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Title: El robo de la jornada de ocho horas y las mujeres
Description: Artículo firmado «D. S.», atribuido con probabilidad a Vali Adler (Dina Schreiber), escrito para el Día Internacional de la Mujer de 1924: la ordenanza alemana de diciembre de 1923 que permite superar la jornada de ocho horas, las horas extraordinarias, las obreras embarazadas, la creciente diferencia entre salarios masculinos y femeninos, la jornada de diez horas del personal sanitario y el ataque internacional a la jornada de ocho horas.
Author: Vali Adler
URL: https://adler.school/archivo/adler-vali/1924-03-04%20Der%20Raub%20des%20Achtstundentages%20und%20die%20Frauen
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<!-- Atribución probable. El artículo está firmado solo con las iniciales «D. S.» (registro semestral de autores de la Inprekorr: «S., D., Nr. 30, S. 343»). Se atribuye a «Dina Schreiber», seudónimo de Vali Adler según el DÖW y los Beiträge zur Marx-Engels-Forschung (N. F., Sonderband 3), por las mismas iniciales, el mismo tema (el trabajo femenino), la misma revista, en la que firmó como «Dina Schreiber» otros cuatro textos en 1922-1924, y la fecha (el Día Internacional de la Mujer de 1924); no hay prueba documental. -->

<!-- S. 343 -->

<!-- Rúbrica: «Arbeiterbewegung» [Movimiento obrero] -->

# El robo de la jornada de ocho horas y las mujeres.

Por *D. S.*

\*\* *En el Día Internacional de la Mujer de 1924 estamos en Alemania en duras luchas por la jornada de ocho horas.*

Por la ordenanza del 1 de diciembre de 1923 se ha autorizado legalmente superar la jornada de ocho horas[^t1]. Con ello ha caído una de las conquistas más importantes de la Revolución de Noviembre, y la clase obrera ha sido devuelta a la situación de antes de la guerra. El empuje del proletariado alemán nunca bastó para fijar *por ley* la jornada de ocho horas. La regulación legal se limitó a una ordenanza del comisario de desmovilización del 25 de noviembre de 1918. Esta ordenanza fue aceptada luego por la Comunidad de Trabajo[^t2].

Para consuelo de los patronos y de la burocracia sindical, la jornada de ocho horas nunca se aplicó en Alemania «esquemáticamente», es decir, *de hecho*. El proletariado agrícola, femenino y masculino, por ejemplo, solo conoció sus ventajas durante cuatro meses; cuatro meses tenía que trabajar diez horas diarias, y otros cuatro meses incluso once. En muchas otras ramas profesionales las horas extraordinarias estaban permitidas por la ley; solo había que pagarlas aparte.

Pero con el retroceso del proletariado creció cada vez más el número de horas extraordinarias autorizadas por la ley. Ya en 1921 hacían *horas extraordinarias legalmente autorizadas* 157.000 obreros industriales varones, 82.000 mujeres y 5000 jóvenes. Cuántas horas extraordinarias se hacen sin autorización legal es, naturalmente, imposible saberlo. Baste decir que de 7798 *solicitudes patronales* presentadas en 1921 *para autorizar de 1 a 2½ horas extraordinarias*, *solo se rechazaron 297*. Aparte de eso, en numerosos oficios las horas extraordinarias ya estaban autorizadas legalmente, y precisamente en los oficios en que el trabajo femenino desempeña un gran papel. Así, en la *hostelería* la «disponibilidad para el trabajo» (*Arbeitsbereitschaft*) era desde hacía mucho de 10 a 12 horas. Las horas extraordinarias en la banca y en las compañías de seguros estuvieron siempre a la orden del día. De las innumerables ordenanzas del comisario de desmovilización para las más diversas ramas y en los más diversos lugares de Alemania se desprende que la jornada de ocho horas pronto quedó bien carcomida y roída por todas partes.

Ahora la dictadura fascista[^t3] quiere acabar del todo con la jornada de ocho horas y volver a implantar la miseria de la servidumbre laboral ilimitada. ¡Eso sí, la ordenanza sobre la prolongación de la jornada se acuerda especialmente de las mujeres embarazadas! A petición suya, durante el embarazo y la lactancia se las eximirá *en lo posible* del trabajo que exceda de las ocho horas. Es claro que, en esta época de despidos y de paro masivos, la mayoría de las mujeres reprimirán «en lo posible» esa petición.

Ya ahora se informa de que mujeres embarazadas trabajan en la empresa hasta la última hora, de que incluso *dan a luz en la nave de la fábrica y vuelven al trabajo a los dos o tres días*, por miedo al despido.

Pero no solo para las embarazadas, sino para todo el proletariado, y sobre todo para el proletariado femenino, ¡la supresión de la jornada de ocho horas supone un grave peligro! En tiempos de paz la clase obrera se mataba también trabajando sus diez o doce horas, pero recibía al menos una alimentación más o menos suficiente. En la época actual, en que el consumo de alimentos es la mitad que antes de la guerra, la jornada prolongada significa la explotación ilimitada de las últimas fuerzas del pueblo en provecho de los capitalistas. Hoy el salario del obrero alemán equivale al *subsidio de paro* en Inglaterra.

Peor aún es la situación de los salarios de las mujeres, que, como se sabe, siempre fueron más bajos. El movimiento de aproximación entre los salarios masculinos y femeninos que se produjo después de la revolución hace tiempo que se ha detenido. En su lugar, la distancia entre ambos grupos aumenta cada vez más. ¡Después de la última huelga de los metalúrgicos de Berlín, los salarios de las obreras metalúrgicas bajaron del 75 al 60 % de los salarios masculinos!

¡Las clases dominantes no se conformarán con la autorización legal de la jornada prolongada! Mes y medio después de esta autorización, el ministro de Trabajo del Reich, Brauns, dicta una ordenanza que va dirigida casi exclusivamente contra el proletariado femenino: dispone, en efecto, *la implantación legal de la jornada de diez horas para el personal sanitario de los hospitales, en la que se permite además superar ese tiempo*.

¡Precisamente en el *Día Internacional de la Mujer* tenemos que considerar también el efecto internacional de la destrucción de la jornada de ocho horas! La competencia con los capitalistas alemanes no dejará dormir a los capitalistas extranjeros. ¡El nacionalista alemán Hergt[^t4], en su sentimiento patriótico, ha ofrecido a la Entente destruir la jornada de ocho horas en *Alemania* a cambio de aliviar la carga de las reparaciones! En *Italia* la jornada de ocho horas ha sido suprimida por un decreto de Mussolini. En *Francia* se exige su abolición desde 1921. La clase obrera *belga* y *austríaca* se enfrenta a duros ataques contra la jornada de ocho horas, y los *suizos* acaban de rechazar en referéndum el primer ataque de sus patronos[^t5].

¡Pero, por mal que estén hoy las cosas, el proletariado no se desesperará ni puede desesperarse! El robo de la jornada de ocho horas le enseñará que sus derechos no se protegen con decretos de papel, sino solo con *el pleno empleo de su fuerza de lucha*.

[^t1]: La ordenanza sobre la jornada de trabajo (*Arbeitszeitverordnung*) del 21 de diciembre de 1923, dictada al amparo de la ley de plenos poderes de diciembre de 1923, permitía alargar la jornada hasta diez horas; la autora da la fecha del 1 de diciembre. (N. del T.)

[^t2]: La *Zentralarbeitsgemeinschaft* (Comunidad Central de Trabajo), acuerdo entre las patronales y los sindicatos alemanes firmado el 15 de noviembre de 1918 (acuerdo Stinnes-Legien), que reconocía, entre otras cosas, la jornada de ocho horas. (N. del T.)

[^t3]: Desde noviembre de 1923 regía en Alemania el estado de excepción, con poderes ejecutivos en manos del jefe del ejército, el general von Seeckt, y el KPD estaba prohibido; la prensa comunista calificaba esta situación de «dictadura fascista». (N. del T.)

[^t4]: Oskar Hergt, presidente del Partido Popular Nacional Alemán (DNVP). (N. del T.)

[^t5]: En el referéndum del 17 de febrero de 1924 los votantes suizos rechazaron la llamada *Lex Schulthess*, que permitía alargar la semana laboral de 48 a 54 horas en la industria. (N. del T.)

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*Fuente:* traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del facsímil de la *Internationale Presse-Korrespondenz* (Inprekorr), edición alemana (Viena), 4.º año, n.º 30, 4 de marzo de 1924, pág. 343, rúbrica «Arbeiterbewegung», en archive.org.

*Atribución:* el artículo lleva solo la firma «D. S.». Su atribución a Vali Adler es probable, no segura: «Dina Schreiber» es seudónimo suyo según el Dokumentationsarchiv des österreichischen Widerstandes (DÖW) y la nota biográfica de los *Beiträge zur Marx-Engels-Forschung*, Neue Folge, Sonderband 3; con ese nombre firmó en la Inprekorr, en 1922 y en mayo de 1924, otros textos sobre las obreras y el movimiento comunista de mujeres, con los que este, escrito para el Día Internacional de la Mujer de 1924, coincide en iniciales, tema y revista.

*Traducción:* traducción íntegra al español, hecha para la *Escuela Libre de Psicología Adleriana* (2026). *Achtstundentag* se traduce «jornada de ocho horas»; *Überstunden*, «horas extraordinarias»; *Demobilmachungskommissar*, «comisario de desmovilización»; *Arbeitsfron*, «servidumbre laboral»; *Pflegepersonal*, «personal sanitario». Las cursivas reproducen la negrita del original. Las adiciones del traductor van entre corchetes.
