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Title: Libro de salud para el oficio de sastre
Description: Primer escrito publicado de Alfred Adler (1898), folleto de higiene industrial que explica las enfermedades de los sastres por sus condiciones económicas, en particular la industria a domicilio y el «sistema del sudor», y reclama reformas legales y de higiene social.
Author: Alfred Adler
URL: https://adler.school/archivo/adler/1898%20Gesundheitsbuch%20f%C3%BCr%20das%20Schneidergewerbe
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<!-- Cubierta (Umschlag) -->

Guías de higiene industrial.[^t1]
Editadas por
el Dr. E. Golebiewski.

N.º 5.

# Libro de salud para el oficio de sastre.

Por
el Dr. Alfred Adler,
de Viena.

Berlín.
Carl Heymanns Verlag.
1898.

M. 0,40. 25 ejempl., M. 7,50; 100 ejempl., M. 25.

<!-- Siguen en el original (págs. 2-4 del PDF HathiTrust) el prospecto de la serie "Wegweiser der Gewerbehygiene. Rathgeber zur Verhütung von Gewerbekrankheiten und Betriebsunfällen" (texto del editor, no de Adler); no se transcribe ni se traduce. -->

<!-- Portada (Titelblatt) -->

Libro de salud
para el
oficio de sastre.

Por
el Dr. Alfred Adler,
de Viena.

[Viñeta del editor]

Berlín.
Carl Heymanns Verlag.
1898.

<!-- Verso de la portada -->

Prohibida la reproducción, incluso parcial.
Reservado el derecho de traducción.

Archivo editorial 2834.

Impreso por Julius Sittenfeld, Berlín W.

<!-- S. V -->

## Prólogo.

En este pequeño escrito he procurado describir la relación entre la situación económica y las enfermedades de un oficio, así como exponer los peligros que para la salud del pueblo se derivan de un nivel de vida degradado. El médico ya no puede cerrarse hoy a un examen de esta clase, que estudia al ser humano con sus padecimientos corporales no como producto individual sino como producto social. Y aunque la escuela, la posición y la actividad del médico dejen poco espacio a esta concepción, no puede pasar por alto que de las nuevas circunstancias surgen también en la medicina problemas nuevos.

Los límites de la ciencia médica se ensanchan. Ya no vemos las causas de las enfermedades en un encuentro fortuito entre la materia morbosa y el ser humano, sino que recorremos el campo de batalla del trabajo en busca de heridos y cadáveres, cuyo número se impone conforme a grandes leyes económicas. Así crece el dominio de la etiología de las enfermedades y da frutos de los que el escepticismo de la medicina académica no tiene la menor idea.

<!-- S. VI -->

Desde el lado de los médicos se alzan reivindicaciones que coinciden, en el terreno de la higiene social, con los deseos de los obreros y las propuestas de los hombres de Estado. Solo en este terreno crece una terapia prometedora de las enfermedades sociales.

Es evidente que en investigaciones de esta índole la descripción de las condiciones de vida de un estamento, de un oficio, ocupa un espacio mayor. Así ocurre también en el presente estudio sobre la industria de la confección masculina, tanto más cuanto que este oficio exige además arrojar luz sobre el aspecto higiénico de la industria a domicilio (*Hausindustrie*).[^t2] Para describir la estructura y la situación económicas del oficio de sastre me he servido de la «Geschichte der Gewerbe» [Historia de los oficios] de Schmoller, de «Die Lage des Handwerks in Oesterreich» [La situación del artesanado en Austria] (de las publicaciones de la Asociación de Política Social), de encuestas, de informes de corporaciones de oficio y de sindicatos, así como de periódicos profesionales.[^t3] — En la parte puramente médica del estudio me han sido de ayuda los «Arbeiterkrankheiten» [Enfermedades de los obreros] de Popper y los «Gewerbekrankheiten» [Enfermedades profesionales] de Hirt. Si menciono además los informes de las cajas de enfermedad y la estadística comercial austriaca y alemana, creo haber respetado plenamente los derechos de propiedad literaria.

<!-- S. 1 -->

El auge industrial ha cambiado muchas cosas también en el oficio de sastre. Aquel hombrecillo enclenque que en otros tiempos iba a trabajar a casa de la gente («auf die Stör»)[^t4] para tomar allí las medidas y confeccionar los vestidos, o que en la época de los gremios cosía para el consumo del lugar, recibiendo de los clientes la tela y trabajándola, ya no existe. La tendencia niveladora de la gran empresa se ha impuesto también en el oficio de sastre; junto a la tradición familiar, mil circunstancias fortuitas han pasado a decidir la elección del oficio, y, como en todas las demás industrias, el débil trabaja junto al robusto; los rasgos distintivos del estamento se han borrado y han cedido ante el aspecto general del artesano.

En los últimos decenios se han consumado estas transiciones. Nuevas formas de oficio desplazaron a las antiguas; el aumento de la población, las crecientes necesidades y la extensión de las relaciones comerciales obligaron en todos los oficios a abandonar las formas de producción insuficientes y aseguraron a la gran empresa el favor de los consumidores. El pequeño taller cayó en una situación crítica, y el pequeño maestro, que tiene que sostener la competencia de la gran empresa, se convierte en adversario económico del gran productor o en su… asalariado.

Allí donde la máquina avanza victoriosa, el trabajo se concentra en grandes talleres de empresa. Esta <!-- S. 2 --> forma avanzada de producción brinda a la legislación la ocasión de intervenir en favor de los asalariados con disposiciones uniformes. La accesibilidad de las fábricas y la concentración de la mano de obra hacen posible la vigilancia por órganos del Estado. Por otra parte, las autoridades estatales reconocen ya hoy en puntos esenciales su obligación de hacer valer las exigencias de la higiene en la industria fabril, y solo en mínima parte en la pequeña empresa.

Es en la gran empresa donde el obrero aprende antes a comprender la igualdad entre sus intereses y los de sus compañeros de trabajo; las mismas experiencias y los mismos sufrimientos lo empujan hacia la organización, que le ayuda a hacer frente a las adversidades de su situación económica. De la discusión en común de los males nacen la reivindicación común de remedio y la indicación de los medios adecuados. Es casi siempre en las organizaciones donde se alzan las reivindicaciones encaminadas a mejorar la situación del obrero.

Pero hay industrias cuyo desarrollo toma otros caminos. También de ellas se apodera, desde luego, el gran capital, pero por ahora falta allí la posibilidad de desarrollar los medios técnicos, y así echamos de menos también los grandes locales de trabajo donde el trabajo se realiza bajo la protección de la ley y deja espacio a la influencia de la organización. Es más, la preocupación conjunta de unos obreros que viven aislados y dispersos por su propio bienestar, su afán de un nivel de vida mejor, decae una y otra vez. La producción en estas industrias se realiza del modo más desordenado; las mercancías se <!-- S. 3 --> lanzan al mercado de tiempo en tiempo sin criterio alguno, y la constante sobreproducción aplasta al productor. A falta de grandes talleres de empresa, para cuya instalación el empresario carece de todo incentivo, el obrero trabaja en su mísero hogar o en la vivienda de un pequeño maestro; vive, come, bebe, duerme y muere junto a su mesa de trabajo, entre sus útiles.

A los buenos tiempos con buena paga siguen tiempos malos con salarios irrisorios y paro, porque el mercado sobrecargado impone un alto a la producción; y cuando por fin el mercado se ha recuperado, en el hogar profundamente endeudado comienza de nuevo el juego alterno: un sistema en el que maestro, oficial y aprendiz, excluidos de las ventajas de la civilización, a menudo apenas alcanzados por las disposiciones legales de higiene, arrastran una existencia miserable; en una palabra: el sistema del sudor.[^t5]

Tal es, en lo esencial, la figura de la industria a domicilio, que todavía desempeña un papel en varios oficios —en algunos incluso como forma principal de explotación—, sin provecho apenas para nadie y con un peligro para la vida y la salud de los obreros y de los consumidores que a menudo se subestima. De estas condiciones miserables, cuya tendencia antihigiénica nace de la penuria económica, solo hay una salida: el establecimiento legal de la responsabilidad del empresario por la situación sanitaria de todos sus obreros.

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El oficio de sastre está ampliamente representado en la industria a domicilio, y las causas y efectos de esta forma atrasada de explotación aparecen aquí con <!-- S. 4 --> toda la claridad deseable. Solo a duras penas se abre paso el progreso técnico en la industria del vestido. Es cierto que la máquina de coser, invento del sastre vienés Madersberger[^t6] de comienzos de este siglo, es de uso general, pero parece que solo ha servido para fortalecer la industria a domicilio. Existen además máquinas de cortar, de hacer ojales, de pegar botones y de planchar, pero con los bajos salarios de la industria a domicilio su adopción no siempre resulta rentable. Tampoco ellas son capaces de imponer de forma general los grandes talleres de empresa; antes bien, solo pueden emplearse con ventaja en el ramo de la confección (*Konfektion*), que abastece de ropa hecha a los compradores menos exigentes. El ramo de encargo (*Lieferungsbranche*),[^t7] en cambio, sigue dependiendo de la habilidad individual del obrero y de su gusto.

La necesidad de poder elegir también la tela en casa del sastre ha allanado el camino al gran capital y ha dado al gran productor la ocasión de hacer valer ya su interés material en el comercio de paños. El gran sastre es, pues, a la vez comerciante y productor, y se enfrenta con tranquilidad al pequeño maestro que le hace la competencia en el mercado. Su zona de venta no es solo el mercado nacional, donde en Austria y en Alemania no lo amenaza ningún rival digno de mención, sino también el extranjero. Austria puede sostener, aunque con esfuerzo, su gran exportación a los Balcanes y a Egipto frente a Inglaterra y Francia; Alemania encuentra compradores bien dispuestos en Inglaterra, en Suiza, en Dinamarca y en otros países. El gran productor del oficio de sastre <!-- S. 5 --> es, en general, un empresario cabal, a quien dejan frío las «trabas» de la ley industrial y las aspiraciones gremialistas, que solo conoce una instancia, el mercado mundial, y solo abriga un deseo: una política comercial complaciente. —

Otra cosa es el pequeño maestro. Los aproximadamente 200 000 establecimientos de Alemania y el número, no mucho menor, de establecimientos de Austria ya no merecen en su mayoría el nombre de oficios independientes. Están a sueldo del gran empresario, y su posición económica se mece sobre las olas del mercado nacional y del mundial. A ello se suma la gran calamidad del trabajo de temporada, que, condicionado por el cambio de las estaciones y por la moda, es lo que da al oficio de sastre su sello característico. En la temporada, 2 y hasta 4 veces al año, la demanda crece fuertemente. Entonces se movilizan todas las fuerzas, la intensidad del trabajo se redobla, las leyes de protección obrera pasan a segundo plano, y se sacrifican el descanso dominical, el descanso nocturno y la protección de mujeres y niños. La tensión de los oficiales, aprendices y maestros, que trabajan lejos de quien les hace el encargo, a destajo o a jornal, se prolonga entre 16 y 18 horas, y no es raro incluso el «Durchmarsch» [tirón de corrido], es decir, «reventarse a trabajar» (*Rackern*) las 24 horas del día. Los salarios suben, la gente paga sus deudas al casero, al tendero y al fisco, o ahorra algo y… lo llama su buena temporada.

Este estado anormal se extiende a 5-6 meses del año. Durante ese tiempo se inunda el mercado de mercancías cuyas existencias acumuladas sobreviven a la buena temporada para cubrir en la mala la <!-- S. 6 --> demanda. Entonces las cosas van mal para la ganancia del maestro y el salario del obrero; numerosos oficiales pierden su puesto, lo poco que se tiene se consume y las deudas crecen, hasta que vuelve la buena temporada y con ella empieza de nuevo la loca danza.

En el oficio de sastre hay dos grupos: el ramo de encargo y el ramo de la confección. El primero ha de satisfacer al consumidor local, más exigente, que viste ropa a medida; es, pues, en lo esencial, una industria artística, y en las grandes y medianas sastrerías de encargo da para vivir a quien la ejerce. — El ramo de la confección, que gana terreno sin cesar, suministra ropa hecha para las necesidades de las grandes capas del pueblo y para la exportación. Sus portadores originarios fueron los ropavejeros, que con la venta de ropa usada obtenían tal beneficio que pareció rentable completar estas existencias, fáciles de agotar, con ropa barata hecha sobre una medida normal. Poco a poco el gran empresario se emancipó de la venta de mercancía usada y se presentó como confeccionista. Hoy la confección es una parte tan integrante del oficio de sastre que la mayoría de las casas de encargo se ven obligadas a trabajar temporalmente para la confección.

Los pequeños sastres de clientela, que emplean sobre todo a obreros a semana, comparten con ellos sus modestas viviendas y su comida, trabajan con ellos de 16 a 18 horas diarias en la buena temporada, a menudo también toda la noche, y reducen su personal en la temporada muerta. Cuando el trabajo se acumula de forma especial, recurren naturalmente a los maestros destajistas (*Stückmeister*),[^t8] <!-- S. 7 --> que ejercen su oficio con pocos oficiales y con al menos tantos aprendices como permiten los estatutos de la corporación,[^t9] por verdaderos salarios de hambre.

La confección emplea en los locales de los pequeños maestros —solo excepcionalmente en talleres mayores, como en Berlín— casi exclusivamente obreros a semana, que por sus condiciones de salario y de trabajo representan quizá la más oprimida de las categorías de sastres. Están de hecho fuera de todas las disposiciones de la ley industrial y han atado su suerte a la existencia insegura del maestro destajista. Como este, también ellos suelen confeccionar solo determinadas prendas, pantalones o chalecos, etc., pierden la destreza para las demás y estrechan así su propio campo de trabajo. También en los aprendices de estos establecimientos se manifiesta esta deficiencia de la formación profesional, que los perjudicará en el futuro como oficiales.

La ocupación en casa de los maestros destajistas se ve interrumpida por continuas crisis comerciales, y la afluencia a los grandes centros industriales, así como lo poco que cuesta hacerse maestro destajista y montar el pequeño taller, aumentan continuamente la competencia entre los maestros destajistas y entre los oficiales.

Las rebajas de salario, que afectan al maestro como empresario intermediario y al oficial, están a la orden del día; se vive al día, y se comprende ahora por qué el pequeño maestro se resiste a toda reforma social: las aberraciones contrarias a la civilización del «sistema del sudor», con el destajo y la industria a domicilio, son actualmente las condiciones de existencia de la pequeña empresa.

<!-- S. 8 -->

Dado que en el oficio de sastre domina el maestro destajista, no puede extrañar que solo una pequeña parte de los oficiales, la empleada en las sastrerías de encargo mayores, trabaje con buen salario y jornada limitada. Igualmente comprensible es que la formación profesional de los aprendices se resienta en el taller del destajista, económicamente desolado, y que sus condiciones de alojamiento y comida se burlen a menudo de las exigencias higiénicas más elementales.

La miseria en casa del maestro destajista se ve aún superada y a la vez agravada por la institución del oficial a domicilio (*Sitzgeselle*)[^t10] y por la chapucería o intrusismo (*Pfuscher- oder Störerthum*). El oficial a domicilio trabaja en su vivienda a destajo, eventualmente con mujer e hijos. Este modo de ganarse la vida está permitido por la ley, y el oficial a domicilio puede convertirse en maestro destajista si reúne el dinero en efectivo para la licencia industrial. No le está permitido tener aprendices, y para cubrir las necesidades más perentorias rebaja cualquier precio a destajo.

Se llama «intruso» (*Störer*) o «chapucero» (*Pfuscher*)[^t11] a uno de estos oficiales a domicilio cuando trabaja sin autorización con oficiales o aprendices. Sus colaboradores quedan sustraídos al seguro de enfermedad, y sus aprendices, aun habiendo cumplido el tiempo de aprendizaje, no pueden ser declarados oficiales.[^t12] Las medidas y disposiciones penales más amplias de las corporaciones no han sido capaces hasta ahora de poner coto a estas perturbaciones del oficio.

El trabajo femenino todavía no tiene una presencia notable en la industria de la confección masculina, pero aumenta de año en año. También él, dada la deficiente organización del oficio de sastre, añadirá nuevos males a los antiguos.

<!-- S. 9 -->

Las quejas que antes se oían a menudo contra la competencia del trabajo penitenciario van acallándose cada vez más. Es más, algunos directores de penales declaran abiertamente que, con los bajos salarios de la industria a domicilio, el trabajo de los presos no resulta rentable.

Frente a semejante postración de un oficio es impotente la lucha por el certificado de aptitud (*Befähigungsnachweis*)[^t13] y por una reforma gremialista de la corporación. Es una lucha antigua y ardiente la que aquí se libra por los medios de subsistencia más elementales. La preocupación constante, y a menudo infructuosa, por ganarse el sustento mina la salud; las viviendas, que son a la vez lugares de trabajo, están en los barrios más baratos e insalubres de las ciudades; las habitaciones son pequeñas, bajas, con frecuencia húmedas, oscuras y superpobladas. A ello se suma la falta de limpieza, pues las tareas domésticas se descuidan en favor del trabajo remunerado, y la ventilación insuficiente y el exceso de calefacción, que favorecen poderosamente la multiplicación de los gérmenes patógenos. La larga jornada de trabajo hace el resto. La estrecha convivencia de sanos y enfermos conduce a la propagación de las grandes enfermedades sociales y convierte los lugares de la industria a domicilio, en tiempo de epidemia, en focos de contagio. —

Pero con la prenda acabada salen los gérmenes patógenos del cuarto de trabajo, donde el maestro o su familia yacen con enfermedades contagiosas en medio de los obreros que trabajan, y el comprador desprevenido lleva con la mercancía barata el agente contagioso a su casa.

Desde que estas condiciones se han investigado y han llegado al conocimiento del gran público, ocupan sin cesar <!-- S. 10 --> al gobierno y al parlamento. Pero, salvo algunos estados de Norteamérica, ningún país ha emprendido todavía la vigilancia debida de la industria a domicilio y de sus repugnantes excrecencias, ni siquiera la ha sometido a la ley de fábricas. De las medidas a medias no cabe esperar nada, y la higiene solo se impondrá cuando desaparezca el oficial a domicilio y surjan talleres de empresa.

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Si examinamos las causas de las «*enfermedades profesionales*» de los sastres, debemos tener bien presentes las condiciones descritas más arriba. Porque ellas crean el terreno en que las grandes *enfermedades sociales* prosperan con tanta exuberancia, y apoyan y fomentan del modo más eficaz los perjuicios sanitarios que trae consigo el ejercicio del oficio de sastre. Con ello la doctrina de las causas de las enfermedades experimenta tal ampliación que la institución médica actual parece insostenible.

Si al bajo nivel de vida de los sastres se añade que este oficio, junto a obreros normales y robustos, sigue albergando una selección de los más débiles, cabrá esperar encontrar en los informes de enfermedad recopilados cifras sumamente desfavorables sobre el oficio de sastre.

Así ocurre, en efecto. Desde que se ha adquirido conocimiento de las condiciones sanitarias de los obreros industriales, es ya costumbre ver en la sastrería una profesión cargada de enfermedades. Al principio se tendía <!-- S. 11 --> a atribuir todas las enfermedades de los sastres a una desventaja específica del oficio. Esta opinión tuvo que caer en cuanto se conoció la enorme penuria del oficio de sastre a través de las estadísticas, las encuestas y los informes de las corporaciones y los sindicatos. Un examen objetivo nos enseña más bien que a los enemigos de la salud que nacen para el obrero de su situación económica, y que por la alimentación deficiente, las malas condiciones de vivienda, la jornada excesiva, etc., lo exponen en mayor grado a las diversas enfermedades, se suma además una nocividad específica del oficio, que acerca mucho más el peligro de enfermar.

Así sucede con las *enfermedades pulmonares* que hacen estragos entre los sastres. Neumann (Berlín, 1854) halló que el 60 % de los sastres enfermos padecía *tuberculosis pulmonar*, frente a solo el 23-49 % en otras profesiones. — De los 2072 sastres enfermos de Hirt padecían:

22,7 % de *tisis pulmonar*,  
15,6 % de *catarro bronquial crónico*,  
7,6 % de *pulmonía*,  
4,3 % de *enfisema*;

en total, pues, el 50,2 % enfermedades de los *órganos respiratorios*. — En Francia, según Neufville (1855), de cada 1000 defunciones correspondían por término medio 256 a la *tisis pulmonar*; por profesiones, los sastres encabezaban la lista con 399. — Popper (Praga) calcula que el número relativo de sastres que sucumben a la tuberculosis pulmonar es casi el doble del promedio de los oficios artesanos. — El último informe <!-- S. 12 --> de las cajas obreras de enfermedad de Viena registra en la industria del vestido, en cuanto a las causas de defunción, un 72 % de enfermedades del pulmón.

No puede negarse en modo alguno que el ejercicio del oficio de sastre acarrea daños profesionales a los que hay que recurrir para explicar estas cifras sorprendentemente altas. Ante todo entran en consideración la *ocupación sedentaria* y la *postura encorvada* permanente. Hacen que el intercambio de gases en los pulmones se realice de modo deficiente y que se dificulten la libre expansión y la ventilación de los pulmones. Es, además, un hecho conocido que *los obreros que realizan su trabajo con escaso esfuerzo físico en locales cerrados están más expuestos a la tisis pulmonar que quienes trabajan al aire libre con un esfuerzo moderado*. — Pero todo esto no bastaría para explicar la elevada cifra de enfermedades pulmonares en el oficio de sastre; pues en oficios mejor situados, con una postura y un tipo de ocupación semejantes, se encuentra una cifra incomparablemente menor. —

También la *inhalación del polvo que se desprende de las telas* y llena el aire del cuartucho debe considerarse otra nocividad, y puede favorecer la aparición de enfermedades pulmonares, sobre todo de la *tuberculosis*. — Pero tampoco el polvo puede explicar la magnitud de nuestras cifras.

La permanencia predominante en habitaciones cerradas contribuye igualmente a agravar la situación y coloca sin duda a los sastres, en lo que respecta a la tuberculosis pulmonar, <!-- S. 13 --> en una posición más desfavorable que otros oficios que permiten disfrutar del aire libre y fresco.

Pero estas cifras espantosamente altas solo se vuelven comprensibles cuando se sabe cómo viven los sastres, cuando se toma en consideración el bajo standard of life[^t14] de este oficio, la *desnutrición de los obreros, la estrecha convivencia en cuartos pequeños, mal limpiados y deficientemente ventilados, donde junto al trabajo transcurre la vida doméstica de la familia del sastre*. A menudo falta también la fuerza desinfectante de la luz solar directa, y de todas estas deficiencias resulta un organismo, con frecuencia debilitado durante años, que se convierte en presa fácil de los pequeños enemigos del género humano. Solo del concurso de todos estos hechos nacen los efectos devastadores. —

*La significación antihigiénica de la postura encorvada se hace valer todavía en otras direcciones. La salida de la sangre del corazón hacia los vasos sanguíneos se dificulta en cierta medida cuando las partes periféricas del cuerpo se mantienen en fuerte flexión respecto al tronco. No cabe duda de que las enfermedades cardíacas existentes se ven desfavorablemente influidas por tales obstáculos en la circulación sanguínea.* —

Más importante es que, por esta postura, *se dificulta el retorno de la sangre venosa al corazón y los vasos abdominales contienen constantemente una gran cantidad de sangre*. Se produce una plétora de los vasos abdominales que tiene malas consecuencias para la nutrición <!-- S. 14 --> de los órganos del abdomen, sobre todo de las paredes intestinales. De ahí derivan muchos investigadores el gran número de *enfermedades gastrointestinales* y también de *irregularidades de las deposiciones*. La misma causa está en la base de las *dilataciones venosas en los pies*, las venas varicosas (varices), y de las *hemorroides*. Estas pueden, al ulcerarse, dar lugar a la formación de una *fístula rectal*, *enfermedad cuya frecuente aparición en el oficio de sastre ha sido subrayada por más de un autor*.

Haremos bien en *reconocer, respecto de las enfermedades gastrointestinales, la importancia predisponente de la postura insana, pero dando especial peso a la permanencia excesivamente prolongada en esa postura, y no menos a la alimentación de los obreros, con frecuencia insuficiente, insana e inadecuada*. Pues solo estas circunstancias son capaces de ofrecer una explicación del 30 por ciento, y más, de enfermedades gastrointestinales entre las enfermedades de los sastres. —

Una deformidad que desde hace mucho llamaba la atención en los sastres y que, según las costumbres y el espíritu de la población, servía de blanco a la burla, consiste en una *desviación de la columna vertebral: escoliosis, joroba*. — Hay que inculpar de esta enfermedad al estar sentado largo tiempo en mala postura. Los portadores de tales escoliosis proceden sobre todo de las filas de aquellos sastres que, jóvenes y mal alimentados, pierden por completo su resistencia física en un trabajo duro. —

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También es frecuente en los sastres la *callosidad gruesa con una bolsa serosa subyacente sobre ambos maléolos externos, porque al sentarse con las piernas cruzadas el peso del cuerpo tiene que descansar sobre ellos*. Con esta postura peculiar de los sastres hay que relacionar también la flojedad y la disminución de la sensibilidad de las piernas, así como los engrosamientos callosos de la región de las tuberosidades isquiáticas.

Llama la atención la frecuencia con que aparece entre los sastres la *sarna (scabies)*. Esta *enfermedad de la piel está causada por la penetración del ácaro de la sarna bajo la piel*. Lo primero que suele verse afectado son los pliegues cutáneos entre los dedos y sus alrededores en el dorso de la mano. Brotan pequeñas vesículas en las que se esconde el ácaro. Con el calor, cuando el portador del ácaro se mete en la cama, el animalillo comienza su trabajo y excava el surco. — Esto ocurre con un picor atormentador que obliga al enfermo a rascarse continuamente y le quita el sueño. Con el tiempo, las axilas, el pecho y el vientre, los genitales y las nalgas quedan incluidos en el proceso. A menudo se encuentra la afirmación de que la sarna es una enfermedad muy específica de los sastres, y en efecto casi la cuarta parte de todos los obreros sarnosos procede del oficio de sastre. Actualmente los zapateros les han tomado la delantera: aportan, en efecto, la mitad del contingente de enfermos de sarna. A qué se debe esto no puede decirse por ahora con seguridad. Pero más de un médico de caja podría aportar la prueba <!-- S. 16 --> de que en casa de algunos maestros sastres o zapateros la sarna no se extingue nunca. Como causa de la gran difusión de la sarna en el oficio de sastre hay que considerar la estrecha convivencia de los obreros, la unión de su vida doméstica con el taller y la deficiente limpieza de la ropa de cama y la ropa interior. El *picor cutáneo* en las manos y los dedos, los eccemas y las *hinchazones edematosas* de la cara son a menudo consecuencia de intoxicaciones con sustancias venenosas de ciertas telas.

En la costura a mano se producen con frecuencia *panadizos a consecuencia de heridas por pinchazos de aguja; además, al cortar, callosidades en el índice y el pulgar derechos por la presión de las tijeras, y a veces incluso luxaciones del pulgar derecho*.

*Los panadizos del pulgar izquierdo con pérdida de la falange ungueal, por heridas al empujar telas duras contra la aguja que las atraviesa,* son también accidentes conocidos en los sastres. Al sacar la aguja se han producido no pocas veces *heridas en los ojos*.

En la mano derecha se forman callosidades en el borde del dedo medio y del índice y en el borde externo del meñique, como efecto de la presión al tirar del hilo; en la mano izquierda aparecen engrosamientos de la piel del meñique.

En los sastres pueden darse *intoxicaciones* por inhalación de colorantes tóxicos y de polvo metálico que se desprenden de las telas y del hilo de coser al coser.

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La mala costumbre de llevarse a la boca el hilo, a menudo impregnado de colorantes tóxicos, de morderlo para cortarlo, ensalivarlo y masticarlo, provoca inflamaciones de las encías, náuseas, dolores de estómago y cólicos.

Es sabido por todos que la *costura* crea condiciones desfavorables para los *ojos*. *En los miopes aumenta el grado de miopía; en los de vista normal y en los hipermétropes se desarrollan a menudo trastornos molestos y dolorosos, espasmos de los músculos internos del ojo; el ojo se fatiga fácilmente, de modo que el trabajo se vuelve a menudo imposible. También en esta «enfermedad profesional» el mal causal reside en la larga duración de la costura y en la necesidad de tener que trabajar al caer la noche o con una iluminación deficiente*.

Algo parecido ocurre con el *calambre de los sastres*. *Cuando se exige un esfuerzo intenso a determinados músculos y grupos musculares, se producen a menudo calambres dolorosos de mayor o menor duración. Están expuestos a este peligro sobre todo los músculos flexores de la mano y del antebrazo. La ocasión la ofrece ante todo el exceso de trabajo intenso y continuado, como el que suele darse en la temporada en el oficio de sastre.*

Ya se ha mencionado que desde el cuarto del sastre se llevan al mundo enfermedades infecciosas. Del mismo modo, las enfermedades infecciosas llegan al cuarto del sastre con las prendas que se llevan para arreglar y remendar.

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Los *reumatismos y la gota de los brazos* destacan llamativamente por su número entre las enfermedades. No se errará si se hace responsables de estos grupos de enfermedades a las viviendas insalubres y a las malas condiciones de alimentación.

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El número de *accidentes* que ocurren en la industria del vestido no es, ciertamente, considerable, pero sí mayor de lo que comúnmente se cree. Los accidentes se producen por *quemaduras*, por *caídas*, por *máquinas* y por *útiles de trabajo*, y a menudo dejan al sastre de la pequeña industria en la situación más desamparada. La extensión del seguro de accidentes al oficio de sastre es absolutamente indispensable en interés de la salud pública general. Algunos accidentes ya hubieron de mencionarse en relación con las enfermedades profesionales. Aquí cabe añadir lo siguiente:

La mayoría de las *heridas punzantes* corresponde a los sastres que trabajan a máquina; la menor parte, a los que trabajan a mano. Se producen con la *aguja*, las *tijeras* y el *cuchillo*, y su importancia se subestima a menudo. No *pocas veces siguen a estas heridas inflamaciones, flemones e incluso erisipela, causados por la contaminación de la herida y la penetración de microorganismos. Las heridas punzantes en el pulgar y el índice izquierdos* son, por razones comprensibles, muy frecuentes, ya que estos dedos se encuentran siempre en la inmediata proximidad de la punta de la aguja. Por lo demás, remitimos a las tablas estadísticas que siguen. —

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Hay que señalar todavía que algunos observadores mencionan una especial frecuencia de *enfermedades dentales*, *caries*, entre los sastres; *cortar los hilos con los dientes produciría este daño*. Es probable que, dado el mísero nivel de vida de los sastres, haya muy poca inclinación a dedicar cuidado alguno a la limpieza de los dientes, circunstancia que sin duda pesa tanto como el cortar los hilos con los dientes.

Un buen número de enfermedades, pues, que se ceban con especial predilección en el sastre. Así se explican también las altas cifras de morbilidad total, relativamente quizá las más altas que pueda presentar un oficio. Las estadísticas arrojan un índice total de enfermos del 12-27 %. — Hondo es el arraigo de la miseria en el oficio de sastre: golpea a su alrededor con enfermedades y engendra así nueva miseria.

*La duración media de la vida de un oficial sastre no es alta; las cifras oscilan entre 33 y 48 [años].* Dondequiera que las investigaciones sobre la longevidad de los distintos estamentos profesionales revelan la brevedad de la vida de la población trabajadora, los sastres aparecen con la cifra más modesta. —

Precisamente en ese mismo período de la vida sobreviene también la *invalidez* del sastre de la industria a domicilio. — — —

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Todavía no existen cifras estadísticas utilizables sobre los accidentes en el oficio de sastre. Como, por razones comprensibles, apenas podemos obtener una estadística de accidentes de la gran cantidad de sastres empleados en la industria a domicilio, tenemos que

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<!-- Tabla I, a doble página (S. 20-21). Las cabeceras de columna están impresas en vertical; el título y la cabecera de grupo "b)" se reparten entre ambas páginas como en el original. Se conserva la numeración de columnas del original (faltan las columnas omitidas de las Amtliche Nachrichten). -->

**Personas lesionadas por las que en el curso del ejercicio**

| Mutuas profesionales[^t15] | Número medio de personas aseguradas | a) Número, edad y sexo de las personas: adultos, v. | adultos, m. | menores (de menos de 16 años), v. | menores (de menos de 16 años), m. | Total | Lesionados por cada 1000 personas | b) Objetos y procesos con los que ocurrieron los accidentes: motores, transmisiones y máquinas de trabajo | Ascensores, montacargas, grúas, aparatos de elevación | Calderas de vapor, conducciones de vapor y aparatos de cocción por vapor, explosiones y otras | Sustancias inflamables, calientes y corrosivas, etc., gases, vapores, etc. | Hundimiento, derrumbe, caída y vuelco de objetos |
|---|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|
| 1. | 2. | 3. | 4. | 5. | 6. | 7. | 8. | 9. | 10. | 11. | 13. | 14. |
| 1890 Mutua Prof. de la Industria del Vestido | 96180 | 72 | 16 | 4 | 1 | 93 | 0,97 | 66 | 1 | — | 3 | 3 |
| 1897 Mutua Prof. de la Industria del Vestido | 125246 | 180 | 64 | 9 | 4 | 257 | 2,05 | 173 | 2 | 1 | 5 | 4 |

Las columnas 12, 18, 19 y 29 de las Amtliche

<!-- S. 21 -->

**se han pagado indemnizaciones.**

| b) (cont.): Caídas de escaleras de mano, escaleras, etc., por trampillas, etc., en hoyos, etc. | Carga y descarga a mano, levantamiento, transporte a cuestas, etc. | Vehículos (atropello por carros y carretillas de toda clase, etc.) | Animales: coces, golpes, mordeduras, incluidos todos los accidentes al montar | Herramientas, útiles sencillos, martillos, hachas, palas, azadas, etc. | Otros | c) Consecuencias de las lesiones: muerte | Incapacidad permanente para el trabajo: total | Incapacidad permanente para el trabajo: parcial | Incapacidad temporal para el trabajo | Número de supervivientes de los fallecidos con derecho a indemnización: viudas | hijos | total | Número de todos los lesionados de los que se presentó parte de accidente en el curso del ejercicio | Lesionados por cada 1000 personas aseguradas |
|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|
| 15. | 16. | 17. | 20. | 21. | 22. | 23. | 24. | 25. | 26. | 27. | 28. | 30. | 31. | 32. |
| 8 | 5 | 1 | 1 | 3 | 2 | 5 | 1 | 83 | 4 | 4 | 2 | 6 | 419 | 4,36 |
| 32 | 8 | 3 | 2 | 8 | 19 | 5 | 4 | 204 | 44 | 5 | 9 | 14 | 1040 | 8,30 |

Nachrichten no se han reproducido.

<!-- S. 22 -->

contentarnos con la estadística de las mutuas profesionales de la industria del vestido que hallamos en las *Amtliche Nachrichten* [Comunicaciones oficiales] de la Oficina Imperial de Seguros (*Reichsversicherungsamt*) alemana del año 1890.

Todas las tablas están tomadas de la estadística sobre las mutuas profesionales industriales del año 1890.

Solo a la tabla I (págs. 20-21) he añadido, para comparar, las cifras estadísticas del año 1897. Por esta comparación se ve que los accidentes han aumentado considerablemente en frecuencia, casi al doble en 7 años, a pesar de que en proporción el número de personas aseguradas no ha crecido tanto.

La tabla II (pág. 23) ofrece una visión de conjunto del número y tamaño de los establecimientos en que ocurrieron accidentes indemnizables.

La tabla III (págs. 24-25) contiene la clase de lesiones y las partes del cuerpo lesionadas. Solo merece destacarse que la inmensa mayoría de las lesiones afecta a las extremidades superiores.

La tabla IV (pág. 26), por último, contiene las lesiones según su gravedad y según sus consecuencias.

De esta recopilación en tablas solo se desprende que las cifras de accidentes no desempeñan un papel tan grande en el oficio de sastre. Tanto más importante es, en cambio, el peligro de enfermedad con sus consecuencias.

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Quien quiera poner remedio a estos males debe tener presente

<!-- S. 23 -->

<!-- Tabla II, impresa apaisada. -->

**Número y tamaño de los establecimientos en que ocurrieron accidentes indemnizables.**

| Mutuas profesionales | Número de establecimientos en que ocurrieron accidentes indemnizables | Número de personas aseguradas en esos establecimientos | Los establecimientos de la col. 2 representan el siguiente porcentaje de todos los establecimientos de la M. P. | Las personas aseguradas de la col. 3 representan el siguiente porcentaje de todas las personas aseguradas de la M. P. | Número y sexo de los lesionados en accidentes indemnizables: v. | m. | total | Número de accidentes indemnizables | Por cada establecimiento de la M. P. corresponden por término medio: personas aseguradas | lesionados indemnizados |
|---|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|
| 1. | 2. | 3. | 4. | 5. | 6. | 7. | 8. | 9. | 10. | 11. |
| Mutua Prof. de la Industria del Vestido . . . . . . | 60 | 6520 | 2,26 | 7,56 | 48 | 20 | 68 | 67 | 32,51 | 0,03 |

<!-- S. 24 -->

<!-- Tabla III, a doble página (S. 24-25); título y cabecera de grupo "2. Heridas, contusiones, fracturas, etc." repartidos entre ambas páginas como en el original. -->

**Clase de las lesiones**

| Mutuas profesionales | 1. Quemaduras, escaldaduras, causticaciones: varias partes del cuerpo a la vez y todo el cuerpo | Total cols. 2-4 | 2. Heridas, — a) Brazos: brazo derecho (o mano derecha) | Brazo izquierdo (o mano izquierda) | Total cols. 6-8 | b) Piernas: pierna derecha (o pie derecho) | Pierna izquierda (o pie izquierdo) | Total cols. 10-12 |
|---|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|
| 1. | 2. | 5. | 6. | 7. | 9. | 10. | 11. | 13. |
| Mutua Prof. de la Industria del Vestido | 1 | 1 | 30 | 21 | 51 | 4 | 2 | 6 |

Las columnas 3, 4, 8, 12, 17, 18, 19, 20, 28, 29, 30

<!-- S. 25 -->

**y partes del cuerpo lesionadas.**

| contusiones, fracturas, etc. — c) Cabeza y cuello: en general (excepto los ojos) | Lesiones oculares | Total cols. 14, 15 | d) Tronco: pelvis, caderas | Hernias inguinales | Otras lesiones y lesiones múltiples | Total cols. 17-23 | Varias partes del cuerpo a-d a la vez | Todo el cuerpo | Total cols. 6-26 | Total general cols. 2-30 |
|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|
| 14. | 15. | 16. | 21. | 22. | 23. | 24. | 25. | 26. | 27. | 28. |
| 2 | 1 | 3 | 1 | 2 | — | 3 | 2 | 2 | 67 | 68 |

de las Amtliche Nachrichten han tenido que suprimirse.

<!-- S. 26 -->

<!-- Tabla IV, impresa apaisada. -->

**Las lesiones según su gravedad y según sus consecuencias.**

| Mutuas profesionales | Lesiones con desenlace mortal | En porcentaje de la col. 12 | Lesiones no mortales — Incapacidad para el trabajo de más de 6 meses: total | En porcentaje de la col. 12 | Parcial | En porcentaje de la col. 12 | Incapacidad para el trabajo de más de 13 semanas y hasta 6 meses | En porcentaje de la col. 12 | Total cols. 4, 6, 8 | En porcentaje de la col. 12 | Lesionados, cols. 2 y 10 juntas | Por cada 1000 personas aseguradas corresponden: muertos col. 2 | Lesionados col. 12 | Supervivientes de los muertos (col. 2) con derecho a indemnización: viudas | Hijos | Ascendientes | Total cols. 15-17 |
|---|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|---:|
| 1. | 2. | 3. | 4. | 5. | 6. | 7. | 8. | 9. | 10. | 11. | 12. | 13. | 14. | 15. | 16. | 17. | 18. |
| Mutua Prof. de la Industria del Vestido | 3 | 4,41 | 9 | 13,24 | 54 | 79,41 | 2 | 2,94 | 65 | 95,59 | 68 | 0,03 | 0,79 | 1 | 2 | — | 3 |

<!-- S. 27 -->

la estructura social del oficio de sastre. Lo que en otras profesiones ha impuesto la máquina o la organización de los obreros falta aquí todavía por completo. La situación del oficio de sastre clama por un desarrollo de la ley industrial, y solo la intervención del Estado puede impedir que generaciones enteras caigan víctimas del atraso de este modo de explotación.

¿Y los pequeños maestros? ¿Qué puede cambiar el certificado de aptitud en este estado de cosas, de qué sirven los estatutos de las corporaciones sobre el número de aprendices y la duración de su aprendizaje, qué puede la vigilancia de los chapuceros y una ley contra la competencia desleal, qué fruto dan las pocas asociaciones para la compra de materias primas, cooperativas de almacén y asociaciones de producción, si la competencia desenfrenada en el mercado mundial obliga a los maestros al trabajo a destajo barato, a la más extrema explotación de sus ayudantes y al trabajo de temporada?

Y el atraso de la explotación condena al obrero a poner en juego su salud, con el nivel de vida más bajo, en la insalubre vivienda del pequeño maestro, o a quedar confinado, como oficial a domicilio, en un nido miserable. La multiplicación de los maestros intermediarios hunde los ingresos hasta el nivel más bajo, obliga a infringir la ley industrial y fomenta un sistema de continuas rebajas y reducciones de salario.

Los progresos de la legislación social han procurado a los sastres un seguro obligatorio de enfermedad; el deficiente registro de los obreros por parte de los maestros y el paro frecuente arrancan de nuevo a muchos de esta benéfica institución.

<!-- S. 28 -->

*Es necesario señalar también que, frente a las grandes enfermedades sociales, la actual institución médica no basta. Una lucha eficaz contra la tuberculosis, por ejemplo, es impensable si el radio de acción del médico se limita al individuo enfermo, si el paciente se entera del nombre de su enfermedad, recibe un medicamento o consejos médicos y vuelve al lugar donde la muerte lo acecha.*

Del seguro de accidentes, en cambio, que solo comprende los establecimientos de al menos 20 obreros, está excluida la inmensa mayoría de los sastres; con qué derecho, lo hemos mostrado antes.

El beneficio de la inspección de fábricas favorece igualmente solo a las grandes empresas; y, sin embargo, los pequeños talleres necesitarían mucho más una inspección.

La falta, por último, de una previsión para la vejez, o su insignificancia, amenaza con la triste disyuntiva: muerte prematura o degradación en la vejez.

Toda reivindicación de la higiene social que persiga una mejora de la situación en el oficio de sastre en favor de los obreros y los aprendices choca con la más violenta resistencia de la pequeña industria. Esto es comprensible, quizá incluso disculpable, si se tiene en cuenta la estricta dependencia del pequeño maestro respecto del gran empresario y su situación crítica, pero no demuestra sino el carácter contrario a la civilización de la pequeña empresa en el oficio de sastre. No es admisible seguir poniendo en juego la salud de los obreros en favor de una forma de explotación anticuada y <!-- S. 29 --> descarriada.

Por eso todas las organizaciones de oficiales sastres ponen a la cabeza de sus reivindicaciones la creación de talleres de empresa independientes, separados de la vivienda del maestro. Con ello llegaría también el fin del oficial a domicilio y habría comenzado el ataque contra el «sistema del sudor». Desde el punto de vista de la salud pública, estas reivindicaciones deben aceptarse por completo.

No menos importantes son la implantación de una jornada normal de trabajo adecuada, la extensión de la inspección de fábricas a todos los establecimientos, la extensión del seguro de accidentes al oficio de sastre, así como la creación de un seguro de paro y de una previsión suficiente para la vejez.

Inspectores de fábrica con formación médica —y el tiempo próximo tendrá que traérnoslos— deberían inspeccionar los talleres de empresa para hacer valer allí los principios de la higiene. No disposiciones generales, cuya interpretación queda al arbitrio del fabricante y del higienista aficionado, sino exigencias precisas, extraídas de la higiene, tendrían que cumplirse para quitar al oficio de sastre sus numerosos perjuicios higiénicos. Con un espacio de aire suficiente y una ventilación adecuada, con una iluminación apropiada, con la regulación de la jornada de trabajo y con la instrucción de los obreros sobre los peligros de su profesión y su prevención, podría combatirse con éxito al enemigo en el taller.

<!-- S. 30 -->

Pero el mal está todavía más hondo. Las viviendas de los oficiales sastres, y en gran parte también las de los maestros, se cuentan entre las más miserables, están en barrios insalubres y sucios, se hallan abarrotadas y albergan un sinnúmero de gérmenes patógenos. El saneamiento de estas condiciones de vivienda es de la mayor importancia para la salud de la población y solo podrían llevarlo a cabo médicos comisionados por el Estado sobre la base de una legislación estricta de construcción y vivienda. El Estado y los municipios deberían favorecer en todo la construcción de casas obreras adecuadas para paliar la miseria de la cuestión de la vivienda.

Igual atención requieren los alimentos. El escaso salario obliga a la mayoría de los sastres a consumir comida barata, ya en casa del maestro, ya en el propio hogar. Ya se ha señalado que esta comida a menudo no basta para reponer las fuerzas corporales consumidas. Más funesto aún es para el obrero tener que consumir los alimentos, con frecuencia adulterados y estropeados, que una especulación privada a menudo sin escrúpulos ofrece precisamente a los más pobres de entre los pobres. Por eso solo cabe saludar con alegría que la población trabajadora busque refugio en las cooperativas de consumo o en los comedores colectivos. Y también aquí vemos surgir para los médicos una gran tarea: la eliminación de los graves abusos en la alimentación del pueblo.

La industria a domicilio ha dado al comercio austriaco y al alemán una fama mundial. La baratura de su mano de obra asegura a quienes dominan la industria a domicilio, por muchos años, la <!-- S. 31 --> primacía en el mercado mundial. Pero vastas regiones han adquirido con ello una triste fisonomía: la de los salarios en descenso y la muda resignación ante el destino de continuas rebajas salariales. — Quien conozca esta fisonomía dará preferencia a aquella política comercial que mejor preserve la salud y la fuerza de la población. —

<!-- Fin del texto de Adler (ornamento de cierre). Siguen en el original anuncios del editor Carl Heymanns Verlag; no se transcriben ni se traducen. -->

[^t1]: *Wegweiser der Gewerbehygiene*, colección de folletos divulgativos del editor berlinés Carl Heymanns dirigida por el médico Eduard Golebiewski, con el subtítulo «Rathgeber zur Verhütung von Gewerbekrankheiten und Betriebsunfällen» (consejero para la prevención de enfermedades profesionales y accidentes de trabajo). *Gewerbehygiene* se traduce en todo el archivo por «higiene industrial», término usual en la época; abarca tanto la fábrica como el taller artesano y el trabajo a domicilio. (N. del T.)

[^t2]: *Hausindustrie*: trabajo por cuenta de un empresario o comerciante realizado en la vivienda del propio obrero o de un pequeño maestro, no en un taller del empresario. Se traduce siempre por «industria a domicilio». (N. del T.)

[^t3]: Adler cita las obras de forma abreviada. Se trata, con toda probabilidad, de Gustav Schmoller, *Zur Geschichte der deutschen Kleingewerbe im 19. Jahrhundert* (1870); de las investigaciones sobre el artesanado austriaco publicadas en las *Schriften des Vereins für Sozialpolitik* (Asociación de Política Social, la principal sociedad de economistas reformistas de lengua alemana) a mediados de la década de 1890; de Moritz Popper, *Lehrbuch der Arbeiterkrankheiten und Gewerbehygiene* (1882), y de las obras del médico de Breslau Ludwig Hirt sobre las enfermedades de los obreros (*Die Krankheiten der Arbeiter*, 1871-1878). Los títulos se dejan como los da Adler, con traducción entre corchetes. (N. del T.)

[^t4]: *Auf die Stör gehen* (expresión del sur de Alemania y Austria): trabajar como artesano ambulante en casa del cliente, que pone el material y da la comida. De ahí *Störer*, que más abajo designa al que ejerce el oficio sin autorización (véase la nota t11). (N. del T.)

[^t5]: *Schwitzsystem*, calco del inglés *sweating system* o *sweating*, nombre que se dio en Inglaterra, sobre todo tras la encuesta parlamentaria de la Cámara de los Lores sobre el *sweating system* (1888-1890), a la explotación de obreros a domicilio o en pequeños talleres mediante subcontratación, destajo, jornadas extenuantes y salarios ínfimos. En español se usó «sistema del sudor», a menudo junto al término inglés. (N. del T.)

[^t6]: Josef Madersperger (1768-1850), sastre tirolés establecido en Viena, que construyó y patentó (1815) una de las primeras máquinas de coser. Adler escribe «Madersberger». «Este siglo» es, naturalmente, el XIX. (N. del T.)

[^t7]: *Konfektion*: fabricación de ropa hecha en serie, sobre tallas normalizadas, para la venta en almacén; *Konfektionär*, el empresario confeccionista. *Lieferungsbranche*, literalmente «ramo de suministro», designa aquí, como el propio Adler explica más abajo (pág. 6), la sastrería que trabaja por encargo y a medida para una clientela fija; se traduce por «ramo de encargo». (N. del T.)

[^t8]: *Stückmeister*: maestro que trabaja a destajo, por piezas, para un confeccionista o una gran sastrería, con sus propios oficiales y aprendices en su vivienda-taller; es, por tanto, un empresario intermediario (*Zwischenmeister*). Se traduce por «maestro destajista». (N. del T.)

[^t9]: *Genossenschaft*: en Austria, la corporación de oficio obligatoria creada por la ley industrial (*Gewerbeordnung*) de 1859 y reforzada por la reforma de 1883, que regulaba entre otras cosas el aprendizaje. No es una cooperativa; se traduce por «corporación» (de oficio). (N. del T.)

[^t10]: *Sitzgeselle* (literalmente «oficial sentado»): término austriaco para el oficial sastre que trabaja en su propia vivienda, a destajo, para un maestro o un confeccionista, sin ser maestro ni tener licencia propia. Se traduce por «oficial a domicilio». (N. del T.)

[^t11]: *Pfuscher* («chapucero») y *Störer* (véase la nota t4) eran los nombres corrientes del que ejercía un oficio sin cumplir los requisitos legales o corporativos: lo que hoy llamaríamos trabajo clandestino o intrusismo. (N. del T.)

[^t12]: *Freisprechen*: acto formal de la corporación por el que el aprendiz que ha cumplido su aprendizaje es declarado oficial (*Geselle*). (N. del T.)

[^t13]: *Befähigungsnachweis*: prueba de capacitación profesional (normalmente, aprendizaje y años de oficial acreditados) exigida en Austria desde 1883 para establecerse en un oficio artesano; su implantación o endurecimiento era una de las principales reivindicaciones de los maestros de orientación gremialista. (N. del T.)

[^t14]: En inglés en el original. (N. del T.)

[^t15]: *Berufsgenossenschaften*: mutualidades de empresarios de un mismo ramo, de afiliación obligatoria, que gestionaban en Alemania el seguro de accidentes de trabajo creado por la ley de 1884; las *Amtliche Nachrichten des Reichsversicherungsamts* eran el boletín oficial de la Oficina Imperial de Seguros. Se traduce por «mutua profesional» (abreviado M. P.). En las tablas, «v.» y «m.» significan varones y mujeres (en el original, *m.* y *w.*). (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del ejemplar de la University of Chicago digitalizado por Google (HathiTrust, chi.24267245) y cotejada con el de ZB MED Köln (urn:nbn:de:hbz:38m:1-72731): Alfred Adler, *Gesundheitsbuch für das Schneidergewerbe*, Berlín, Carl Heymanns Verlag, 1898 (Wegweiser der Gewerbehygiene, n.º 5), VI + 31 págs. Los comentarios `S. n` del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.

*Traducción:* traducción íntegra al español de la primera y única edición (1898), hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). Se conservan la división en secciones, las cursivas (que reproducen el espaciado del original), las cifras de las tablas y la paginación original; se mantienen sin convertir las monedas y unidades, y sin modernizar los nombres propios. Los términos técnicos e históricos se dan la primera vez en alemán, en cursiva, y se explican en notas del traductor; las equivalencias fijas se recogen en el glosario del archivo. Las adiciones del traductor van entre corchetes.
