/7-8): *Arbeiter-Zeitung* (Viena), n.º 219, sábado 11 de agosto de 1900, págs. 7-8. Artículo anónimo, firmado «Von einem Arzte»; atribución a Adler dudosa (véase la nota editorial). Los comentarios `S. n` del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.

*Traducción:* traducción íntegra al español hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Se conservan las cursivas, que reproducen el espaciado del original, y la división en párrafos; se mantiene la raya suelta del original en «serán más necesarios —cirujanos de confianza…», que marca una pausa irónica. Las adiciones del traductor van entre corchetes.
